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El panteísmo sincretista de Melloni y Cobo

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El jesuita Melloni en su último libro titulado: Dios sin Dios, escrito a medias con un profesor de filosofía llamado José Cobo, entiende que las religiones están llamadas a avanzar juntas, por la vía del silencio y el diálogo, hacia una nueva espiritualidad más allá de los estrechos límites de cada confesión. José Cobo, cuyo pensamiento tiene como interlocutor básico el ateísmo moderno, rechaza poner el cristianismo dentro de lo que él llamaría el gran magma de la nueva transreligión. El libro se presenta el 18, está editado por Fragmenta, y prologado por el jesuita Alexis Bueno, quien ha preguntado a ambos: «¿Dios, hoy, aún? ¿Tiene sentido? ¿Es necesario? ¿Por qué reabrir un debate que la Modernidad parece haber clausurado? ¿Cuál es el camino que hoy puede acercar a los hombres al fundamento misterioso de la realidad que algunos llaman Dios? ¿Es posible experimentar a Dios?. Con estos mimbres intelectuales en ciertos jesuitas actuales no es extraño que el aire llegue hasta la ciudad del Tíber, o sople de allí para acá. Todo es posible. Tomás de la Torre Lendínez

Comentarios
0 comentarios en “El panteísmo sincretista de Melloni y Cobo
  1. Cuando se pierde la práctica de la fe comienza la teoría, la abstracción de elementos comunes. Decir que el cristianismo «estrecha» los límites de sí mismo es como decir que sólo un padre «estrecha» los límites de la paternidad o que un sólo vehículo lo hace con el transporte. Esa afirmación apriorística denota una incapacidad para comprender la mutua determinación entre el medio y el fin. Que existan similitudes entre diversas religiones no significa que todas puedan alcanzar la meta de la salvación.
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    Los evangelios no son un modo «estrecho» o limitado de explicar la relación entre Dios y el hombre. No es sólo un conjunto de dichos o de sabios consejos para alcanzar la vida eterna. Si de algún modo hubiese que juzgar a Jesucristo habría que hacerlo por lo que dijo pero, sobretodo, por su vida y por lo que hizo. ¿Se puede afirmar de cualquier otro la absoluta coherencia entre lo que predicó y lo que vivió? Jesús hubiera sido un lunático si todo lo que decían las Escrituras y lo que Él enseñaba no hubiese sido real. Es cierto, nadie habló como Él, «Tú tienes palabras de vida…», pero ni una sóla de sus palabras o profecías sobre sí mismo dejaron de cumplirse.

    Esto no puede decirse de ni una sóla persona más (sea Mahoma, Confucio, Buda, Zoroastro o cualquier otro) en la historia de la humanidad. Los profetas del AT o el mismísimo Moisés en ningún momento se atribuyen, como propias, las palabras o el mensaje que el Espíritu de Dios puso en sus labios o en sus manos. Se puede, y se debe, profundizar en la fe pero ponerla en duda es como hacerlo con la cronología de la historia. ¿Existió Julio César? ¿Y el imperio romano? ¿Fueron las pirámides obra de Egipto? ¿Es Cleopatra un mito? ¿Y Marco Polo? ¿Existía China antes de su retorno a Italia? ¿Llegó el hombre a la Luna?…Sería interminable.
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    La verdad no es una abstracción de aquello que nos une, una convergencia de caminos separados, con el fin inconfesable de rendirse a la posibilidad y el esfuerzo de encontrarla. La verdad no se puede desligar del resto de verdades y, en último término, de la realidad. La transcendencia es un primer punto de partida pero es necesaria su determinación. Esa determinación es la diferencia entre religión y espiritualidad.

  2. Este Melloni a perdido la fe, y quienes lo toleran en la compañía de Jesús también. Pretenden seguir viviendo del Evangelio, traicionando el Evangelio. Más les valdría hacer caso de lo que dijo Jesús sobre quien hace tropezar (escandaliza).

  3. Si hay algo en que los protestantes tienen algún punto de razón es en decir que la sola escritura vale, sólo en eso y lo explico a parte de los sacramentos y misa que los frecuento desde luego como católica. Pero en cuanto a leer he tomado la determinación de no leer una sola letra que no sea el Antiguo Testamento, los Evangelios y las Cartas de los Apóstoles, porque el resto de los libros tienen la tinta del diablo.

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