Dineros para navegar en la Red

Dineros para navegar en la Red

Tiempos estos que corren donde se explota la misericordia y la ternura y la solidaridad de todos los católicos con campañas a favor de la inmediata Navidad, a favor de la próxima campaña de Manos Unidas, a favor de organizaciones no gubernamentales laborando en tal o cual campo de necesitados de equis carencia. Cuando no existe información posterior clara sobre esas campañas, las malas lenguas se prestan a despellejar a quien esté detrás. El público está harto de tanto soltar unas monedillas en un cazillo colocado en la calle. El público navegante por Internet está harto, también, de la sobreexplotación que se hace para subvencionar tales o cuales aventuras cibernéticas, cuando nadie presenta cuenta de resultados con total sinceridad. Y cuando además, son pobres pero enemigos de la publicidad. No toda la publicidad es buena moralmente hablando. Pero una nave que navega por la Red debe merecerse una publicidad digital digna que ayude a las arcas internas de la acción naviera. Pero cuando por razones de mojigatería se expulsa, o no se acepta, o no se digiere cierta publicidad, entonces, los anunciantes salen pitando de esa nave que podría tener unos anuncios sencillamente productivos del perraje suficiente para mantener la nave sin necesidad de hundirse por propia inanidad y desear ser químicamente pura. He conocido anunciantes que me han dicho: «Yo no ofrezco mi producto a un señor que me dice que su web no anuncia tales cajas de medicinas, o por decirme que mi producto fomenta el capitalismo salvaje y esclavista». Con estas mentalidades esas empresas digitales se quedan sin el pan y sin el perro. Se hacen un flaco favor a sus alicaídas arcas. Entonces acuden a la campaña mendicante en la Red, algo que nunca sostiene ni la mitad de un presupuesto anual de una aventura digital. La mojigatería nunca ha servido más que aumentar la hipocresía social y muchas veces hasta eclesial. Tomás de la Torre Lendínez

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