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Dineros para la salud

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Artículo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 29

Un industrial español ha decidido regalar un porrón de millones a las autonomías para mejorar la sanidad luchadora contra el cáncer con aparatos actuales. Una parte de la sociedad situada en la extrema izquierda ha saltado como un tigre contra la voluntad del donante, a quien denigran como defraudador al fisco, caritativo anticuado, riquísimo harto de millones de explotación laboral, y otras lindezas irreproducibles por escrito.

Una persona militante en ese sector ideológico me pregunta por correo electrónico: ¿Por qué la Iglesia no condena esos dineros plagados de sangre obrera dedicados a la lucha contra el cáncer?. Aquí lleva la respuesta. Un día Jesús de Nazaret caminaba, acompañado de mucha gente, por la ciudad de Jericó. Había un hombre de baja estatura que deseaba ver al Señor. Usó la inteligencia: se subió a un árbol y lo pudo contemplar cara a cara. Viendo el Maestro aquel gesto, se detuvo y le dijo: Baja de ahí, que hoy deseo comer en tu casa. Así ocurrió. En los postres, Zaqueo que era el nombre del bajito, tomó la palabra afirmando: “Señor, hoy ha llegado la salvación a esta casa. Desde hoy si a alguien he extorsionado o robado, le pagaré con creces hasta saldar todas mis deudas”. Aquel hombre oficiaba como recaudador de impuestos de hacienda para el Imperio Romano. Jesús terminó alabando la conversión de Zaqueo.
La Iglesia Católica desde sus inicios siempre ha acogido a los que dan sus dineros para los pobres, sin menospreciar a los que los hacen; la propia Iglesia ha fomentado a los mecenas, o donantes de dinero propio para obras de arte, para necesidades del culto, para construcción de templos; la misma Iglesia agradece a quien crea una beca en el Seminario para que un alumno pueda realizar los estudios eclesiásticos; y la Iglesia creó Cáritas que se autofinancia con el dinero anónimo de valientes donantes para sacar a los pobres de la carencia material e incluso laboral.

El dinero del industrial español no está lleno de sangre, sino de sudor de un empresario que comenzó su trabajo vendiendo batas de casa por los mercadillos gallegos en una furgoneta con la ayuda de su esposa. Aquella iniciativa emprendedora tuvo la suerte de aumentar hasta llegar al gran volumen industrial que hoy está repartida por todo el mundo. Los críticos contra el empresario generoso con el  dinero propio ganado honradamente, son unos envidiosos amigos solamente del dinero público, capaces de subir los impuestos a todos los trabajadores y de colectivizar de modo drástico  la propiedad personal, para crear solamente pobreza generalizada en todas las capas sociales como estamos viendo por las tierras de una nación hermana a donde está Cáritas española enviando comida para un pueblo carente hasta de papel higiénico. El colectivismo marxista está demostrado, tras un siglo de vigencia en la Europa del Este, es generador de una utopía tan inalcanzable, que solamente comen los funcionarios y enchufados del régimen sin libertades privadas ni públicas.

Por lo tanto, la Iglesia no condena, como hizo Jesús con Zaqueo, el dinero entregado para luchar contra la lacra del cáncer comprando aparatos modernos. Lo mismo que la sanidad pública no rechaza a los donantes de órganos humanos al fallecer, aunque hayan sido unos malos personajes, sino que los agradece hasta convertir a España en uno de los primeros pueblos donantes de órganos de los que se sirven hasta extranjeros que vienen a ser trasplantados. Existe un refrán claro: Haz el bien, y no mires a quien. El industrial donante entrega su dinero a todos los implicados en la lucha contra el cáncer, hace el bien sin mirar a quien. Los beneficiarios deberían ser por lo menos agradecidos. Es lo que demanda la educación más elemental.

Comentarios
1 comentarios en “Dineros para la salud
  1. Dice un refrán que quien no es agradecido no es bien nacido. Un grupo de progres de la extrema izquierda han rechazado el donativo de un empresario porque no quieren ser agradecidos. De donde se deduce que. . .

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