| 22 noviembre, 2016
El portero que no consigue parar ese balón era un joven alumno en el seminario de Madrid. Era durante un recreo jugando al fútbol. La fotografía obtuvo premios, galardones y exposiciones internacionales.
Han pasado cincuenta y cinco años, y aquel alumno es hoy un venerable cura de Madrid, quien la semana pasada fue agredido por un energúmeno mientras celebraba la Misa diaria en la parroquia de Covadonga de la capital española.
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Gracias a Dios lo puede contar con salud y el susto en el cuerpo.
Quizás desde esa parroquia de Covadonga empieza otra reconquista, la de la Unión en la verdad de la Iglesia Católica. Mi más cálido agradecimiento a ese cura que optó por el sacerdocio, a pesar de sus cualidades futbolísticas y que se juega el tipo todavía más que de portero.