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Dedicado a los que aborrecen a Sor Verónica y su fundación monástica

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Uno de los pecados capitales es la envidia cochina. En España este pecado es casi general y se da en todos los estratos de la vida, incluida la Iglesia Católica.

Cuando ha sucedido lo que ya conocemos: la fundación de Iesu Communio con un montón de monjas jóvenes y muchas con estudios universitarios, han surgido los envidiosos de turno, los coros de los cantamañanas metidos a profetas de calamidades, los suspicaces de que en ese asunto se mueven torvas intenciones inconfesables, y los escribientes, renegados, que derraman su bilis contra esta hornada de vocaciones religiosas que la Iglesia bendice por todo lo alto.

Las viejas ordenes religiosas languidecen entre la falta de un proyecto vivo a las jóvenes que acuden a sus puertas; o entre un perfeccionismo a unas reglas que nadie cumple en el interior de la vida monástica; o entre las manos de un frailes hermanos que han perdido el hábito por el camino y la brújula para ser fieles hijos de sus fundadores.

En estos inicios del siglo actual surge un fenómeno que es singular: un monasterio, en Lerma, entran postulantes a todo trapo, que hacen su noviciado y realizan sus votos religiosos. El número de aspirantes ha sido tan alto que se han tenido que repartir en el viejo monasterio de La Aguilera.

La autoridad eclesial, de modo singular el actual arzobispo de Burgos, toma el asunto en sus manos. Se hace una profunda investigación del caso, que es conducido a Roma, y es el mismo Papa Benedicto XVI quien aprueba la nueva fundación.

En el marco de la catedral de Burgos, las personas que forman Iesu Communio, en la tarde del doce de febrero, harán sus votos, ante el prelado burgalés. Todo un acontecimiento para agradecer al Espíritu Santo su soplo sobre esta parcela de la Iglesia Católica.

Pues, bien, los escribientes, renegados, corroídos de envidia, como los que desearon apedrear a la mujer adultera del evangelio, y Jesús los paró en seco advirtiéndoles que quien esté libre de pecado que lanzara la primera piedra, y se fueron alejando empezando por los más viejos. Así de la misma forma las pedradas les están cayendo a estas monjas de la nueva fundación.

Estos escribientes, renegados, comidos de envidia, motejan a las religiosas con apelativos más propios de la prensa rosa. Se fijan en el modelo de tela que llevarán a partir de ahora y la toca que no es toca sino algo indefinible.

Estos escribientes, renegados, atravesados de envidia, descalifican la ceremonia, como si fuera una pasarela de la moda de primavera que está por llegar, porque se va a televisar para muchos millones de espectadores nacionales y extranjeros, quienes deben ver y tienen el derecho de hacerlo el alegre acontecimiento.

Estos escribientes, renegados, plagados de envidia, meten el dedo en el ojo de la antigua orden en la que estaban la mayoría de las nuevas religiosas de Iesu Communio, contando quien va a estar o no, dependiendo si las agendas propias les permiten asistir al acto en la catedral de Burgos. Pura salsa rosa.

Yo estaré, Dios mediante, en la Catedral de Burgos. Haré raíces cúbicas para desplazarme a la capital castellana. Deseo participar de un momento histórico y espiritual para la Iglesia mundial. Ya contaré lo que vea, sin caer en el lenguaje de revistas de colorines.

Tomás de la Torre Lendínez

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