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Carta a un neosacerdote de La Legión de Cristo

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Querido hermano en el ministerio presbiteral: Recuerda que nos conocimos en el encuentro de blogueros tenido en Cádiz en octubre del año pasado. Llamó mi atención tu plena identificación con el resto de sacerdotes que por allí brujuleamos, sin haber subido aún hasta el altar, gran regalo que tuviste la dicha de recibir el pasado sábado en la Basílica de San Pablo, en la Ciudad Eterna, cuando fuiste ordenado presbítero. Desde ahora somos iguales en dos cosas: La primera, en ser sacerdotes de Cristo, carnes flacas como todos los hombres. Contamos, por el contrario, con un plus: somos, como dice San Pablo, administradores de los bienes de Dios, somos siervos inútiles y pobres, que al final de cada jornada nos miramos y decimos: Señor, hasta aquí he llegado hoy, completa Tú lo que falta en el ministerio encomendado. El sacramento de Orden Sacerdotal nos hace Alter Christus, no actuamos por nuestro poder y virtud, sino que somos instrumentos en las manos de Dios, cuando presidimos la Eucaristía, o celebramos el resto de los sacramentos concedidos por la potestad de la Santa Madre Iglesia, a la que debemos respeto y obediencia en las personas de los obispos sucesores de los apóstoles a cuya cabeza está el sucesor directo de Pedro el primer papa. Bienvenido, hermano, a este vértice donde nos igualamos. La segunda, ambos somos aficionados a disponer de un jamelgo viejo, una armadura oxidada, una adarga roma, y una vacía de barbero como yelmo, en el andante y navegante mundo de la bloguería digital, escribiendo en los varios blogs que disponemos y administramos. En Cádiz me hiciste una pregunta: ¿Tiene su acción en el mundo glogueril presente la caridad sacerdotal? Te respondí afirmativamente, porque tú cuando escribes en tus blogs lo haces con fraternidad, ahora sacerdotal. Aquella pregunta en la ciudad gaditana sirvió para limar algunas asperezas personales en mis apariciones escritas en el cambiante mundo de la bloguería andante. Te lo debo, a ti, hermano Jorge Enrique Mújica. Dios te lo pague. Desde ahora en adelante, seguiré leyendo tus entradas, como he hecho siempre. Que el Señor que te eligió para ser su ministro en la administración de los bienes de Dios te conceda la fuerza y la constancia en tu recién estrenada ordenación sacerdotal. Unidos en Cristo, en la oración, y en el pujante mundo de la bloguería andante, nos siga ayudando a ambos como hasta ahora. Y así sea durante una larga vida de servicio a la Iglesia, Madre y Maestra. Tomás de la Torre Lendínez

Comentarios
0 comentarios en “Carta a un neosacerdote de La Legión de Cristo
  1. Muy bonita y sentida carta y llena de verdad.
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    Sigo con cierta regularidad el blog de este ciberlegionario, como se define él mismo. Lamentablemente los comentarios son son todo lo accesibles que debieran y no he podido felicitarlo por su ordenación.
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    Sólo nos queda pedir que el Amo de la mies de fuerzas a este trabajador.

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