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Carta a don Demetrio, obispo de Córdoba

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Espero, don Demetrio, que los Reyes Magos sean pródigos con usted y le regalen un aumento sin límites de esa libertad pastoral con la que trabaja en su demarcación diocesana. Por ser un hombre libre está usted colocado a los pies de los caballos del laicismo rampante que domina la sociedad de estos años. Llevado por el celo de pastor por sus ovejas, usted don Demetrio, no anda con paños calientes, no trata de tapar goteras con simple yeso, sino que desea transmitir la enseñanza moral que obra en el Catecismo de la Iglesia Católica, recogida durante el pontificado de San Juan Pablo II, hombre que en su vida se enfrentó a todos los ismos de su tiempo: nazismo, comunismo, laicismo, hedonismo…con el valor de los grandes gigantes que la historia eclesial nos regala de vez en cuando como sucesores de San Pedro. Usted, como sucesor de los apóstoles, ejerce su función magisterial con la libertad de espíritu que le caracteriza, y que le ha costado algún que otro dolor de cabeza. Durante estos días están asestándole mandobles por haber sido un osado. Si, monseñor, porque, usted, es una persona que se sale del carril único y del pensamiento laicista impuesto en la dictadura de los cerebros sociales. Ha tocado, en su conocida carta sobre la familia en la Navidad, un «dogma» del laicismo reinante, no le perdonan, siguen pegando gritos en la plaza pública contra su manera de pensar, que es la eclesial. Ahora le han metido en ese canal de la justicia proletaria cibernética que es change.org, donde están pidiendo firmas para desterrarlo hasta el último confín de la tierra del pensamiento único, por ser un osado. Algunos, han firmado, me consta, porque los han engatusado con el afán expropiatorio de la Catedral-Mezquita cordobesa, otros han preguntado los motivos de firmar y les han respondido: «Porque debe ser silenciado al tocar un dogma tan intocable como el que ha pisado». Como estamos en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, considero que debemos vivir con ese ecumenismo que se desprende del portal de Belén cuando tres magos están ofreciendo regalos al Niño. Esa manifestación a los pueblos gentiles nos hace a los católicos ser plenamente universales, fraternales, perdonadores y acogedores de todos aunque nos estén escupiendo en la propia cara. Me consta que tiene, usted, una fuerte piel para que le escurra esa baba de baja estopa, y que seguirá por su camino pastoral sin vacilación alguna, poniendo sus manos sobre su cruz, como hizo el Maestro con la suya hasta terminar clavado en ella para nuestra salvación resucitando al tercer día, porque la Vida siempre vence a la muerte, el Bien al mal, y el Amor al odio. Tenga una feliz jornada de los Reyes Magos, monseñor. Sepa que cuenta con mis pobres oraciones. Le saluda atentamente Tomás de la Torre Lendínez

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