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Capellanes militares
El Olivo

Capellanes militares

El Olivo
19 Marzo, 2017

Artículo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 27

A lo largo del evangelio  leemos cómo Jesús de Nazaret se relaciona con el mundo militar de su tiempo; de modo especial  con los dominadores del pueblo judío en aquellos años: el ejército  romano. Es muy conocido el pasaje en el que un centurión acude al Señor pidiéndole que acuda a curar a un criado suyo, al poner Jesús un cara de cierto estupor, el  soldado repuso la famosa frase: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero con una palabra tuya mi criado sanará”. Cierto, cuando el militar romano llegó a su casa, el criado había curado de su dolencia
Ahora, los perseguidores de la Misa en la televisión pública, están poniendo sus cuchillos dialécticos contra la presencia de los capellanes castrenses en las unidades militares. Lo dice un exmilitar que dirigió la cúpula de mando durante largos años hasta que se ha pasado a la política activa y ha sido descabalgado de su situación pasiva.
Los capellanes militares hacen un servicio en los cuarteles que nadie puede sustituir. Desde aquellos curas que escribían las cartas de los soldados analfabetos concentrados en el servicio militar obligatorio, o bautizaban, daban la primera comunión, o acudían a casar a los pueblos a los recién licenciados, hasta llegar a los actuales capellanes castrenses  pertenecientes a la diócesis propiamente militar a cuya frente existe un arzobispo, que hoy es monseñor Juan del Río, quien organiza cursillos de actualización pastoral militar para sus sacerdotes, vigila toda la acción catequética y sacramental en los recintos militares, y acude a las reuniones internacionales de obispos castrenses existentes en las naciones de nuestro entorno occidental y europeo.  La misma Santa Sede patrocina esas reuniones de obispos castrenses, enviando siempre un representante del papa, quien en su propia guardia suiza dispone de un exclusivo capellán castrense para atender las necesidades pastorales y personales de sus soldados, cuyos trajes fueron diseñados por el gran pintor Miguel Ángel, el autor de los frescos de la Capilla Sixtina.

He tratado a muchos sacerdotes castrenses, lo mismo cuando existía el cuerpo especial  de este servicio pastoral al que entraban por oposición y subían en el propio escalafón los diversos grados de la vida militar; como el actual estatus concebido y concordado con la Santa Sede por medios de los Acuerdos firmados entre Roma y España en el año 1979.  Todos los curas castrenses son verdaderos pastores de su misión de servicio a la unidad militar donde estén encuadrados.

Es una inoportunidad que un exmilitar suelte espumarajos de odio a los capellanes castrenses, deseando que desaparezcan de los cuarteles, cuando hasta hace pocos años era el mandamás de la cúpula militar en los ejércitos españoles y tenía el trato propio del cargo delante del arzobispo castrense y el resto de capellanes situados en los cuarteles. Algo que debe tener muy claro este señor exmilitar es que para que desaparezcan los curas de los cuarteles se deben romper los Acuerdos del año 79 firmados entre dos Estados soberanos, algo que no es parecido, ni de cerca, a la ruptura del papel de compraventa de un burro entre unos paisanos del pueblo cuando se pelean tras beber vino pelón en la taberna de la plaza. Un servicio pastoral castrense que mantienen pueblos democráticos occidentales, porque saben que no deben estar volviendo la hora  del reloj de la historia nunca. España, por el contrario, siempre está quitando lo  que es esencial  en otros pueblos con nuestra misma cultura. Aprender de ellos es esencial para no cometer los errores que nuestros abuelos hicieron.

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