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Benedicto XVI no ha señalado a nadie

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Los días que se avecinan serán fechas claves para aprender de unos y desechar las manipulaciones de otros. Uno de éstos ha sentenciado ya: No es necesario el Cónclave, pues Benedicto XVI ha dejado señalados a sus dos cardenales preferidos. Uno de los primeros se opone radicalmente a las elecciones digitalizadas y lo razona con una pasada serena por la historia antigua de la Iglesia del Señor.

Comienzo por el segundo, es el amigo Pedro Fernández Barbadillo, quien en un excelente artículo, publicado en Libertad Digital, titulado Cuando el Papado se heredaba, realiza una tranquila narración histórica de los primeros Papas, de la Iglesia primitiva, desde San Pedro en adelante. Eran los tiempos en que los Papas elegían a sus sucesores hasta llegar al momento presente.

El otro es Vidal, quien sueña despierto y afirma taxativamente, en un artículo titulado, El sucesor que quiere el Papa emérito, que no se necesita el Conclave, ya que el Papa Emérito ha señalado a dos cardenales esenciales: uno representa al ala más conservadora, y el otro a la más “moderada” denomina el escribiente. Se consuela y lame sus heridas que no haya ninguno de un ala progresista. Además remata sobre un hipotético bipartito papal en donde uno gobierna y el emérito reza y aconseja al neófito.

Pedro Fernández Barbadillo acaba su excelente trabajo de la siguiente manera:

‘La Iglesia primitiva es la excusa favorita del hereje’, dice uno de los geniales aforismos del gran pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila. ¿Nos imaginamos a los Boff y a los Küng propugnando el regreso a la sucesión testamentaria?.

No hace falta imaginarlo, Pedro, está pedido en el articulejo de Vidal de una manera tan burda que demuestra que está decidido ya por Benedicto XVI, porque sus espías paraguayos se lo han contado a él que siempre está al loro de las cocinas vaticanas, donde tiene puerta ancha para entrar y salir por si fuera su propia casa.

Durante estos días, desde el pasado 11 de febrero, he ido colocando en este Blog los sueños imposibles, las aventuras más propias de la ciencia ficción y los trompetazos de algunos anhelantes seguidores de una elección democrática generalizada en toda la Iglesia, similar a las presidencias republicanas, o testamentaria, como lo era en la primitiva Iglesia.

Aquí estaré de guardia para situar a los que continúen proponiendo las utopías más elevadas y las elucubraciones más producidas por la fiebre mental que imaginarse puedan los sujetos equis o uves.

Solamente los sensatos escribientes existentes en la Red son los que están dejando constancia de su apertura a la oración y al respeto absoluto a la inspiración del Espíritu Santo. Son los que les da igual que el elegido sea de una lengua, de un país, de un color de piel, la que sea.

Somos los que respetamos la actuación del Espíritu Santo. Somos los que miramos a la Iglesia como lo dejó dicho Benedicto XVI el pasado miércoles:

“Aquí se puede tocar con la mano qué es la Iglesia, no una organización, no una asociación con fines religiosos o humanitarios, sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Sentir a la iglesia de esta manera y poder casi tocar con las manos la fuerza de su verdad y de su amor es un motivo de alegría, en un tiempo en el cual tantos hablan de su ocaso”.

Fuentes:

El artículo de Pedro Fernández Barbadillo está haciendo clic aquí.

El artículo de Vidal está haciendo clic aquí.

Tomás de la Torre Lendínez

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