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Ayer piden trabajo y hoy un premio

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He conocido a gente, antes de la actual crisis, que iban a pedir trabajo con la humildad normal de toda persona que desea vivir del sudor de su frente. Nunca han entrado dando patadas a la puerta del despacho del director del recursos humanos. Tampoco, han salido y publicado las conversaciones mantenidas con el encargado de la sección tal o cual.

De igual manera, el aspirante nunca emitía un juicio de valor negativo sobre su posible jefe en comparación con los empresarios del mismo ramo. Ni tampoco se ponía a dictar, antes de entrar en el trabajo, cuales deberían ser los horizontes para mejorar la empresa. Tales aspirantes, que los había en minoría, no llegaban a trabajar en tal sitio.

Desde hace unos días vengo observando cómo unos señores que se caracterizan por trabajar escupiendo a la cara de la Iglesia cuanto pueden más y mejor, están dictando sentencias, sin que nadie se las pida, sobre la bondad de unos y otros, para enjabonar los pies del que les le parece el mejor de los mejores. Sin darse cuenta que quien es alabado está de vuelta de esos arrumacos y caricias.

Tampoco, se puede, si se tiene un mínimo sentido común, pedir trabajo en una empresa, donde exigen solamente una cosa: la fidelidad al Magisterio de la Iglesia. Lo he dicho claro: A todo el Magisterio de la Iglesia. Los que esperan que pisando todo el Magisterio eclesial pueden traspasar las puertas de una casa en la que estamos otros, se pueden sentar donde pillen, porque los de dentro no tienen, ninguno, el carné de tonto, aunque parece que se lo hacen ante los que pisan y pisan y siguen pisando el Magisterio de la Iglesia Católica.

El poseer un currículo vital apoyado en mantener unos grandes almacenes de la religión, donde lo mismo caben los tirios que los troyanos, los ancianos que los quemados, los vendedores de humo que los pronosticadores de oficio, no es suficiente para aspirar a un don o regalo por parte de los pastores que pastorean el campo comunicativo de la Iglesia que peregrina en España. Vivir de ilusiones infantiles es gratis.

Pienso, sinceramente, si los grandes almacenes están, a causa de la crisis en todos los sentidos, tambaleándose en algunos aspectos: desde el económico al comunicativo. Lo desconozco, pero llama la atención pedir trabajo y un premio en cuestión de pocos días. Algo está ocurriendo. Seguramente nos iremos enterando.

Los demás seguiremos nuestro camino marcado siempre por la plena fidelidad al Magisterio de la Iglesia. Este andar, sin cambiar de rumbo, nos dará siempre lo que tenemos: felicidad cristiana y madurez en la fe en Dios.

Tomás de la Torre Lendínez

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