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El hombre en busca de sentido

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Viktor Frankl, editorial Herder (Barcelona 2016) 158 páginas

La psicología es un campo de difícil acceso debido a las corrientes que prevalecen en ella y que se han convertido en hegemónicas. Sin embargo, este breve y excelente ensayo de Frankl es un valiente alegato en defensa de una psicología sana, es decir integral o lo que es lo mismo abierta a la dimensión trascendente y espiritual, que es esencial a la persona humana. Sin reduccionismos de tipo pansexual como le ocurre a Freud y sus diversas escuelas en mayor o menor medida. La obra de este psiquiatra judío, doctor en Medicina y en Filosofía, ha de ser reconocida en toda su grandeza, lo cual también significa que no ha de pasarse por alto sus limitaciones. Alonso Gracián publicó en «Infocatólica» un artículo sumamente interesante titulado: Que no se debe sobrevalorar la logoterapia de Viktor Frankl como si fuera católica. Con estas precauciones pasamos a analizar la obra que se encuentra dividida en dos partes.

La primera, «Un psicólogo en un campo de concentración», es biográfica y cuenta su internamiento en Auschwitz y posteriormente su traslado a otros campos durante los cuatro años finales de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un texto realmente impactante y sobrecogedor. Las distintas vivencias ahí narradas son devoradas rápidamente por el lector con avidez, pero no con morbosidad, no obstante, no se limita a un simple relato de los horrores que allí sembró el nacional-socialismo. Sino que son esos horrores contados desde la perspectiva de un psiquiatra que pregunta a los presos que comparten su misma suerte: «¿por qué no se suicida usted?», y a partir de las distintas respuestas extrae la conclusión de la «voluntad de sentido». De ahí el significado de la cita de Nietzsche que trae a colación en varias ocasiones: «El que tiene un por qué para vivir siempre encontrará un cómo» (p. 127). Hubo un número considerable de prisioneros que lograron sobrevivir al infierno en la tierra que supusieron los campos de concentración nazis, los cuales fueron copiados de los comunistas rusos que los habían puesto en funcionamiento más de quince años antes; en fuerza de aquello que les proporcionaba la energía para soportar aquellos sufrimientos extremos: principalmente su familia y su hogar. Al regresar del campo, terminada la guerra, y comprobar que sus familias habían muerto y sus hogares habían sido destruidos por completo, entonces sí que decidieron acabar con su vida, o bien suicidándose o bien dejándose morir, simplemente.

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En la segunda parte, «Conceptos básicos de logoterapia» realiza una breve síntesis de la escuela por él fundada. Frente a la «voluntad de poder» de la filosofía vitalista y nihilista de Nietzsche y su trasunto psicológico en Alfred Adler; y frente a la «voluntad de placer» del psicoanálisis freudiano donde la sexualidad determina todo comportamiento humano, plantea la «voluntad de sentido». Así lo describe él mismo: «En el psicoanálisis, los pacientes deben recostarse en un diván y contar cosas que, a veces resultan muy desagradables de decir. En la logoterapia (curación por la palabra), el paciente permanece sentado, bien derecho, pero tiene que oír cosas que, a veces, son muy desagradables de escuchar» (p. 120). Del mismo modo, es claro y valiente cuando afirma que la mayoría de las patologías actuales son consecuencia del vacío existencial que se ha producido en las personas al ser eliminado el impulso religioso o moral. Las distintas neurosis que aquejan actualmente a la población se deben a que sus vidas carecen de un sentido trascendente, están llenas de cosas materiales y cifran en ellas su felicidad porque se encuentran vacíos interiormente. De ahí también proviene una de las raíces de la actual permisividad sexual, pues el vacío interior también se pretende llenar con relaciones sentimentales y sexuales sin compromiso alguno y condenadas a una existencia efímera, cosificando a las personas como si se trataran también de productos de consumo. No faltan series televisivas sobre esta cuestión: West wolrd en HBO y Altered carbón en Netflix.

Resumiendo, la ausencia de Dios en el horizonte humano conduce a la persona a mutilar, reprimir o pervertir su dimensión espiritual innata, lo cual tarde o temprano conduce a una serie de trastornos afectivos y psicológicos que la destruyen progresivamente. Recomiendo este libro para todo aquel que desee iniciarse y tener unas nociones elementales de psicología, lo cual nos sería muy recomendable a todos. Además, puede ayudar a plantearse muchos interrogantes a personas que se encuentran alejadas de la fe. Aunque no hay que sobrevalorar el papel de la psicología, por lo que  no quiero terminar sin denunciar el planteamiento erróneo y tremendamente dañino de un sacerdote jesuita, oráculo de los obispos españoles, hombre de Bergoglio en el solar patrio y «de cuyo nombre no quiero acordarme» que reduce la vida espiritual a un psicologismo. No se puede eliminar el papel central que la gracia de Dios tiene en la santificación de la persona sustituyéndola por la psicología. Nos encontramos ante la mutación de la antigua herejía del error judío, el pelagianismo: el hombre se salva por sus propios medios, no necesita que Cristo Salvador lo redima. También psicológicamente necesitamos ser curados por la gracia santificante, al mismo tiempo que nuestro equilibrio psicológico y afectivo depende también de la misteriosa acción de la gracia en nosotros.

5 comentarios en “El hombre en busca de sentido
  1. Un libro que te atrapa y no te suelta, del principio hasta el final. Me pregunto ¿ porqué tantos y tantas hoy día no buscan ese sentido, no se formulan las preguntas últimas ?

  2. No se cómo desde una página tan centrada pueden recomendar un libro tan descentrado que está fuera de toda la tradición psicológica católica que, arrancando de los Padres de la Iglesia llegará a su culmen con Santo Tomás. Francamente mal. Frankl es judío y propone una seria ruptura entre la naturaleza y la gracia, el dios del que habla es un dios ausente de la vida, no encarnado, la antropología que presenta es incapaz de abordar los elementos más básicos de nuestra fe (además de hacer imposible una explicación de los grandes Misterios como son la redención, la encarnación o la creación) y, por último, renuncia a la búsqueda de una verdad objetiva, de un sentido verdadero (la visión de Dios) el sentido se lo da cada hombre a sí mismo. Un auténtico desastre que ha hecho las delicias de muchos neocones católicos.

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