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Un estado confesional es posible

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Este artículo va a levantar ampollas hasta a los más probos católicos. Pero es que cuando alguien está enfermo, el problema se localiza tocando a ver dónde más duele. El rechazo a este artículo, el creer que no puede haber democracia sin confesionalidad, nos ha llevado hasta la grave situación en la que estamos. Y no nos engañemos: hasta que no lo consigamos, todos los Estados caerán en la apostasía, es más, perseguirán la ley de Dios y su Iglesia, y tendremos que dar cuentas de nuestra grave dejación.

Algunos puntos a considerar:

  • La Iglesia ha querido, históricamente, el Estado Confesional. Por tanto, mucha prudencia a la hora de porfiar con que es doctrina firme de la Iglesia la laicidad del Estado, etc. La postura actual, es perfectamente opinable.
  • “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” no es un tratado sobre la separación Iglesia – Estado. Me remito al punto anterior. Los exégetas interpretarán a lo largo de la historia este pasaje, pero lo único objetivo es que Jesús usó la frase para que la gente pagase sus impuestos sin preocuparse por asuntos tan terrenales. Punto.
  • Mejor no hablar de separación Iglesia – Estado. Mejor hablar de distinción Iglesia – Estado. Decir «separación» implica un divorcio, la lejanía, la proscripción… Si empleamos el término «distinción Iglesia – Estado» ya veremos más razonable que la Iglesia puede opinar sobre las leyes o sobre el Estado.
  • Todas las constituciones detallan sus valores morales fundamentales y una organización muy específica. Las hay socialistas, las hay liberales, las hay monárquicas, las hay que hacen referencia a los derechos humanos, etc. Algunas son centralistas, otras federales; algunas tienen especial interés en preservar sus tradiciones, otras no, etc.
  • Estos valores no significan que todos los ciudadanos tengan que comulgar con ellos, ni que se persiga a quien no piense así. Ejemplo de ello, en España no todos son monárquicos, no todos comparten toda la ideología que la Constitución contiene, no todos tenemos por qué compartir la actual definición de los Derechos Humanos (detalla cosas tan específicas como que toda persona tiene derecho a cambiar de nacionalidad), etc.
  • Estos valores no están reñidos con la democracia. Si no, tendrían que quitar esos puntos las constituciones.  ¿Definir que toda persona tiene derecho a cambiar de nacionalidad es una violación de la voluntad popular? ¿Significa que no todos podemos decidir libremente sobre ello y se excluiría a las opciones políticas que no están de acuerdo?
  • Una constitución confesional garantizaría que las reglas de juego partan de la base de la confesión a Dios, y de respetar valores fundamentales inviolables. Por tanto, al igual que una Constitución puede ser perfectamente democrática y no dar cabida a la tortura por mucho que alguien con votos suficientes lo propugne (5º punto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos), una Constitución podría ser perfectamente democrática y no dar cabida al aborto, así como garantizar la protección y promoción de la Iglesia.
  • No seamos excesivamente pragmáticos. Hay gente que no defiende valores o sistemas por creer que son imposibles. Esto no le ocurre a la izquierda. Ellos no piensan, por ejemplo, en dejar de atacar a la monarquía porque al fin y al cabo no van a tener los 2/3 de la cámara. El callarnos está trayendo graves problemas. Hemos de aclamar los valores en los que creemos y los sistemas que pueden ser propicios para ello.

¿Es esto malo? ¿Hemos mejorado algo con la laicidad del Estado? ¿Es más importante un sistema político que Dios? ¿Es más importante cierto postureo constitucionalista que dejar matar a niños inocentes?

Qué tibieza. 

6 comentarios en “Un estado confesional es posible
  1. Efectivamente, un estado confesional es posible. Y es necesario.

    Desde que «casi» se abolió la confesionalidad en el Vaticano II y su «espíritu», la deriva de las naciones otrora católicas hacia la apostasía ha sido imparable. Igual de imparable que la persecución a las naciones que procuraron seguir siendo confesionales (España por ejemplo hasta 1975).

    Es nuestra obligación como católicos promover la Ley de Dios y las sanas costumbres. Y teniendo mando en plaza es ya una responsabilidad de la que daremos cuenta a Dios.

    Ese ‘ser responsable’ de forma estable con las virtudes es lo que distingue al estadista (responsable) del político (irresponsable).

  2. Por supuesto. No solo es posible sino que es orden de Dios y de la Iglesia. Todo debe estar bajo el imperio de Cristo. Cristo imperat. En cada persona, en cada familia, en la sociedad y en sus expresiones culturales económicas políticas. Esto lo ha proclamado y enseñado la Iglesia y ni el concilio vaticano 2 se atrevió a suprimirlo. Este articulo me abrió los ojos. Por eso pongo el enlace a lo mejor puede ayudar a alguien a abrir los ojos:
    http://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=26692

  3. Una buena democracia tendría que estar bien fundamentada en sus principios. Nadie se ha preocupado por ello, al menos no los políticos. No les conviene porque sería toparse con principios incuestionables por estar dentro de la corrección política. Además de enfrentarse a las élites a las que conviene esta indefinición, hecha a la medida de sus ambiciones.

    Veo un peligro en la confesionalidad: el que, sí no están bien definidas las competencias de lo terreno y lo eterno, podría ser que la iglesia cayera en banderías y ambiciones temporales como en el pasado.
    Y qué decir de creencias religiosas que en ciertos aspectos pueden chocar?
    Tal vez algunos no encuentren problema, no sé.

  4. Creo que el problema de las democracias actuales es que están fundamentadas en los falsos ideales de la Revolución Francesa, y están mortalmente heridas por su cuña socialista y anticlerical. Son bombas de relojería que llevan en su ADN todos los excesos u disparates que hemos padecido desde entonces: totalitarismo, intolerancia, persecución religiosa, manipulación de masas. Y creo que nacieron con ese fin como buen invento de la masonería

  5. En todo de acuerdo excepto en esa especie de «demolatría» que pone la democracia como algo incuestionable, cuando yo la considero el peor y mas maligno de los sistemas políticos, después de la tiranía comunista, a la que por cierto, todo comunista calificará, sin dudarlo, de democrática.

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