
He sido profesor de Historia de la Iglesia veintitrés años y sé que ha vivido toda clase de situaciones. Por eso contemplo esa posibilidad con serenidad. Como dice San Pablo, para los que aman a Dios, todo lo que sucede, sucede para bien. A veces, las situaciones confortables no son las mejores para la Iglesia. A veces, la persecución o la infravaloración espolean el fervor y nos sirven para purificarnos. De manera que veo esa posibilidad con preocupación desde el punto de vista social, político y económico, pero desde el punto de vista de la Iglesia, quién sabe, a lo mejor es una gracia de Dios.
La entrevista que publica El Mundo resulta ciertamente interesante. Ver aquí.
