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Advertencia de un padre a un mal hijo

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familia

Carta de un padre a un mal hijo:

No sé ustedes, pero yo tengo unos hijos maravillosos. Quizás porque siempre he tenido claro que como padre no permitiría ciertas cosas.

Si yo amo, porque es mi naturaleza de padre, también exijo (no solo basta con proponer) que se cumpla en casa con unas normas, una disciplina y una responsabilidad buena para mi hijo, buena para sus padres, e indispensable para la casa.

Si yo amo, porque es mi naturaleza de padre, también exijo que se me quiera, porque es de justicia para quien ha dado todo por sus hijos.

Si yo amo, porque es mi naturaleza de padre, también exijo que no me falten al respeto, sea hablándome mal, sea haciéndolo por detrás.

En definitiva, exijo amor y respeto independientemente de mi amor incondicional.

Si ya cumplida la mayoría de edad los hijos solo ofrecen desdén u odio, que trabajen y se sostengan solos, que yo siempre les amaré, pero que hay cosas que no se pueden consentir.

En casa no hay lugar para irreverentes o malvados. A pesar de mi amor, así es imposible la convivencia y resulta contranatura permitir ciertas cosas. Ellos eligieron libremente

Si alguien dijese que no importa ser mal hijo, que todo se consiente porque yo siempre amo, me estarían tomando el pelo. Los que eso dicen son los malos hijos que no podrían compartir la casa conmigo.

Esto es lo que ocurre con Dios. Que ama incondicionalmente, pero no todo el mundo puede compartir su casa en el cielo, igual que no podría estar allí Lucifer, siendo Dios todo amor.

Espero que no repitan que para estar en mi casa o en la de Dios todo vale, que todos somos acogidos, sin más matices, que todo es jauja, porque luego se van a llevar una sorpresa. Yo soy clarito y Dios también:

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y El les dijo: Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán. Después que el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, y vosotros, estando fuera, comencéis a llamar a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos, El respondiendo, os dirá: «No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: «Comimos y bebimos en tu presencia, y enseñaste en nuestras calles; y El dirá: «Os digo que no sé de dónde sois; APARTAOS DE MI, TODOS LOS QUE HACEIS INIQUIDAD. Allí será el llanto y el crujir de dientes cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros echados fuera.

(Lucas 13:23-28)

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