Menudo aguafiestas

misa de las familias
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Corría el año 1984 cuando en el momento de trasladar a San Roque hasta su capilla, los romeros exhaustos del calor de agosto, comenzaron a pedir agua a sus vecinos, y tras mucha insistencia, pero mucha, una vecina se animó a echar un vaso de agua desde lo alto del edificio de la calle del mismo nombre del santo, lo que provocó que otros muchos vecinos hicieran lo propio, pero ya con cantidades más abundantes. Todo caía a grito de “¡agua agua!”. Fue de este modo como surgió la hoy ya consolidada fiesta del agua de Villagarcía de Arousa declarada en nuestros días como fiesta de interés turístico nacional.

En medio de este júbilo, o de cualquier otro siempre nos encontramos con alguien que en su afán de protagonismo o bien en su envidia cochina quiere aguarnos la fiesta, y no es que lo diga yo sólo sino que ya en “La ilustre fregona” y “Tesoro” aluden los genios literatos a este personaje pesimista y sombrío del aguafiestas.

En Madrid, con no poco esfuerzo, habíamos consolidado poco a poco una gran fiesta, la fiesta de la familia cristiana. Hubo un vecino aquí empadronado que asumió echar el primer vaso de agua que se necesitaba para que comenzase la fiesta , con el deseo de que no fuera de su agua del que disfrutasen los romeros sino del mismo agua del que pidió beber la samaritana. Deseosos de empaparse de ese agua acudieron cientos de vecinos y forasteros venidos de otros lugares de nuestro país e incluso de otros países. Incluso acudía asiduamente a la cita, desde el primer año hasta el último en que se celebró, el que fuese arzobispo de Oviedo y después arzobispo de Valencia, Carlos Osoro Sierra como podemos ver a través de YouTube youtube.com/watch?v=zo4MaEw8cAA donde se le ve muy devoto en los minutos 3.18…..5.09….y….8.15

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No era lo importante el agua echada por el vecino en el primer vaso, ni siquiera el torrente echado por los papas Benedicto XVI y Francisco que también ambos intervinieron, lo verdaderamente importante era que al grito de ¡danos de tú Agua! miles y miles de personas, en familia, tenían la oportunidad de beber del Agua de la Vida con mayúsculas y de celebrarlo gozosamente. Habíamos conseguido celebrar esta fiesta de la fe en el espacio público, en plena Plaza de Colón, mostrando públicamente sin complejos la belleza del matrimonio cristiano, donde el esposo y la esposa unidos sacramentalmente podrán fundar una nueva familia fruto de su amor conyugal. No se trataba de imponer nada a nadie, sólo era una manifestación pública de nuestra fe y una propuesta pública a vivir el matrimonio cristiano con toda su belleza y alegría.

La primera pésima decisión pastoral de Osoro a su llegada a Madrid, fue suprimir esta celebración en la Plaza de Colón de la fiesta de la familia cristiana.

A él, que tanto se le llena la boca con la palabra sinodalidad, termino que ni él mismo entiende lo que significa, liquidó por el artículo 33 la misa en la Plaza de Colón, la fiesta de la familia Cristiana. Gracias a Osoro la gran fiesta de la familia cristiana, ha pasado de ser una manifestación pública de fe a convertirse en un acto privado de fe celebrado pobremente dentro de la catedral de la Almudena, las familias han pasado de ser bendecidas por Su Santidad el Papa a ser bendecidas por el egocentrismo de Osoro, ha pasado de ser una celebración multitudinaria a ser una celebración ordinaria con escaso público, en definitiva que a la gran fiesta de la familia cristiana Osoro la sustituyó por prácticamente nada.

Osoro: complejo napoleónico o mala folla”, cuéntanos ¿Porqué venías todos los años a la fiesta de la familia en Colón?, ¿eras incapaz de celebrar una fiesta así o más pequeña en las diócesis de Oviedo y Valencia?, ¿no te atrevías a enfrentarte a Rouco haciéndole un desplante?.

Hace unos meses ha venido una muy buena noticia para Manuel González López-Corps y por tanto para nuestra archidiócesis, quizá no tan buena para quien recurrió, pero cuidado que Osoro es experto en aguarnos la fiesta.

Comentarios
2 comentarios en “Menudo aguafiestas
  1. Y decían los ratoncillos que Madrid había tenido el magno honor de recibir a Osoro, que decían que era el hermano gemelo de Bergoglio por su similitud matemática en el fenotipo visible, dos gotas de agua, milagro de la reduplicación bilocada… una verdadera epifanía y teosis, de Madrid al cielo…

    Pero un ratón muy anciano, con largas barbas, gafapastas, con una pipa de espuma de mar, zapatillas de cuero rudo, un gorrito de humanista renacentista y un bastón escolástico con mango tomístico, meneaba la cabeza farfullando asmáticamente:

    – Rayos y truenos, hay que esperar y ver, no tan rápidos, bergantes, por sus obras los conoceréis, en meses sabremos de qué pie cojea, pues no es un dios sino un hombre…».

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