La transparencia opaca de Osoro

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Corría el año 2013 cuando el filósofo coreano Byung-Chul Han, doctorado en Alemania, por la Universidad de Friburgo, publicó su obra “La sociedad de la transparencia”. En dicha obra critica el exceso de exposición que sufre el hombre contemporáneo en todas las áreas de la vida, frente a la confianza del ser humano fundamentada en el amor y la amistad, siendo esta un riesgo que merece la pena correr.

En un sistema positivista como en el que estamos envueltos, las cosas no tienen valor por el hecho de existir, valor cultural, sino por el hecho de cómo son vistas, valor expositivo.

Parte de nuestra sociedad ha descuidado el verdadero valor de la confianza en el otro que está en el espacio del no saber, de ahí la avidez expositiva de las llamadas redes sociales.

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Osoro cayó en el error de pensar que una política de transparencia sería la clave de su buen gobierno en la Archidiócesis de Madrid. Y sin él más mínimo valor de confianza en el gobierno de sus antecesores se abandonó en los brazos de sus asesores positivistas que le han llevado a liderar un escándalo histórico en el gobierno pastoral y económico de nuestra Archidiócesis de Madrid; así como en las fundaciones civiles y canónicas que él preside por el hecho de ser el Arzobispo, no por guapo ni buen gobernante; y parece que ahora se empeña también en elevar a escándalo su gestión de las hermandades y cofradías con ese departamento transparente que pretende vigilarlo todo, menos a los que vigilan, Arzobispo incluido.

En su incompetencia para llevar a cabo tal encomienda pastoral y de gobierno, perdió de vista que el valor de la confianza en el otro, está precisamente en el espacio de lo que del otro no se sabe, sobretodo sino se le pregunta. Y se abandonó a una transparencia positivista excesiva que no equivale a más verdad, si acaso a más abundancia informativa del informador amiguete.

Perdió la confianza, o nunca la tuvo, en el valor cultural, histórico, de nuestra Archidiócesis de Madrid apostando por la vigilancia y el control excesivos, “lo que diga D. Julio Lage”, haciendo a este omnipresente y recomendándolo para todo y a todos. Con lo fácil que habría sido hacer una transición en comunión, preguntando a su antecesor para corregir errores y aportar soluciones e iniciativas nuevas. Pero optó por la trasparencia positivista, los amiguetes podían pedir cualquier tipo de documentación y había que dársela, con la consigna clara de que “no os fiéis de nadie”. El resultado lo tendrán Osoro y su equipo de gobierno canónico y civil en los tribunales, mientras con cargo a una trasparencia positivista la Archidiócesis de Madrid se desangra.

Como sabrán, el primer obispo de nuestra Archidiócesis de Madrid, fue asesinado en las puertas de la entonces catedral por un compañero sacerdote. No queremos y no debemos borrar de la memoria de nuestra Archidiócesis de Madrid, este hecho histórico. Pero tampoco queremos caer en el expositivismo informativo, ¿quién era ese sacerdote?, ¿por qué le mató?, ¿cuál era su situación psíquica?, ¿de qué familia provenía?, ¿qué arma utilizó?, qué motivaciones le llevaron a hacerlo?, etc…

Aceptamos y amamos a nuestra Archidiócesis de Madrid, lo mismo que esperábamos hubiese hecho Osoro, con sus valores positivos y con sus valores negativos.

Osoro alardea haber aplicado una supuesta y aparente política eclesial de transparencia, que no se ha traducido en más verdad, quizá porque no puso amor ni amistad hacia nuestra Archidiócesis de Madrid desde el momento en que llegó, lo que él llama desafección.

Pareciese que la Archidiócesis de Madrid no hubiese tenido historia antes de Osoro; era mejor poner todo en cuestión y abandonarse en un equipo sacado de la manga, ajeno a la historia de la Archidiócesis, con la genialidad positivista que no canónica de un interventor incluido , que descubriría lo malo malísimo de nuestra Archidiócesis desde su primer obispo hasta Rouco, o sólo de los últimos 30 años, ¿era un farol de un mal jugador de mus?.

Osoro está a favor de la sociedad de la transparencia; hay que vigilar, controlar, exponerlo todo.

Osoro el transparente, perdón el peregrino por sus ideas, ha perdido su libertad entregando voluntariamente a la desnudez y exposición a nuestra Archidiócesis de Madrid, sin amor ni amistad a la misma, por no hablar de la comunión que él no sabe ni lo que es, a lo más aceptaría la sinodalidad y ni sabe definirla,; hoy no tenemos más trasparencia sino más opacidad.

Como reflexiona Han, uno acaba siendo víctima y actor de su propia falta de trasparencia; ¿a que sí, Osoro?

Comentarios
8 comentarios en “La transparencia opaca de Osoro
  1. CARLOS ¿has visto lo sucedido en Versalles? Me refiero al suicidio de un sacerdote porque es de dominio público que tu has perseguido con saña a un buen sacerdote de Madrid. ¿Será el único caso de abuso de tu autoridad por tu parte? Aprende de la Historia, aunque no sea m´as que para variar. Y acertar.

  2. De acuerdo que no le guste Osoro; usted está en su derecho.

    No veo que las «politicas de transparencias» estén mal; al contrario, porque la Iglesia de Madrid no es propiedad privada de Osoro; no puede hacer lo que quiera.

    Me imagino que es un intento también de evitar habladurías y controlar los grupos de presión.

    Esto no quita para quitar responsabilidad a Osorio de sus resultados, porque el responsable es él, no sus colaboradores.

    No vale por tanto echarle el mochuelo al tal D. Julio Lage o a quien sea.

    Si usted critica, y recuerde que las cosas no deben ser como usted diga, los demás también tenemos intereses y opiniones, ha de señalar el hecho concreto criticable y las razones concretas por las que ha de ser criticado. Se aprecia aportar soluciones. No vale hablar en general y en abstracto, porque acaba equivaliendo a difamación y no arregla nada.

    A mi me da que este señor no es muy capaz, porque sus sermones son realmente insufribles y una prueba del Señor para soportar con paciencia

    Sin embargo su superior le ha dado a él y no a usted o a un servidor la responsabilidad de gobernar la diócesis de la capital de España, por lo que hemos de asumir que tiene los méritos que se necesitan para ello. ¿no es un alivio?

    ¿qué hacer? (a parte de rezar mucho por el Arzobispo, su santidad y su éxito en el cargo: es en beneficio de sus diocesados)

    Pues si usted tiene ideas o propuestas, no dude en comunicarlas. Si conoce de la existencia de la comisión de un delito, sabrá que es su obligación como ciudadano de denunciarlo a las autoridades (civiles) competentes…

    ¿algo más?

    Pues si quiere sacarle provecho a este ejercicio de Jung («the Shadow»), usted es libre:

    recupere su escrito y, donde haya escrito «Osoro» escriba ahora su nombre…

    ¿qué le sugiere?

    Tal vez usted no pueda cambiar el comportamiento de ese señor; y seguramente no es conveniente.

    Pero si usted logra reconocer eso que critica en otros en su propio comportamiento, habrá dado un paso hacia la integración personal, de lo que se beneficiarán usted, su carrera, los que le rodean… y ese santo varón enviado desde lo alto y lo Alto para penar;

    Después de todo, ¿no es esto un valle de lágrimas?

    1. Efectivamente no me gusta Osoro, soy heterosexual. Si a usted le gusta es cosa suya.
      La trasparencia me gusta en cualquier política, la trasparencia excesiva no. Osoro aplicó trasparencia excesiva, pues que se la aplique así mismo, o si no que espere que ya vendrá quien se la aplique, y no tardando.
      Responsabilidad de Osoro y de sus colaboradores canónicos y civiles toda que yo no los nombre ni fui yo quien aceptó el cargo.
      “Este Señor no es muy capaz” eso lo dice usted y quiere que yo hable de hechos concretos no me pagan para eso escribo lo que me da la gana con conocimiento de causa, pero no me da la gana de contarle a usted tanto conocimiento.
      Leo él textos poniendo mi nombre y no me tiemblan no las carnes, porque yo no soy el Arzobispo de Madrid no el superior que lo eligió a dedo.
      Esto es un valle de lágrimas, y quiere que rece rosarios por ello; no majo esto es un desastre que no hay que espiritualizar beatamente.

  3. ¿Cómo se hace lo que se tiene que hacer con gente equivocada? Claro que tenía el deber de saber lo que hay, y hasta el derecho, pero para saber primero hay que preguntar.
    Ahora el que no es trasparente es Osoro que va a dejar más “pufo”, como usted lo denomina, del que había.
    Porque los “pufos” se cuentan céntimo a céntimo.
    Y efectivamente el problema no es la trasparencia, sino el exceso de trasparencia, o sea la falta de confianza. El “no os fiéis de nadie”.

  4. El problema no es la transparencia, sino que el obispo debe saber lo que hay. En la diócesis hay mucho pufo, y ese pufo se realiza con las donaciones de buenas conciencias que se escandalizarían si supiesen cuánta pasta se ha llevado gente que no debería. Además, Usted y yo sabemos que después de la pederastia, la sociedad civil vendrá a por la pasta… y eso lo tienen mucho más fácil, porque está o no está a apuntado en libros que lo cuentan todo. Comprendo que le duelan las faltas de confianza, pero en esto no lleva ninguna razón. El obispo ha hecho lo que debía de hacer aunque se haya rodeado de gente equivocada.

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