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Ultimátum romano a los religiosos belgas que facilitan la eutanasia

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Ultimátum del Papa a los Hermanos de la Caridad en Bélgica para que no ofrezcan la eutanasia a enfermos mentales

http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=30126

Estamos en lo se siempre. El que quiera suicidarse, que se suicide. Quien quiera que le ayuden a morir que lo pida siempre que las leyes civiles lo permitan. Y los auxiliadores, contando con la voluntad del auxiliado o sin ella podrán colaborar cuanto quieran siempre que no sea delito.

A mí me gustará o no, evidentemente no, pero eso es cosa mía y no de ellos que no tienen que someterse a mis gustos ni a mis principios morales.

Peo unos religiosos tienen que estar a lo que sostenga la Iglesia y caso de que no lo hagan, puerta.

Llevamos años consintiendo todo y en los de Francisco todavía más. Pero no es exclusiva de su pontificado. Si en este asunto se deciden a tomar medidas y con la aprobación del Papa me parece una buena noticia aunque una golondrina no haga verano. Hacen falta más golondrinas. Aunque, para una que aparece, tampoco es cosa de disparar contra ella. Más bien de alegrarse porque puede ser el anuncio de que es posible que lleguen más.

Se ha dicho siempre que hay amores que matan, en el caso de estos hermanos belgas de la Caridad es evidente que caridades, también. Pues a estos extremos de barbaridad hemos llegado con tanta tolerancia como nos vendían. Que yo nunca compré.

 

Comentarios
10 comentarios en “Ultimátum romano a los religiosos belgas que facilitan la eutanasia
  1. En su artículo usted se limitó a invocar nuestros gustos y nuestros principios morales, puro subjetivismo. Ahora en su réplica invoca usted la ley de Dios. Basta como rectificación, que acepto.
    Respecto del resto de su alegato, se inventa usted un espantapájaros o enemigo imaginario para mejor alancearlo. Nadie le ha reprochado que seamos impotentes para impedir la multitud de gravísimos pecados contrarios al orden social natural que son hoy amparados por o incluso promovidos por la ley civil. Lo que le hemos reprochado con razón es que contra esos pecados sólo invocase usted nuestros gustos y nuestros principios morales, puro subjetivismo.
    Buenas noches, paz y bien.

  2. Por abominables que sean los suicidios, los abortos y las eutanasias, me temo que poco, muy poco podemos hacer contra ellos, salvo oponernos frontalmente con la Biblia en una mano y el catecismo de la Iglesia en otra.Y sobre el cardenal Lacroix (en español «Lacruz»), recuerdo el refrán que Cervantes pone en boca de Sancho: «Detrás de la Cruz está el diablo».

  3. Vamos a ver, queridos comentaristas, si introducimos lo que a mí me parece sentido común, aunque es posible que esté equivocado. Ya me diréis. Estoy convencido de que lo que está fuera de nuestras posibilidades no sirve de nada oponerse a ello. Porque no hay oposición posible. Si alguien se quiere suicidar se suicida y sería inútil absolutamente que todos los días abriera el Blog con una protesta del suicidio. Y del aborto. Absolutamente inútiles. ¿Me gusta eso? Nada en absoluto. Y así lo he manifestado en la entrada. Y no me gusta también evidentemente por desagradarme la sangre de quien se pegó un tiro, un feto destrozado o el cadáver que cuelga de una viga. Eso no lo veo nunca, jamás lo he visto en mis 77 años y espero morirme sin verlo. Si me disgusta es poque ofende a la ley de Dios. Pero yo no puedo detener el dedo que aprieta el gatillo, la mano del médico que descuartiza al feto ni la del que hace el nudo en la cuerda. Eso es cosa de ellos y no mía. No entiendo como alguien lo puede calificar de liberalismo, relativismo, entreguismo o lo que sea. ¿Acaso esos calificadores hacen algo para evitarlo? Ya está bien de ejemplificadores que no dan el menor ejemplo de impedir suicidios, abortos, eutanasias…? Mi única posibilidad de actuación al respecto es no votar a partidos que propician eso y eso es lo que hago. Alguno de los censores me parece recordar que recomendó el voto al PP no fuera a venir Podemos. Yo no. Pero el relativista y el liberal soy yo y no él.
    Nadie me habrá leído, jamás, que recomendara el suicidio, el aborto, la eutanasia… Los repruebo de todo corazón. Pero el que quiere suicidarse se suicida, el que abortar, aborta y el que reclama la eutanasia la conseguirá si las leyes lo permiten. Yo no voto a partidos que promueven eso. Ni por la amenaza de Podemos.Es lo máximo que puedo hacer. No me parecen un mal menor sino un mal gravísimo.
    Y los héroes a quien nadie ha visto frente al enemigo pues no me suscitan ninguna admiración. Yo doy la cara todos los días. No asimilo nada. Repruebo todo lo que la Iglesia considera reprobable. Me encantaría una sociedad profundamente católica que reconociera a Cristo como Rey de ella. Pero eso hoy es impensable. ¿Mañana? Dios sabrá.

  4. El primer desatino que hay que denunciar, porque está en la base de todos los demás, es que Cristo no reine en nuestras sociedades y hoy se haya llegado a ni siquiera respetar ya el simple orden natural. Desatino que hayamos de vivir bajo leyes civiles que son injustas, y por tanto no verdaderas leyes sino simulacros de ley, porque se apartan de la ley de Dios. Desatino que los católicos de hoy no sólo tengamos que soportar este calamitoso estado de cosas, lo cual es inevitable como los primeros cristianos tuvieron que soportar vivir bajo Nerón o Diocleciano, sino que incluso lo asimilemos como propio y aplaudamos la tiranía democrática.

  5. ¿Y qué va a hacer nuestro pobre bloguero?, Esta realidad se da, queramos o no. Bastante hace ya con denunciar tantos desatinos contrarios a la moral cristiana. Para bien o para mal, vivimos en un estado de derecho que desgraciadamente legisla en numerosas ocasiones contra la moral del Evangelio. Nuestra labor es ser luz allá donde hay oscuridad y tratar de defender la vida allí donde se produce la muerte.

  6. Urbel: a mí también me han sorprendido esas palabras del dueño de esta Torre. Está claro que el liberalismo lleva al relativismo.

  7. «La que quiera abortar, que aborte. Quien quiera que le ayude a abortar que lo haga siempre que las leyes civiles lo permitan. Y los auxiliadores, contando con la voluntad de la que aborta o sin ella podrán colaborar cuanto quieran siempre que no sea delito. A mí me gustará o no, evidentemente no, pero eso es cosa mía y no de ellos que no tienen que someterse a mis gustos ni a mis principios morales.» Basta con remplazar aborto por suicidio en las palabras del dueño de estas páginas para advertir que, a este respecto, están empapadas de un espíritu, llámese subjetivista, relativista o simplemente liberal, que no es católico. Porque no se trata de «nuestros gustos» ni de «nuestros principios morales». Es la ley de Dios. Es la enseñanza de la Iglesia, que es Madre y Maestra, acerca de la ley natural, la cual, a diferencia de los mandamientos de la Iglesia, obliga a todos los hombres y no sólo a los católicos. Su enseñanza, no su propuesta ni su visión. Dios mío, creo firmemente todas las verdades que la Iglesia nos enseña.

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