OTRA VEZ LA ALEGRÍA VIENE DE ÁFRICA

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KENYA: New Apostolic Nuncio to Kenya Appointed
OTRA VEZ LA ALEGRÍA VIENE DE ÁFRICA
El buen espíritu es contagioso. Y otra vez llega del África, ahora con la colaboración de
un buen nuncio en Kenia, el holandés Humbertus van Megen, otra prueba del renacimiento
católico en los Países Bajos, después de haber tocado fondo durante el frío invierno
posconciliar.
El arzobispo van Megen no da muchas vueltas y denuncia las causas del retroceso de la
Iglesia en Europa, señalando que “las enseñanzas de la sociedad occidental sobre el aborto, la
eutanasia, la teoría del género, son claros síntomas de una sociedad que ha perdido su brújula
interior y flota indefensa en el tempestuoso mar de los deseos humanos, sacudida y debilitada
en todos sus aspectos” (Palabras en la consagración episcopal de monseñor John Kiplino Lelei,
obispo auxiliar de la diócesis de Eldorel, en Kenia).
El nuncio muestra que “es evidente para todos ver como Occidente, una sociedad
secular. Ha perdido su vigor y está cada vez más ensimismada” y añadió que la sociedad
occidental no es más la luz para las naciones, más bien pone su lámpara bajo el celemín, “su
luz es cada vez más tenue”. Por el contrario, la Iglesia en África “es cada vez más fuerte”.
Y las cifras corroboran sus palabras. Según las estadísticas vaticanas, mientras el
número de los católicos siguió disminuyendo en Europa, África registró el mayor crecimiento
de su población católica en 2021 y añadió 8 millones 300.000 católicos nuevos. Y los 236
millones de católicos africanos representan alrededor del 20% de la población católica
mundial.
El nuncio, con un lenguaje Cristo céntrico, ausente hoy en tantas bocas episcopales,
afirma claramente: “Las enseñanzas de Cristo son indispensables; son la única medida
aceptable para todos los seres humanos, como la brújula es el único instrumento fiable e
indispensable para un capitán que encuentra su camino a través de los mares oscuros y
tumultuosos”.
Sus palabras nos traen a la memoria un texto de Saint-Exupéry que tiene sabor a mar y
que reivindica la firmeza y la perseverancia, comparadas con “la roda de un navío, que a pesar
de la demencia del mar, retorna inexorable a su estrella” (“Ciudadela”, LXX).
Dirigiéndose al nuevo obispo, el nuncio le advirtió: “serás criticado de muchas maneras
y la gente intentará destruirte por la sencilla razón de que defiendes las enseñanzas de Cristo”
y le enseñó que “sobre la roca de Cristo se aplasta nuestro orgullo, se revela nuestra vanidad.
A la gente le cuesta aceptarlo… hoy, se habla mucho de humildad, pero muy pocos son
capaces de vivirla. Las enseñanzas de Cristo son para muchos una piedra de tropiezo en lugar
de una luz para las naciones”.
El padre Stan Chu Llo, investigador de la Universidad DePaul, sostiene algo importante:
“África no es simplemente el futuro de la Iglesia Católica; es ahora el rostro del cristianismo”.
Y agrega: “Se puede decir que la fe está creciendo no solo en número, sino también en
influencia en África y fuera de ella en las áreas de educación católica, sanidad, espiritualidad y
justicia social. Fuera del continente africano existe un número significativo de sacerdotes y
religiosos católicos que son misioneros en otras partes del mundo, principalmente en Europa y
Norteamérica y en menor medida en Asia. Los católicos del África están empezando a
reinventar el catolicismo en su propia y singular celebración de la sagrada liturgia, en el arte y
en la música, así como en la producción teológica”.
El informe de info católica (31/5/2024), de donde tomamos los datos tiene algunos
jugosos comentarios: uno de Zarcos: “La brújula de la que habla enloqueció con el Concilio
Vaticano II. No para de dar vueltas desde entonces, de ahí la decadencia moral de la sociedad
occidental”; de Fernando Cavanillas, quien se pregunta ¿por qué la Iglesia de Occidente ha
perdido su vigor? Por “una amnesia de origen sociológico y tecnológico que hace olvidar el
pecado, el infierno y la doctrina tradicional de la Iglesia” y de Generalife: “Sal insípida, levadura
convertida en masa. Afán de rebajar, diluir, edulcorar. Se recoge lo que se siembra”.
En la Liturgia de las Horas de estos días encontramos un par de textos que parecen
describir cosas que pasan en la Europa de hoy. El primero es de la carta del apóstol Santiago,
dirigida a todos nosotros, pero pareciera en forma especial al papa Francisco: “Sea todo
hombre pronto para escuchar, tardo para hablar, remiso para la cólera… recibid con docilidad
la palabra de Dios… Llevad a la práctica la palabra… quien escucha la palabra y no la pone en
práctica se parece a aquél que se miraba la cara en el espejo y, apenas se miraba, daba media
vuelta y se olvidaba de como era… Quien piensa que sirve a Dios y no refrena su lengua se
engaña a sí mismo”.
El segundo texto es de San Pablo, de la segunda carta a los Corintios, en la que expresa
su miedo porque “no os voy a encontrar como yo quisiera”. Es como si ahora se propusiera
visitar a la Europa decadente; por eso les escribe: “Temo que haya contiendas, envidias,
animosidades, rivalidades, detracciones, murmuraciones, insolencias, desórdenes”.
Todo esto ¿no lo vemos hoy en la Iglesia de Occidente, sin vigor, debilitada, caótica?
Que Dios y el ejemplo de la Iglesia del África, nos ayuden.
Buenos Aires, junio 1 de 2024 Bernardino Montejano
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