Es el titular del artículo que Antoninus Pius publica hoy en Germinans. http://germinansgerminabit.blogspot.com.es/2016/01/tengo-sana-envidia-del-episcopado-vasco.html Lo entiendo perfectamente. Por fin, tras muchos años oscuros que han arrasado y dejado irreconocible la que era, con Navarra, la región más católica de España, han encomendado aquella ruina a pastores preocupados únicamente por la evangelización. Y comienzan a apuntar los resultados. Iceta, Munilla y Elizalde, este último está todavía por ver pues ni ha tomado posesión pero todo lo que se sabe de él es bueno, aceptaron el martirio que el nombramiento suponía y aquello está cambiando. Todavía muy lentamente, parecía imposible levantar tanta ruina, pero ya es otra cosa y alborea la esperanza. No se lee en los medios pero creo que es necesario decirlo. Roma ha tenido enorme responsabilidad en el hundimiento del catolicismo vasco con los nombramientos episcopales que hizo en aquella región. El antifranquismo de Pablo VI, Villot y Benelli, secundados en España por Dadaglio y Tarancón, piezas clave también en la maniobra, hizo que llegaran a las Vascongadas unos obispos que, aunque buscándolos con candil, no podían ser peores. La administración apostólica de Cirarda, Añoveros, Setién, Uriarte, Larrea y Larrauri acabaron con la religión en aquella tierra. Con el apoyo navarro de Tabera y el ya mencionado Cirarda. Lo peor había llegado al poder. Y los resultados fueron demoledores. En el Vaticano, que pueden ser algunos malos pero no tontos del todo, se dieron cuenta, una vez fallecido Pablo VI, y hasta es posible que por el Papa difunto en sus últimos días, que la que habían montado ni el que asó la manteca. De un catolicismo casi unánime, seminarios rebosantes, misioneros vascos por todo el mundo…, no quedaba nada. Pero es que nada. Todo había desaparecido en muy pocos años. Lo habían matado. Y llegaron los días de las cataplasmas. Cuando lo que se necesitaba era cirugía. Y las cataplasmas fueron Asurmendi y Blázquez. Que no eran lo anterior pero que no eran nada. Y la nada produce eso, nada. Con lo que lo hundido se hundió más. Tal vez a menos velocidad. Iceta, Munilla y hoy Elizalde son la desautorización vaticana absoluta del desastre total que el Vaticano había montado. Sin reconocer responsabilidades anteriores, evidentes, pero de modo meridiano. Y aquello comienza a cambiar. Lentamente, porque el daño era tremendo, pero ya es otra cosa. De aquellos pésimos obispos que Roma nos envió sólo quedan en este mundo Setién, el peor de todos, afortunadamente muy desaparecido en puertas de cumplir 88 años, y Uriarte que todavía pulula por ahí con 82. Como no se dice voy a ser yo quien lo diga. El actual episcopado vasco, el último nombrado por el Papa Francisco, es la más radical desautorización por Roma de sus predecesores. El redactor de Germinans añora para su tierra unos obispos como los que hoy tienen las Vascongadas. Le entiendo perfectamente. Yo también. Coincido totalmente con él en el fracaso de la solución valenciana. No hubo uno bueno. Carles, el mejor de todos, y que fue un buen obispo de Tortosa, demostró sobradamente que Barcelona le venía muy grande. Y se lo comió. Añora que no salgan del clero catalán, que los hay, nuevos obispos para Cataluña como del clero vasco salieron Munilla e Iceta. Elizalde, navarro, sería como la opción valenciana. Aunque estoy seguro de que con mucho mejor resultado. Pero no debemos olvidar que no pocos de los peores obispos de Cataluña eran catalanes de nacimiento. Jubany, Guix, Deig, Pont, Camprodón, Soler, Torrella, Novell, Ciuraneta. El mejor obispo de aquella región hoy, por sus resultados pastorales, no nació en Cataluña ni en Valencia. El valenciano de Tortosa, apenas inaugurado, parece que no lo está haciendo mal. Ojalá sea le excepción que confirme la regla. Nacidos en Cataluña aceptables, apenas dos, Vich y un auxiliar, que como tal pasa muy desapercibido. Tarragona, sin ser malo, con notable síndrome de Estocolmo como si hubiera que hacerse perdonar el ser del Opus Dei. El copríncipe tras un revolcón histórico al ser postergado para Barcelona como lo peor pretendía, pienso que ya para ser enterrado, cuando llegue el día, en su hermosa catedral de Urgel.. No dudo que hay excelentes sacerdotes catalanes que podrían ser obispos. No muchos, tampoco exageremos. Creo que Corts ha sido un buen candidato desaprovechado. Veremos lo que da de sí Omella. Creo que mal no ha empezado. Lo que hoy algunos le achacan me parece una respuesta medida a una realidad que allí acontece. Y de elemental protocolo. Gomá fue un excelente arzobispo de Toledo y Don Marcelo lo hubiera sido de Barcelona si le hubieran dejado. Yo en Madrid he tenido de arzobispos a un madrileños, un levantino, un vasco, un gallego y un cántabro. La diócesis los acogió sin el menor problema. Y en mi diócesis natal a un madrileño, un albacetense y tres gallegos. Y ninguno de los gallegos galleguista. También sin problema alguno. La Iglesia es universal, me parece lamentable intentar hacerla localista.
«Tengo sana envidia del episcopado vasco»
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