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Tampoco puede Francisco presidir la misa de ayer domingo

Comentarios
6 comentarios en “Tampoco puede Francisco presidir la misa de ayer domingo
  1. Le habéis visto caminar, verdad?. Por la rodilla, claro que por la rodilla. Si tenéis o habéis tenido personas mayores en casa, lo sabréis, el dolor que sienten al caminar.

  2. Les escribe el Diacono Permanente Carlos Uranga de la Arq. de La Plata.
    Ante la reiteracion del uso del termino » Presidir » la eucaristia, les pido por favor que eliminen ese modo de expresion,
    LA SANTA MISA , NO ES UNA ASAMBLEA DE ALGUN CONJUNTO DE PERSONAS DE DETERMINADA ORGANIZACION.
    NO TIENE PRESIDENTE, VICE PRESIDENTE, SECRETARIO, ETC.ETC.ETC.
    Como uds. saben muy bien LA SANTA MISA ES EL MEMORIAL DE LA MUERTE Y RESURRECCION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO O SEA
    HACER PRESENTE LO MISMO QUE OCURRIO EN EL GOLGOTA.
    Quien señores puede » Presidir » el memorial que es la SANTA MISA.
    Agradeciendo la oportunidad de expresarme quedo a disposicion para quien desee comunicarse conmigo.
    Carlos Uranga Diacono Permanente.
    mail : carlosuranga1942@gmail.com

  3. Existen también las unciones no-sacramentales, ya sea que utilicen el aceite material para las unciones o ya nos refiramos a las unciones espirituales y místicas que el Espíritu Santo puede realizar simbólicamente en las almas sin el uso del aceite común. Probablemente, los apóstoles de Jesús no ejercitaban aún ningún sacramento, cuando ‘expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y se curaban’ (Mc 6,13). Pero sí se da un uso simbólico del aceite desde la fe en la curación. Esta costumbre se ha continuado en la Iglesia a través de la unción no sacramental de enfermos con aceite bendecido. Así lo hacía Santa Catalina de Siena y se lo impidieron hacer los que creían que administraba la unción sacramental de los enfermos. También tendríamos que acostumbrarnos a ungir espiritualmente todo lo nuestro con el óleo del Espíritu de Dios para que todo quede santificado, sanado y divinizado: nuestros trabajos y nuestros cansancios, nuestros problemas y nuestros disgustos, nuestras medicinas y nuestras enfermedades, nuestros planes y nuestras decisiones, nuestra oración, nuestro descanso y nuestra entrega. Las unciones espirituales del Espíritu Santo transformarían eficazmente nuestras vidas.

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