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También hay que oír, una vez más, al P. Santiago Martín

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Renuncia de Benedicto XVI - Wikipedia, la enciclopedia libre

Y en él a Benedicto XVI

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19 comentarios en “También hay que oír, una vez más, al P. Santiago Martín
  1. Luis Fernando,un buen periodista,indica donde y cuando,un fulano dijo,tal o cual cosa.y tambien tiene cuidado de no sacar frases de contexto,esto lo digo por las frases que achacás a Benedicto.

  2. Luis Fernando,el Padre Santiago Martín ,destila humildad,inteligencia,valentía y varias cosas más,imposible no recurrir a él en la hora de la confusión.

    1. No tengo la menor duda de que tiene usted razón. Y lo digo en serio. Yo también me confesaría con él.
      Pero eso no afecta a lo que he dicho.

  3. El Padre Santiago Martín,tiene las agallas del español más español¡¡¡nada que ver con un periodista prudente¡¡¡Coincido absolutamente con su análisis.

  4. Sigue con la milonga de la hermenéutica de la continuidad, que es uno de los mayores engaños perpetrados en la historia de la Iglesia.

    1. Este tipo de afirmaciones son l descripción pura de el arrogancia. Como tu, millones de personas completamente convencidas de su opinión y subidas en su atril pontificando a quien se le ponga delante sobre la verdad.

      La ultima persona que acercaste a Xto con este tipo de clarividencia aun la buscan los servicios de inteligencia del mundo.

      1. Quien dice que «algo» es un «anti-algo», luego no puede pretender que hay continuidad entre el «algo» y el «anti-algo». Para entender esto no hace falta estudiar teología. Basta sentido común y no mandar a hacer puñetas el principio de contradicción.

        Dicho lo cual, quede claro que yo solo manifiesto mi opinión. No pontifico ni poco ni mucho. No soy pontífice. Soy la nada. Y cada vez, gracias a Dios, menos nada.

        1. Vamos a ver:El principio de contradicción no es el único.
          El de identidad es incluso más importante ,dado que -más que al pensar-,atañe al propio ser.
          Sin decantarme en el asunto que tratamos,creo que- cuando menos-la hermenéutica de la continuidad es una hipótesis de trabajo razonable.A la luz de hasta qué punto tantas y tantas veces se ha hecho lo contrario de lo que el vaticanazo segundo recomendó(por ejemplo,el mantenimiento de el «meollo» de la Santa Misa en latín;como de la música sacra,que incluso anima a potenciar),..,el intento de salvar lo más básico y fundante de aquel naufragio,no es tan descabellado.
          Paco Pepe,tan ligado a la excelente revista Verbo,recordará cómo en ella se dejaba la piel un excelente jesuita,precisamente deshaciendo aparentes contradicciones;y haciendo hincapié en leer los textos conciliares a la luz de la Tradición.
          Lo que sí es una contradicción pura y dura es el intento de convertir un evento que programáticamente se autodefinió como solamente pastoral,en un superconcilio refundante de la Iglesia,con la pretensión de que la misma nace a partir de 1962.Pienso que es por ahí por donde hay que meter el estoque hasta la empuñadura.
          Por cierto,que no es baladí el hecho de que la columna vertebral de aquellos textos-Lumen Gentium-,desde el minuto cero,y por orden de «la autoridad superior»,haya que leerlo a la luz de una Nota que es de hecho la primera piedra de esa hermenética de la continuidad.

          1. No, no es razonable mandar al carajo el principio de contradicción forzando el principio de identidad que necesariamente salta hecho pedazos si se quebranta el primero. De lo contrario, no estaríamos ante la Iglesia de Cristo sino ante una secta que puede ir cambiando de doctrinas esenciales como el que cambia de chaqueta.
            A mí todas las dudas sobre el CVII no me las despejó Lefebvre, como han llegado a decime algunos. Si ese fuera el caso, habría sostenido lo que sostengo ahora hace mucho tiempo. Esas dudas me las despejaron los propios papas posteriores al concilio. Solo hay que leerles para entender que el concilio es contrario al magisterio pontificio previo en asuntos cruciales. Lo dicen ellos. A confesión de parte…

          2. Precisamente lo que hay que probar es que se da contradicción verdadera, y no aparente.Las personas que aceptan y trabajan esa Hermenéutica, niegan tal contradicción. Creo que hay que ser sumamente cuidadosos al respecto,y seguir ahondando en el tema,sin darlo por cerrado.

          3. Carlos, no hay nada que probar. Ratzinger escribió que el CVII era el anti-syllabus. Literalmente. No yo. No Lefebvre: Ratzinger.

            Y por si a alguno le quedara alguna duda, el mismo Ratzinger, ya como Papa, dijo en un discurso a la curia que el CVII asumía los principales valores de la Ilustración. Especialmente el de la libertad religiosa. Repito. Eso no lo dije yo. Ni Lefebvre: Benedicto XVI.

            Si pillas a alguien con el puñal ensangrentado en la mano y diciendo «he sido yo», no hay nada que probar.

            Por supuesto, luego vas y lees los textos y te das cuenta de que, efectivamente, Benedicto XVI tiene razón. El CVII es contrario claramente al Magisterio previo. Pero al que no quiera hacer esa comprobación, le bastan las palabras del papa alemán.

            Y, por cierto, la milonga esa de la hermenéutica de la continuidad también la intentaron usar los neoconservadores (Muller, Burke, etc) con Amoris Laetitia. Texto herético donde los haya. Salieron todos a decir que había que interpretarla conforme al magisterio anterior. Pero entonces asomó Francisco y dijo que «naranjas de la china», que la única interpretación posible era la dada por los obispos de BB.AA. O sea, la herética. Y entonces los otros callaron como… como eso.

            Señores, a otro perro con ese hueso. Un servidor no juega mas en la liga de la apostasía.

          4. Otra cosa. Dices: El principio de contradicción no es el único. El de identidad es incluso más importante

            Te digo:
            Los principios lógicos no atañen al ser, se desprenden del mismo. No son leyes que regulan el ser sino que son criterios por los que se ordena el pensar de acuerdo a la naturaleza del ser. Entendiendo lo de «atañe al ser» en el sentido de que su negación tiene efectos nocivos en la comprensión del ser de las cosas, que es claro, sucede tanto en el de identidad (‘p’ es ‘p’) como en el de negación (‘p’ no es ‘no p’). En el único sentido en que se dice que el de identidad es anterior al de no contradicción es en el pedagógico, porque conocemos por el proceso discursivo y, del mismo modo que las reglas de las sumas son anteriores a las de las multiplicaciones, el principio de identidad necesariamente se aprende antes que el de no contradicción. No se puede confundir el orden gnoseológico con una especie de jerarquía ontológica.

  5. Todos mis respetos para con el P. Santiago Martín. Dicho esto, como en mi opinión siempre nada y guarda la ropa, sus juicios carecen de interés para mí. Un defensor de Jesucristo y su Iglesia no puede andarse con medias tintas. Me quedo con Aberasturi y González Guadalix.

  6. Como os comenté hace unos días,la canallada perpetrada el día del Carmen(son malos hasta en el ritualismo de elegir las fechas),me ha llevado a desempolvar los viejos Misales de mis antepasados.Y os cuento mi experiencia personal.
    Comienzo mi jornada leyendo la Misa completa del día,usus antiquior.Que me sirve de excelente preparación para asistir con mucha más devoción a la única Misa que tengo a mano,novus ordo.
    Descubro en la mal llamada Misa Tridentina una serie de elementos altamente reveladores,conmovedores y didácticos.
    1.Su Trinitarismo.Las oraciones,de modo continuo,inciden y se dirigen al Dios Trino,por contraste con el criptoarrianismo instalado tras el vaticanazo segundo.
    2.Su Soteriología.De modo también continuo,las plegarias recuerdan que necesitamos ser salvados,sanados,curados,de nuestras muchas enfermedades del alma,recibiendo los medicamentos(«medelam»)que imploramos de la Divina Misericordia.
    3.Su Comunión de los Santos.En las antípodas protestantes,el usus antiquior está completamente abierto a la gran Familia que tenemos en el Cielo,invocando a muchos de esos nuestros Hermanos Mayores que nos han precedido:Desde áquellos cuyas reliquias yacen en las aras de cada altar,hasta los Ángeles,el Bautista(«mayor hombre nacido de mujer»),los Apóstoles,y un buen elenco de los primeros Martires de nuestra bimilenaria historia;yendo incluso mucho más atras:El justo Abel,Abraham nuestro padre en la Fe,y hata el misterioso Melquisedec.Todo ello es una manifestación estupenda de literal catolicismo,de universalidad;de tener claro que en cualquier buena familia no sólo cuentan los padres,sino también los hermanos;y cuando éstos han dado más que pruebas de ser excelentes,tenemos la seguridad de que serán los mejores intermediarios,puesto que se dejarán la piel para que las relaciones en la Casa sean cada vez mejores.
    4.Su «machaconería».Que,lejos de ser cansina por iterativa,reproduce elementos vitales esenciales(como muy bien hizo notar san Juan Pablo II):La inspiración y expiración pulmonar;las sístoles y diátoles del corazón,..,son elementos sine qua non de estar vivos.Así,el usus antiquior tiene unos mantras saludabilísimos,pues machaconamente incide en la Inconmensurabilidad del Ser Divino,-Uno y Trino,y de su Misericordia.Y en nuestra radical precariedad e indegencia:Primeramente,óntica;como criaturas que somos.Y después ,moral;con una naturaleza caída que nos lleva a hacer tantas veces un mal uso de la libertad -limitada,pero verdadera-,que el Señor nos Regaló.Ello apareja una antroplogía fundamental-por auténtica-,que nos permite a cada uno ejercer aquel sabio consejo del inigualable Sócrates :Nosce te ipsum!.Porque sólo cuando con humildad y honradez descubrimos la indigencia y menesterosidad de nuestro ser,-y de nuestro obrar-,comenzamos a ser autenticamente seres humanos;pero también sólamente cuando descubrimos la Omnipotencia y la Misericordia Infinita de Dios,comenzamos a saber que «tenemos remedio»(«medelam»).
    Son unas pinceladas que,a vuela pluma,quiero dar y compartiros,sobre las reflexiones a las que me está llevando leer,-y saborear como el mejor de los vinos-,los textos del Usus Antiquior.

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