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«¿Somos contagiosos los creyentes?»

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El lamento del obispo de Córdoba se hace viral: «¿Somos contagiosos los  creyentes?»

El obispo de Córdoba se ha hecho eco del agravio que desde que se inició la pandemia viene sufriendo la Iglesia, y por tanto los católicos, por la autoridad civil, sea del color que sea. Del PP a Podemos. La policía entrando en la iglesias e impidiendo el culto, aforos ridículos en iglesias amplísimas, se puede ir a un partido de fútbol, a un concierto, a la playa… pero no a una procesión, que no están permitidas.

Don Demetrio ha puesto de manifiesto esta diferencia de trato que sufre la Iglesia y los que somos católicos, injusta y sin sentido. Es un obispo que siempre está donde debe y ciertamente se lo debemos agradecer. Pero sus palabras hacen inevitable recordar el muy triste papel desempeñado por la Iglesia en todo esto y que ha propiciado que las autoridades la tomen por el pito del sereno.

Muy bien el obispo de Córdoba pero quien debió manifestarse de ese modo es el cardenal Omella, inexistente presidente de la Conferencia Episcopal Española y auténtica Rosita la pastelera con la autoridad civil. E inexistente también nuestra Iglesia en lo que a la defensa de sus derechos se refiere siendo un auténtico  perro mudo. El silencio cómplice ante la profanación de la basílica del Valle fue el modelo a seguir ante todas las posteriores injerencias de la autoridad en cuestiones eclesiales y la vergonzosa bajada de pantalones de la Iglesia española cerrando las iglesias sin que nadie se lo pidiera y con unos resultados deplorables eclesialmente de los que no va a levantar cabeza, una declaración a las autoridades de que para lo que se les ocurriera, ancha era la Iglesia.

https://www.abc.es/sociedad/abci-lamento-obispo-cordoba-hace-viral-somos-contagiosos-creyentes-202109011751_noticia.html

 

Comentarios
11 comentarios en “«¿Somos contagiosos los creyentes?»
  1. No hay ninguna normativa civil que impida las procesiones. De haberla sería nula puesto que sin estado de alarma, excepción o sitio no caben limitaciones de derechos fundamentales como son los de libertad religiosa, manifestación o reunión.

    No sé cuándo dijo eso don Demetrio, pudo decirlo si aune staba vigente el estado de alarma, pero hoy por hoy estaría faltando a la verdad. Ya que son únicamente los propios decretos episcopales los que impiden salir en procesión. Ni las subdelegaciones del gobierno, ni las autoridades regionales, ni mucho menos las municipales pueden impedirlo.

    Acogiéndose a lo dispuesto en la normativa actual, bastaría con la obligación de usar mascarillas sólo en el caso de que hubiera aglomeraciones, y en esas aglomeraciones no se pudiese mantener la distancia de un metro y medio entre personas. Es decir, que una procesión podría salir prácticamente como lo hacía en 2019 sin inflingir ninguna norma. Incluso a cara descubierta.

    Desde el principio de todo esto las jerarquías eclesiásticas han dado un ejemplo constante de miedo, de falta de fe y de falta de esperanza. El miedo al virus por encima de la confianza en la divina providencia, el sometimiento ciego a las imposiciones gubernamentales por encima de cualquier razonamiento lógico, la incapacidad para acaudillar a sus rebaños en esta situación, sólo ha venido a confirmar que en la Iglesia, igual que en las demás instituciones de la era democrática, solo medran los mediocres.

  2. Y olvidan ustedes la penosa imposición de la comunión en la boca. Que ha llegado para quedarse siempre.
    Ojalá y se pudiera recuperar tan fácilmente como una procesión el que los fieles comulguen como manda la Iglesia desde hace siglos.

  3. ¡No! Los creyentes no somos contagiosos. Los penosos son los obispos… y que cada uno examine su conciencia. Hace tiempo que muchos cofrades han denunciando este abandono en las redes sociales.
    Es patente el desinterés mostrado por nuestros pastores, que han ido incluso más allá del Estado de alarma: les faltó tiempo para cerrar iglesias, prohibir todo tipo de procesiones, encerrarse en sus palacios, imponer normas contra el derecho de los fieles, y algunos hasta se adelantaron a la vacunación…
    ¿Y ahora sale este obispo con este sensacionalismo? !A buenas horas! Dime de qué presumes….
    Los creyentes no somos contagiosos, pero los pastores sois vergonzosos. Muchos os habéis dormido o abandonado el rebaño, y al mismísimo Señor. Quizás os duela la bolsa, que es por lo que mayor interés os movéis y guardáis silencio ante tanta tropelía.
    Pues ahora toca aguantarse, ya que tanto habéis callado.

  4. La homilía es de mayo y la pronunció delante de los representantes políticos municipales y regionales (por tanto responsables de la situación) que estaban presentes. Pero nada, a día de hoy seguimos sin poder salir a la calle. El agravio comparativo con la Vuelta Ciclista a España a su paso por Córdoba ha sido la gota que ha colmado el vaso. La procesión de la Fuensanta no se ha autorizado y todo parece indicar que el resto de las que deberían salir en septiembre tampoco lo podrán hacer. Todo con gobierno municipal y regional del PP, dicho sea de paso.

  5. Pero vamos a ver si yo me aclaro, porque lo que dicen en muchos ayuntamientos para no dar permisos para realizar procesiones es que hay un decreto del obispado que las prohíbe, véase por ejemplo el Arzobispado de Sevilla. En qué quedamos, quién es el que las prohíbe.

  6. 1. Mi pregunta es ¿y los mercenarios son contagiosos en descreer la fe católica? ¿Qué tipo de aceita llena sus lámparas o no tienen aceite del bueno?
    2. Pues, la persona que desempeña por otra un empleo o servicio por el salario que le da si hace un agujero y guarda el talento ¿qué recompensa recibirá?
    3. Pues, si se desempeña el empleo o el servicio por la subvención del 0,7% ¿a qué señor se sirve? Gracias a Dios, no son todos pero hay tan pocos y de forma tan tímida y ambigua…

  7. La actuación episcopal durante los peores días de la pandemia fue, cuanto menos, cobarde y mezquina. Hubo de todo, menos fe. En España y en muchos otros países, Vaticano incluido. Dejaron sin misa a los fieles, a veces sin que el estado lo impusiera. Ni siquiera en épocas de peste o guerra había ocurrido nada parecido en los más de 20 siglos de historia de la Iglesia.
    Sacerdotes auténticamente heroicos que se jugaron la vida en los hospitales, llevando sacramentos y consuelo a los enfermos, también hubo.

    1. No es el caso de D. Demetrio. Pidió expresamente a los sacerdotes que no se cerraran las parroquias (ni el culto ni las Cáritas) desde el primer día de estado de alarma. Él mismo presidía diariamente la Eucaristía en la Catedral con puertas abiertas. Las parroquias ampliaron el horario de apertura para que las personas pudieran visitar al Señor en sus salidas autorizadas (para ir a comprar o a la farmacia, o lo que sea). La Diócesis se opuso firmemente contra los cierres obligados de iglesias en algunos municipios, que dejaron de producirse tras hablar con las autoridades competentes y la Guardia Civil. Se autorizó de forma generalizada a fieles de confianza de las parroquias a llevar la comunión a sus mayores enfermos y a confinados, cuando el sacerdote no podía entrar en aquellas casas por seguridad. Nunca hubo en esta diócesis un decreto que prohibiera ningún tipo de culto ni procesiones, ni que obligara a comulgar de una forma específica. Generalizar las decisiones de todo el Episcopado no es de justicia con los que sí se portaron como pastores responsables.

  8. Pues no.Desgraciadamente
    somos tan tibios y sosos,
    que no somos contagiosos,
    ni al corazón ni a la mente.
    Si ,en verdad,Nuestro Señor
    Hallara celo en nosotros,
    lo notarían los otros;
    contagiandoles su Amor.
    Pero,a lo más, nos quedamos
    con Él, tan dentro,tan dentro,
    que-aunque sea nuestro centro-
    para nosotros le aislam
    os…
    Pero Cristo Es…¡para darle!
    Como El Padre Hiciera otrora.
    Como Hizo Nuestra Señora.
    ¡No hay otro modo de amarle!
    Contagiemos,pues,a Aquél
    que Quiere Ser Replicado;
    y Vivir Resucitado
    en quien se «infecte» de Él…

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