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Sobre mi amigo José Ignacio Dallo

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Simultáneamente estuvimos seriamente tocados por la enfermedad él y yo. Cuando pude informarme de su estado por amigos comunes las noticias no eran buenas.  Estaba bien de cabeza pero afectado un lado del cuerpo e imposible hablar por teléfono con él  pues oía muy mal o incluso menos.

Y entonces la gran y magnífica sorpresa. Suena el teléfono, lo cojo y la voz de José Ignacio. Y larga conversación, sin dificultades  auditivas notables por su parte. Enorme alegría por la mía.

El arzobispo de Pamplona y su obispo auxiliar fueron a visitarle en la residencia. Me parece obligado. Pues eso lo cumplieron. Con mayor o menor gusto pero allí estuvieron. Queda un paso por dar que me parece obligado.

Dallo perdió su canonjía por defender el sacramento de la penitencia en enfrentamiento con su arzobispo Cirarda. Roma avaló lo disposición arzobispal, como suele hacer siempre que un sacerdote se enfrenta con su obispo aunque tenga más razón que un santo.

Pero algo de mala conciencia tenían y dejaron una puerta abierta a la recomposición. Si pasado un tiempo el obispo reconsideraba su sanción Dallo podía ser repuesto en su canonjía.

Han pasado muchísimos años. El arzobispo sancionador, Cirarda,  falleció en 2008 sin el menor atisbo de generosidad. Su sucesor, Sebastián (1993-2007) murió en 1919 sin que la generosidad tampoco le tocase el alma. Ahora rige la archidiócesis Francisco Pérez González (2007- ), que presentará la renuncia el 13 de enero de 2022, dentro de seis meses, el que fue a visitar al enfermo en la residencia sacerdotal y que debería cruzar esa puerta que Roma dejó abierta hace ya tantos años.

Dallo es un anciano, creo que de 86 años, está en una residencia sacerdotal, fuertemente afectado por el ictus, su combativa revista Siempre p’Alante se ha despedido publicando su último número, la reposición en la canonjía sería a título de emérito sin presencias ni roces… Anímese, Don Francisco y quedaría usted muy bien.

Comentarios
6 comentarios en “Sobre mi amigo José Ignacio Dallo
  1. Da la terrible impresión de que los obipos de Pamplona citados son una recua de sinverguenzas. Lo malo es que no destacan en el panorama actual. Parece ser lo habitual.

  2. Don José, su aguda y sensata reflexión le honra, y honra a don José Ignacio Dallo, nuestro amigo.
    ¡Gracias, muchas gracias, por acordarse de él!
    Hoy he recibido , con la puntualidad espartana de SIEMPRE P´ALANTE, el núm. 851 (Último) de la revista, treas 39 años de licha infatigable por Dios y por la supremacía del Reinado Social de Cristo.
    Aprovechando que don José Ignacio no ha podido participar en su elaboración, dado su delicado estado de salud, sus colaboradores LE HAN HOMENAJEADO COMO SE MERECE. (De seguir él al frente de la revista, no lo hubiera permitido).
    Confió y espero que el excelentísimo señor Arzobispo de Pamplona le restituya lo que es suyo: la dignidad y categoría de Canónigo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Pamplona.
    Es de Justicia, humana y Dívina.

  3. Le deseo a este buen sacerdote, que cuando Dios le llamé a su presencia le diga: «Ven siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor»

  4. El titular de Pamplona es un bergogliano repugnante que hace unos años cometió una atrocidad cediendo ante el socialcomunismo. No espere nada de él.

  5. Tras lo leído hace semanas sobre este sacerdote, solo puedo desearle lo mejor, a saber: que se recupere y que viva aún muchos años.

    1. Hombre lo mejor lo mejor es que Dios le acoja benignamente a su presencia cuando El quiera y disponga. Dicho esto también le deseo la recuperación

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