Sobre el cardenal Tarancón

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10 comentarios en “Sobre el cardenal Tarancón
  1. No creo que sea justo culpar a Tarancón de todo lo que pasó en aquellos años (que fueron años negros, ciertamente). Por ejemplo, el gran desplome en las vocaciones se produjo antes de que llegara a la calle Bailén. Tampoco fue él quien llenó Madrid de curas rojos (que ya estaban fuera de control en los últimos meses de Morcillo, cuya muerte aceleraron) ni quien patrocinó la funesta Asamblea Conjunta. Tampoco es culpable del nacionalclericalprogresismo catalán (ya muy fuerte antes del Concilio) ni del abertzalismo clerical vasco (ídem). Sí tiene más responsabilidad en la actual impotencia política de la Iglesia española pero compartida con los que marcaban la política vaticana en España (los nefastos Benelli y Dadaglio). No es casualidad que la influencia taranconiana se esfumara con el relevo de uno y otro.

  2. Lo de Franco y Roma está en las antípodas de la «obediencia ciega»: para nada. Fue una decisión tomada en conciencia, mirando el bien de la Iglesia: no el si tengo razón o no. Este fue el ejemplo que quiso dejarnos: no el de romper con Roma, que no tiene nada de católico: va más por el cisma, la herejía, el enfado personal o así. Él fue siempre católico, desde su Bautismo hasta su muerte natural.

  3. «Todo ello, sumado a los errores que el cardenal pudo cometer durante sus años al mando de la Iglesia española en estos convulsos años, hace que no sorprenda que el final de su vida pública no fuera precisamente fácil para el cardenal. La llegada de Juan Pablo II, un papa con un perfil muy diferente a sus predecesores y que nunca tuvo buena sintonía con Tarancón, precipitó su cese como presidente de la Conferencia Episcopal y como arzobispo de Madrid.»

    Comenta algún cura que afortunadamente Juan Pablo II lo alejó del arzobispado. Más tiempo y habría borrado de la faz de la Tierra a la Iglesia de Madrid con su progresismo…

    ¿Por qué biografían tan indulgentemente a alguien que debiera ser recordado como devastador?

    Tarancón fue el triunfo absoluto y total de las tesis eclesiales más extremistas del progresismo liberal y modernista de los 1970-1980…

    Aparente cardenal de la libertad y la tolerancia, del Concilio Vaticano II, amigo del jijijaja, sonriente y abordable, supuso una catástrofe espiritual que arruinó a la Iglesia madrileña durante toda una generación.

    Sólo hay que comparar las dos diócesis cercanas, la del Cardenal de Toledo y la de Madrid del Cardenal Tarancón: con el mismo presbiteriado, la toledana arriba, la taranconiana para abajo…

  4. Ufffffffffffff! El libro lo leerá «Rita la cantaora! Vaya personaje el tal TARANCON… me acuerdo que al final de su vida se rectificó de haber apoyado la Constitución del 78, al menos en algunos puntos digamos que controvertidos.
    Me alegra leer comentario de P. José Luis ABERASTURI

  5. Coincido con D. José Luís pero voy más allá y digo que para mal. Muchos de los problemas que hay y que se van solucionando con exasperante lentitud, proceden de sus democráticas decisiones.

    No sé si uno ha de ser católico como dice D. José Luís que era Franco, que creo que es muy loable, pero cuando se tiene la responsabilidad que tenía, creo que hay que aparcar un poco la obediencia ciega. Claro que cualquiera le explica eso a un militar.

    1. Lo de Franco no fue «obediencia ciega»: fue su decisión personal, tomada en conciencia. Esto es ser católico. Ahí puso su responsabilidad: no en darnos ejemplo de romper con Roma, que no tiene nada de católico, sino de hereje, cismático o así. En mi opinión, por supuesto.

  6. Un personaje funesto, favorito de un papa de gran altura intelectual y nula autoridad e incapacidad absoluta para hacerse respetar. Los intelectuales suelen carecer por entero de sentido práctico y todo lo que intentan les sale mal…si se atreven a intentarlo. En el caso del flordelisado, muchas veces ni siquiera lo intentó.

  7. Q fue clave, cierto. Otra cosa es en qué sentido, si para bien o para mal. Y este es el quid. En mi opinión, fue el hombrecito de Roma, la voz de su amo. Y triunfó en su empeño porque Franco no estaba por la labor de oponerse a Roma: que pudo hacerlo salvando su conciencia incluso. Pero no quiso: era Católico. Simplemente, y sin rendijas. Y pasó lo que pasó.

    1. Franco se opuso a Roma, lo tuvo 19 años desterrado en Solsona ya que casi todos los nombramientos de aquella época pasaban por el Pardo.

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