Importante artículo de Prudentius de Barcino en Germinans. http://germinansgerminabit.blogspot.com.es/2016/01/un-mes-sin-el-y-ya-se-abalanzan-sobre.html Refleja muy bien el pasado y se interroga sobre el futuro. La gerontocracia que gobernó Barcelona, pesándole todavía más los años y con huecos ya muy numerosos, aspira a morir en el poder. Sistach se va a encontrar muy solo en sus años de retiro. Esperemos que ello le sirva de advertencia a Omella. El nuevo arzobispo no lo tiene fácil. Y supongo que ello va a traer segundas derivadas. Hay dos arzobispos, Madrid y Barcelona, que van a necesitar respaldo pontificio, además del ya indudable del nombramiento. Y eso se verá con el cardenalato. No creo que en el próximo consistorio, lo de que lo iba a anunciar el Papa hace unos días era estar en la inopia, haya dos capelos españoles. Uno en cambio es muy probable. Pienso que cuando se celebre el cardenal Rouco ya no tendrá voto en Cónclave y el cardenal Sistach lo conservará durante unos meses, menos de un año. Eso en principio sería favorable a la creación del madrileño. Pero el Papa puede hacer otra cosa y sin duda va a estar más necesitado de respaldo el barcelonés. Porque Osoro, si quiere y a casi nada que ponga de su parte, aunque tiene que ponerlo, se gana a su clero. Omella lo tiene mucho más complicado. La promoción cardenalicia hará pensar a muchos, con razón o sin ella, que el promovido es el hombre del Papa en España. Y eso va a ocurrir en vísperas de la elección de presidente de la Conferencia Episcopal que tendrá lugar dentro de un año y un par de meses. Y para la que ya están cantados, en lo que pienso, los candidatos. Precisamente los dos que aspiran al capelo. Blázquez está ya amortizado y la elección le encontrará con la renuncia ya presentada o a días de hacerlo. No parece pues candidato ni aun contando con la prórroga. En las cuentas que hago a día de hoy, posiblemente equivocadas, me salen más votos para Barcelona que para Madrid. Pero de aquí a la plenaria de la primavera de 2017 va a haber posiblemente una docena de nuevos obispos que sin duda condicionarán la elección. Y tanto Osoro como Omella tienen por delante un año para acreditarse. O desacreditarse.
Sistach, Omella… y la basura
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