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Siguen llegando a los altares mártires de la cruelísima persecución religiosa ocurrida en España en el pasado siglo

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Ayer mismo se publicaba el martirio de varios más con lo que debemos estar muy cerca de llegar a los 2.000 beatos proclamados ya por la Iglesia.

– il martirio dei Servi di Dio Angelo Cuartas Cristóbal e 8 Compagni, Alunni del Seminario di Oviedo; uccisi in odio alla Fede a Oviedo (Spagna) tra il 1934 e il 1937;

– il martirio del Servo di Dio Mariano Mullerat i Soldevila, Laico e Padre di famiglia; nato a Santa Coloma de Queralt (Spagna) il 24 marzo 1897 e ucciso in odio alla Fede a El Pla, vicino ad Arbeca (Spagna) il 13 agosto 1936;

Estando varios más solo a la espera de que se celebre el acto de beatificación con fecha ya señalada.

La archidiócesis de Toledo nos ofrece una entrevista al sacerdote  Don Jorge López Teulón. sin duda hoy el mayor experto en aquel martirio y postulador de la causa de los Mártires de la Provincia Eclesiástica de Toledo y de la Diócesis de Ávila. Autor también de numerosos artículos y libros sobre aquel genocidio de recomendabilísima lectura.

Os enlazo la entrevista mencionada:

https://www.architoledo.org/noticias/jorge-lopez-desligar-lo-politico-e-incluso-la-guerra-civil-martires/

 

7 comentarios en “Siguen llegando a los altares mártires de la cruelísima persecución religiosa ocurrida en España en el pasado siglo
  1. VENERABLE MULLERAT
    MARIANO MULLERAT I SOLDEVILA

    Nació en Santa Coloma de Queralt (Tarragona), el 24 de marzo de 1897. Fue el sexto de los siete hijos supervivientes del matrimonio constituido por Ramón Mullerat i Segura y Bonaventura Soldevila i Calvís. Recibió el bautismo el 30 de marzo, y la confirmación el 17 de mayo del mismo año 1897. Frecuentó una escuela en su pueblo natal hasta los trece años. Después lo enviaron a Reus (Tarragona), donde ingresó en el colegio «San Pedro Apóstol», perteneciente a los religiosos Hijos de la Sagrada Familia, fundados por San José Manyanet. En calidad de alumno interno realizó cuatro años de estudios, de 1910 a 1914, y se examinó con óptimos resultados en el Instituto de Segunda Enseñanza de la misma ciudad.

    En 1914 comenzó a cursar la carrera de medicina en la Universidad de Barcelona. Se distinguió por su aplicación al estudio y por su abierta profesión y defensa de la fe. Desde 1919 fue alumno interno pensionado de la Facultad de Medicina, con la obligación de estar en contacto directo con enfermos ingresados. Fue uno de los estudiantes más activos que recorría, especialmente durante las vacaciones, diversos pueblos y ciudades dando conferencias sobre temas católicos y sociopolíticos en conformidad con la doctrina de la Iglesia. Obtuvo la licenciatura en medicina y cirugía en octubre de 1921.

    Desde noviembre de 1918 entabló una correspondencia epistolar con la joven Dolors Sans i Bové en orden a contraer matrimonio, que se verificó en Arbeca, archidiócesis de Tarragona y provincia de Lleida, el 14 de enero de 1922. En esta población de alrededor de 3000 habitantes establecieron su hogar, y allí, y en diversos pueblos vecinos, ejerció como médico. Del matrimonio nacieron cinco hijas, aunque la primogénita murió apenas nacida en enero de 1923. Las cuatro restantes recibieron una formación profundamente cristiana. Perteneció a la asociación de los Ejercicios Espirituales Parroquiales. Se inscribió en el Apostolado de la Oración y fue presidente del grupo de la Perseverancia de la fe. Animaba a los enfermos graves a recibir los sacramentos, asistía a los pobres de manera gratis y hasta los ayudaba con medios materiales.

    Desde 1923 a 1926 dirigió un periódico local en catalán, titulado «L’Escut». Fue elegido alcalde de Arbeca el 29 de marzo de 1924, y desempeñó el cargo por dos trienios consecutivos, hasta marzo de 1930. Su elección no estuvo motivada por la pertenencia a algún partido político, ni fue alcalde para hacer política, sino para servir al pueblo. Era respetado por sus conciudadanos, trabajó en favor de una convivencia en paz entre los habitantes de la villa, e impulsó el progreso en los diferentes ámbitos, también en el religioso. Gozaba de gran prestigio en la provincia.

    Al proclamarse en 1931 la Segunda República Española se manifestó muy consciente de la gravedad de la situación y del peligro que corría su propia existencia, por motivo de la fe que profesaba en el ámbito personal y profesional. Fue preparándose para lo que presentía que le iba a ocurrir y, ya desatada abiertamente la persecución, arriesgó la vida y se mantuvo generosamente al lado de sus enfermos. Fue sacado violentamente de su domicilio en la mañana del 13 de agosto de 1936.

    Por lo que al Venerable se refiere, vio desde el primer momento que le perseguían por su significación católica. Pidió entonces una vez más a su esposa que perdonara a sus contrarios, como él los perdonaba. El odio a la fe que profesaba se manifestó con toda claridad en las palabras y acciones de los que invadieron su morada para aprisionarle. Antes de que le obligaran a salir del hogar arrojaron por un balcón objetos religiosos que le pertenecían. Amontonados en plena calle, los prendieron fuego. Pero no paró aquí la manifestación de la intencionalidad profunda que animaba a sus agresores. La animadversión hacia los valores cristianos que encarnaba el Venerable les empujó a retornar momentos después a la casa, mientras él permanecía detenido en el cuartel de la Guardia civil. Ante la fachada del domicilio familiar ardían aun las imágenes incendiadas hacía una media hora. Conminaron entonces a su esposa y suegro y, en general, a los allí presentes, a que, bajo pena de muerte, quemaran todas las imágenes que quedaban todavía por la casa.

    Ni siquiera durante el tiempo de su apresamiento dejó el Venerable Mullerat de hacer el bien a quienes le perseguían. Curó a uno de sus verdugos de la herida que se causó a sí mismo al disparársele el arma homicida que portaba en sus manos. Hizo asimismo una receta para el hijo que tenía enfermo uno de los que le acosaban. Además, subido ya al camión que le conduciría al lugar elegido para el asesinato, recordó a sus pacientes. Pidió un lápiz y papel y escribió en él los nombres de los que esperaban su visita profesional. Después rogó a alguien de su entorno que hiciera llegar aquella lista a otro médico del pueblo, para que él mantuviera bajo su cuidado a quienes él ya nunca podría atender.

    Con cinco detenidos más, cuyos nombres circulaban con anterioridad como «gente de orden» que merecía ser ejecutada, fue llevado al lugar denominado «El Pla», a unos 3 kilómetros de distancia de Arbeca, por la carretera que conduce a les Borges Blanques (Lleida). Si otros detenidos eran estimados dignos de muerte por considerarlos personas «de orden», que asentaban su vida sobre fundamentos éticos que no compartían los milicianos a las órdenes del comité revolucionario, en el Venerable Mullerat, a los valores éticos, se añadían también los propios de la moral evangélica. En el viaje hacia el lugar de la condena exhortó a sus compañeros detenidos a la oración y, en concreto, a realizar unacto de contrición.

    Llegados al terreno conocido como «El Pla» les hicieron descender del vehículo que les transportaba. Se congregaron allí varias decenas de gentes que procedían de diversos lugares, dispuestos a participar en la ejecución, o al menos a presenciarla de cerca. Contra los prisioneros no se había formado proceso alguno. Se cree que el Venerable Mullerat tornó a exhortar a la plegaria a los demás detenidos. Una persona que pasaba por el lugar oyó que pronunciaba estas palabras: «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu». Aseguró también este testigo ocasional que, antes de matarlo, le asestaron un golpe en el rostro con una azada. Del impacto recibido le saltaron los dientes.
    Con los balazos en sus cuerpos y estando, al menos algunos, todavía con vida, les rociaron con gasolina y les prendieron fuego. Sus gritos lastimeros se oyeron desde lejos. Aquella misma tarde partió de Lleida una crónica para el periódico barcelonés «La Rambla», órgano entonces del partido denominado PSUC,que publicó un relato de los hechos completamente alejado de la realidad. A los, en realidad, detenidos y conducidos en la caja de un camión al lugar de la muerte, los presentaba dicha información como atacantes fascistas apostados al borde de la carretera. Los milicianos que circulaban por allí se vieron obligados a repeler su ataque, y causaron entre ellos algunos muertos. Además de otros, murió el médico de Arbeca, al que se mencionaba expresamente como agresor.

    Los allegados a los muertos, con gran valentía y riesgo, pudieron reunir algunos restos que quedaron esparcidos por el lugar del asesinato. Más tarde, el 13 de agosto de 1940, colocaron las cenizas mezcladas de los fusilados en un monumento en forma de cruz, que elevaron en el lugar conocido como «El Pla». Allí se hallan hasta el día de hoy. La fama de martirio del Venerable Mullerat comenzó a raíz del conocimiento de su muerte y ha ido aumentando con el paso del tiempo.

    ***
    El Dr. Mullerat conoció y siguió las directrices del magisterio eclesiástico y las hizo fructificar desde su condición de seglar católico. Su compromiso político estuvo alentado muy particularmente por la doctrina de León XIII, en la Encíclica «Immortale Dei», de 1 de noviembre de 1885. Escribía el Papa Pecci, en concreto:
    «No querer tomar parte alguna en la vida pública sería tan reprensible como no querer prestar ayuda alguna al bien común. Tanto más cuanto que los católicos, en virtud de la misma doctrina que profesan, están obligados en conciencia a cumplir estas obligaciones con toda fidelidad. De lo contrario, si se abstienen políticamente, los asuntos políticos caerán en manos de personas cuya manera de pensar puede ofrecer escasas esperanzas de salvación para el Estado. Situación que redundaría también en no pequeño daño de la religión cristiana. Podrían entonces mucho los enemigos de la Iglesia y podrían muy poco sus amigos. Queda, por tanto, bien claro que los católicos tienen motivos justos para intervenir en la vida política de los pueblos. No acuden ni deben acudir a la vida política para aprobar lo que actualmente puede haber de censurable en las instituciones políticas del Estado, sino para hacer que estas mismas instituciones se pongan, en lo posible, al servicio sincero y verdadero del bien público, procurando infundir en todas las venas del Estado, como savia y sangre vigorosa, la eficaz influencia de la religión católica» (ASS 18, 1885, n. 22, 177).

    Justo esta doctrina social de la Iglesia es la que constituyó el verdadero compromiso del Siervo de Dios. Antes de que transcurrieran dos años de su estancia en Arbeca, fundó el periódico l’Escut, como defensor de toda sana ideología, lema que figuraba en su cabecera (julio de 1923). La publicación abría sus brazos a los habitantes del pueblo.

    La acción político – social del Venerable Mullerat, en la etapa de la vida que sigue al matrimonio y en el ejercicio de la profesión médica en Arbeca y sus entornos, se centró especialmente en sus conciudadanos, con el empeño por servir sin distinciones, aun a gentes de izquierdas y pobres, compromiso que brotaba de su fe cristiana. Su identidad política, cultural, social y religiosa brillaba a la vista de todos, igualmente en los tiempos en que fue Alcalde de la villa. Todo en él formaba un conjunto armónico indisociable, vivificado por las raíces de su fe cristiana. Resultaba, en verdad, imposible encontrar una definición de su personalidad, que no se formulara desde la esencia de la raigambre propia de un creyente.

    Puede recordarse cuanto escribió una de las personas que colaboró en un libro «Homenaje» que le dedicaron al cumplirse el Centenario de su nacimiento, persona que confesaba que no se hallaba en la órbita de las convicciones políticas del Siervo de Dios, pero que lo reconocía, a la vez, comprometido con la Parroquia, el Pueblo, los enfermos, los ciudadanos, la cultura, el arte y, claro está, volcado hacia su querida familia. El cimiento básico de su identidad era su condición de cristiano. —«Su compromiso cristiano lo llevó a los cargos públicos». Este colaborador fue Antoni Pau i Sans. Profundizaba, en primer lugar, en su condición de cristiano.
    «Lo hago, porque para estudiar la faceta del hombre político, o bien la del profesional de la medicina, hace falta tener en cuenta, primero, la dimensión cristiana de su vida, que fue la que informó y condicionó toda su actuación como Médico y como hombre interesado por las cosas públicas. Cristiano de sólida formación y de arraigadas convicciones, se movía bajo el impulso de su fe por encima de ningún otro miramiento humano, dando siempre testimonio de su cristianismo con [la] valentía que, muchas veces, exigían las circunstancias».

    Si hacía viajes, que los hacía en verdad, era fundamentalmente por exigencias de su profesión o cargos y, sobre todo, relacionados con los Ejercicios Parroquiales, dentro de cuyo ámbito fue indiscutiblemente un gran activista. Le escuchaban con mucho agrado en las clausuras de grupos que los practicaban. Entre otros admiradores, tuvo al Cardenal Vidal i Barraquer y al el Obispo Josep Cartanyà.

    Actuaba el Dr. Mullerat desde el convencimiento de que el humanismo que se necesitaba para todo tiempo debía brotar con fuerza y, como de su primer manantial, del Evangelio. En lo profundo de su ser y en su actividad brillaban, por encima de todo, los valores religiosos. No era un secreto para nadie. Bastaría a este respecto releer cuanto escribió en l’Escut, al congratularse por el primer año de existencia de la prestigiosa revista «La ParaulaCristiana», efemérides de estudios religiosos y morales, cuya colección conservó hasta su muerte y se halla en el que fue su domicilio. —Consideraba que esta publicación constituía un fermento de verdadera cultura, promovida por gentes llenas de sensatez y espiritualidad, en medio de un ambiente distraído y materialista. Estaban llamados sus colaboradores a conducir al pueblo catalán por el camino de la perfección que la Providencia le tenía señalado. Exclamaba: «Gracias a Dios que se han dado cuenta hace tiempo de la importancia decisiva de nuestra Religión en el Resurgimiento de este pueblo [catalán]».

    El Papa Francisco ha mandado la publicación del Decreto de Martirio el 7 de noviembre de 2018. Está pendiente de señalar el lugar y fecha de la Beatificación.

    * * *

  2. Es esto cierto?. Copio y pego:
    He asistido hoy, por “LA TRECE TV” a la Beatificación en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, de dieciséis mártires de nuestra CRUZADA, sin que nadie, ni el oficiante, ni el documento pontificio, ni los “moscones” inaguantables de locutores que nos impiden centrarnos (que no se enteran del nulo interés para nosotros de sus opiniones, pues el único que nos motiva es el acto litúrgico), aludiera a este acontecimiento glorioso y triunfal de la Iglesia Católica Española preconciliar.

    Gracias que, ¡al menos!, indicaron la fecha de su martirio: ¡1936!…,(¡no sé cómo se les ”coló” fallo tan garrafal) que podía “dar pistas” a los asistentes, a los oyentes y a los televidentes de España y del Mundo, sobre una peligrosa “información”: enterarse de que los crímenes, que hoy han hecho posible su beatificación ocurrieron en la “zona roja” y cuando el Caudillo lideraba el Alzamiento Nacional contra la “República del Crimen”, o sea, cuando los hijos de Satanás estaban intentando convertir a nuestra Patria en el primer satélite de la URSS, (brazo zurdo del Poder Supremo “sin r

  3. Si es un obispo colaborador con grupos guerrileros como Angelelli, es un santo. Si son mas de 6.000 religiosos muertos por los rojos, se lo merecian por fascistas. Esa es la Iglesia que tienen hoy en Espana.

  4. “Siguen llegando a los altares mártires de la cruelísima persecución religiosa ocurrida en España en el pasado siglo” Seguramente para vergüenza de este clero que nos ha tocado en desgracia poniéndose de perfil, cuando no dando la espalda, frente a la ignominia que están perpetrando contra quien cortó de cuajo el genocidio de católicos hace 80 años, porque eso de “siglo pasado”, aunque es una verdad como un templo, resta cercanía a los crímenes y criminales, alguno hasta hace poquito que se murió. Y desde luego, los herederos ideológicos de aquellos criminales han vuelto a sacar pecho y ahí están, intimidando de nuevo a los católicos y a la Iglesia cuando no agrediéndola sin más.

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