Santidad, yo soy la otra

            Suena a letra de copla. Pero las coplas, antes, son de antes, reconocían el amor pero respetaban lo respetable. La otra era la querida, el amor pecaminoso, lo que se ocultaba porque no era lo presentable en una sociedad que sería todo lo hipócrita que se quisiera pero que respetaba externamente unos valores que venían de la ley de Dios. Hoy, esa ley no tiene el menor valor civil. Los tiempos vienen como llegan y en esos tenemos que vivir. Pensando interiormente lo que queramos y obrando externamente como nos parezca pero acatando, que no quiere decir aceptando como bueno, lo que hay. Lo que no se entiende, o yo no entiendo, como en la misma Iglesia se puede dar por buena una ley civil contraria a la ley de Dios. No entro en casos concretos que pueden tener muchas consideraciones. Con dolor de todas las partes a veces y sólo de una en otras.. Habrá que considerar cada uno como proceda. Y la conciencia individual tiene también un peso.  Conozco un caso en el que, en mi opinión, la nulidad era de libro. La Iglesia opinó que no y ellos que sí. Y siguen su conciencia. Animada subrepticiamente por la misma Iglesia. Pero ya digo que no quiero hacer ninguna casuística. Sólo quiero hacerme eco del artículo de un cura que se limitó a poner la música. Porque la letra era muy real. Tal como la cuenta. Y como la que se han encontrado muchos sacerdotes. La misericordia es verdaderamente el rostro de Dios. Pero hay misericordias, Santo Padre, muy inmisericordes con quienes están necesitadísimos no digo que de misericordia, porque saben que tienen la de Dios mientras que otros sólo la tienen de algunos miembros de la Iglesia que se creen más sabios que la Palabra de Dios, sino de que son ellas las verdaderas esposas, o los verdaderos esposos, que pueden acercarse todos los días a comulgar y no la otra de la copla. Esa es otra. U otro. El artículo del sacerdote González Guadalix me parece ciertísimo, oportunísimo y misericordiosísimo. Recomiendo a todos su lectura. Y seguro que hay personas, injustamente tratadas por misericordias que no parecen las de Cristo, -no peques más-, que lo agradecerán. http://infocatolica.com/blog/cura.php/1603180950-santidad-yo-soy-la-otra Y qye raras son las misericordias que hacen llorar a los inocentes, a los abandonados, a los olvidados… A los ya periféricos. ¿O es que hay periferias buenas y periferias malas? ¿Y las malas son las buenas?

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