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Que Taltavull era francisquista lo sabían todos pero tanta adulación…

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Eso sí que tiene que ser olor a oveja. Y pelotillerismo al máximo.

No nos extrañaría que varios obispos hayan ya encargado el rebaño para la fotografía.

Si es que este obispo está gafado.

Ahora tiene que ir a conciliar a un párroco con sus feligreses.

https://www.diariodemallorca.es/part-forana/2019/01/19/obispo-media-guerra-vecinos-cura/1384217.html

Si es  que quod natura non dat…

9 comentarios en “Que Taltavull era francisquista lo sabían todos pero tanta adulación…
  1. Leyendo el libro de Isaías: 62. 1 a 5: » Como un joven se desposa con una doncella, así te desposará el que te creó.”
    Salmo 95: «Proclamad día tras día Su victoria, contad a los pueblos Su gloria, Sus maravillas a todas las naciones.»
    San Pablo. 1ª carta a Corintios 12: 4-11: «Los ministerios en la Iglesia son varios, pero uno mismo es el Señor.»
    Evangelio según San Juan 2, 1-12: » El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua).»

    Las circunstancias que rodean las bodas de Caná y el milagro son típicas del simbolismo habitual de San Juan. Para él, toda realidad humana puede ser evocadora del Reino, o más exactamente de la vida eterna. San Juan nunca usa el término Reino, prefiere hablar de «vida» o «vida eterna».

    Este evento no es aislado. San Juan lo enmarca en un grupo que sigue a este relato: La conversación con Nicodemo (Juan 3,3), a la samaritana que se le anuncia el agua que brota como fuente de vida eterna (Juan 4, 14). Como extensión de la multiplicación de los panes y los peces, viene el discurso sobre el pan de vida: “Para la vida del mundo.» (Juan 6)

    Caná no es sólo una anécdota que ilustra la delicadeza de Jesús con poderes útiles para los amigos en circunstancias imprevisibles. Se trata de un banquete de bodas, que evoca el desposorio eterno entre Dios y su pueblo, entre Dios y la humanidad. «Como se regocija el marido con su esposa, se regocija tu Dios contigo.» (Isaías 62, 5).

    A través de los acontecimientos vividos a nuestro alrededor, más allá de las situaciones en las que la vida nos ubica, tenemos que descifrar, cuando sea posible, los signos de Dios. A menudo se trata de algo difícil de descifrar de cara al futuro inmediato. Pero tenemos que colocarlos en la perspectiva global, futura y definitiva de la vida, de nuestra vida.

    La liturgia de este domingo nos da una de las claves para la interpretación de las bodas de Caná al proponernos el fragmento de Isaías que acabamos de proclamar.
    Isaías nos habla de nuestra inserción en la divinidad de un Dios que asume nuestra humanidad, para un intercambio recíproco, de acuerdo con las palabras del ofertorio: Este pan se convertirá en pan de vida.
    En las últimas líneas de este texto, Dios se presenta como el feliz esposo de Jerusalén y, en un horizonte más amplio, de toda la humanidad.
    Cabe señalar que este Dios no es distante y frío. Es un Dios que vive el gozo de la proximidad con nosotros: Deliciae meae esse cum filiis hominum.

    La Iglesia, al elegir este texto profético, nos enseña que, más allá del banquete de Caná, el verdadero banquete en el que participa Jesús, es el desposorio, la mística unión de Dios con la humanidad: La Nueva Alianza.
    El agua de las purificaciones ya no es suficiente. Las seis tinajas de piedra son muy útiles, pero se orientan a otro destino. Para el banquete de los nuevos tiempos, ciertamente se necesita vino. Y aunque puede convertirse en causa de depravación, por naturaleza es más bien un signo de prosperidad y alegría. «El vino alegra el corazón del hombre.» (Salmo, 103, 15).
    Aquí se trata de un vino nuevo que hace que los odres viejos se agrieten y es mejor que el que se dio a beber antes, como ocurrió con el mayordomo en Caná.

    San Juan nos da la razón: «La ley fue dada por Moisés. La gracia y la verdad vinieron a por Jesucristo.» (Juan 1,17). La gracia se nos da a cada uno de nosotros para que podamos descubrir la verdad real que Cristo nos trae.

    Si Jesús logra tal señal, es porque se acerca la hora. Caná es la inauguración de los signos que manifiestan esta proximidad de «la hora:» «Mi Hora.»
    Así dio testimonio de Su trascendencia en el preciso momento en que muestra la delicadeza de Su amor por nosotros con la ofrenda total de Su vida: «Esto es mi Cuerpo, entregado por vosotros. Éste es el cáliz de Mi sangre derramada por vosotros. »

    En el Evangelio de San Juan, todo el ministerio de Jesús transcurre entre dos banquetes: El banquete de Caná y el de la Última Cena.

    En el Cenáculo, en el banquete de la alianza nueva y eterna, la purificación y profusión de la delicadeza divina no proviene de tinajas de piedra. La purificación se hace visible cuando el Señor lava los pies de los Apóstoles.
    La relación entre este último signo y la Hora de la Pasión queda afirmada enfáticamente en San Juan al comienzo del capítulo 13. «Antes de la fiesta de la Pascua, Jesús, sabiendo que había llegado la Hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el final.»

    Estas dos comidas se interpretan e iluminan recíprocamente. El Señor concluirá la Nueva Alianza con Su Sangre derramada, instituyendo la Santa Eucaristía.
    Pero, a la inversa, la vida entregada y la sangre derramada son la fuente de alegría y San Juan expresa el drama de la Pasión en términos de glorificación y exaltación.
    Releyendo la Oración Sacerdotal del Señor, Su discurso después de la última cena, nos impactan dos «palabras clave:» Alegría y gloria. «Os doleréis, pero vuestro dolor se convertirá en gozo.» (Juan 15,20) «Vuestra alegría, nadie podrá arrebatarla.» (Juan 16,22) «Para que vuestro gozo sea pleno.» (Juan 16,24). «Manifiesta la gloria de Tu Hijo.» (Juan 17: 1) «Que tengan en Mí alegría, una alegría plena.” (Juan 17,13).

    Si se lo considera en todo su alcance, el signo de Caná no es un artificio buscado por Jesús para forzar la admiración inicial de los discípulos. La gratuidad y la amplitud del gesto de Jesús son indicativos de las promesas venideras.

    Depende de nosotros descubrir a través de los signos y acontecimientos que se nos han dado en el tiempo, del que somos administradores, las promesas que están por venir, enraizados en la fe y fortalecidos con la esperanza de la eternidad,

    «Los apóstoles creyeron en Él.» Eso significa que pueden ver más allá de lo inmediato. Jesús tendrá que corregir sus errores hasta el último minuto del Jueves Santo por la noche. Ellos se entregan plenamente a Él.

    Queda, a pesar de todo, un punto que parece permanecer oscuro en la historia de Caná. Es la relación entre Jesús y la Virgen María. Para hablar de ello, debemos recordar que el Evangelio de Juan fue escrito y los eventos relacionados en él fueron elegidos por el discípulo que recibió a María como Madre al pie de la Cruz.
    La acompañará a diario por fidelidad a la petición expresa que Jesús le hizo. Los detalles más sencillos son de gran utilidad. Nos conducen a una realidad mayor.

    La respuesta de Jesús a la intervención de María en Caná se puede traducir y sentir de varias maneras. Una cosa es cierta: la intercesión de María: «No tienen vino.”No pregunta, no implora. Tan sólo «informa» a Su Hijo esperando que se manifieste Su amor a aquella gente.
    En su respuesta, Jesús la llama «Mujer,» ya que estará al pie de la Cruz cuando la entregue como Madre a aquel discípulo que representa a la gente de la Nueva Alianza.
    Al elegir este término, significa para nosotros algo que va más allá de la relación de Jesús, el hijo de María con Su Madre: Se refiere a la humanidad, en su conjunto, que está en relación y en plena comunión con la divinidad plena del Hijo.

    También es difícil saber si el comentario de María condiciona la decisión de Jesús. Se aleja espiritualmente de Ella como lo hizo a los doce años? Evitemos los comentarios basados en el sentimiento, que no estén sugeridos por el Evangelio .

    Ciertamente la fe de María influye en los sirvientes. Ella ha aceptado que la Palabra de Dios se cumpla en su vida y en este cumplimiento, encuentra la plenitud de Su alegría.
    Se justifica diciendo a los siervos que hagan todo lo que Él les diga.
    La Virgen Bendita no es una medianera. Es Nuestra Intermediaria, pues el Mediador entre la humanidad y Dios es Jesús, y lo es por Su palabra que da vida. María lo sabe. El Verbo se hizo carne en Ella y habitó entre nosotros.

    Los criados obedecen. Esto les dará una ventaja sobre el mayordomo, que no sabe de dónde viene este vino. Ellos lo saben. Ya no son simplemente sirvientes, porque el Siervo no sabe lo que hace Su Señor. (Juan 15,15).
    Sería prematuro llamarlos «amigos.» Pero quizás ya estén trazando a los discípulos el camino que les permitirá, llegar a serlo.

    En Cana, la Madre y Su Hijo, los sirvientes, el arquitriclino, los novios, los invitados, los discípulos, cada uno se define por un «quehacer», por una actividad o actitud particular, según lo que acaba de decirnos el Apóstol Pablo.
    Los ministerios son diversos. Pero, es el mismo Dios, que actúa.

    Es bueno trasvasar esto a la Iglesia y a nuestra vida personal, a nuestra operatividad, acorde con las enseñanzas del Apóstol San Pablo.
    En Caná todos participan, a su manera, en la misma fiesta. Qué gozo tan inefable será el nuestro, cuando podamos comprobar que la única Iglesia de Jesucristo es el referente de la fiesta de la verdadera comunión!

    «Que se adentre en nosotros, Señor, Tu Espíritu de caridad , para que Tu amor sea vínculo de unión de aquéllos a quienes has alimentado con un mismo pan.”

  2. Vaya, leo con asombro el enlace del Diario de Mallorca y no doy crédito. En mi ignorancia siempre pensé que la supresión o celebración del culto se hacía con el conocimiento del Sr. Obispo y/o por decisión suya. Si esto es así (puedo estar equivocada) no entiendo en qué ni como puede «mediar» el obispo entre el párroco y los feligreses. En todo caso lo que quizá proceda sea explicarles el porqué se ha tomado la determinación de suprimir ese servicio. Insisto, no entiendo el término «mediación» en todo caso lo que procede es hablar de «asunción de responsabilidades».

  3. Si a Francisco lo adulan incluso los obispos que no son francisquistas de pura cepa, imagínese los que sí lo son.

    Si un clérigo no es adulador del «stablishment», difícilmente hará carrera.

    1. Pues si la clerecía se ha montado en el carrerismo, la cosa está más fea de lo que parece y parece muy fea, tan fea que no sé si S. Ambrosio sería capaz de arreglarla.

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