Peña Parra queda muy mal al reconocer que firmó una factura que sabía era falsa

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Edgar Peña Parra

De cinco millones de euros.

¿Si eso fuera cierto le costará el cargo? No me parece descartable.

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Lo de descargar muertos en verdaderos o falsos culpables pensando que así se acaba con el entuerto es recurso al que acude en ocasiones la práctica eclesial.

https://infovaticana.com/2024/07/10/pena-parra-reconoce-haber-firmado-una-factura-de-cinco-millones-de-euros-que-sabia-que-era-falsa/

Comentarios
2 comentarios en “Peña Parra queda muy mal al reconocer que firmó una factura que sabía era falsa
  1. La Iglesia es sociedad perfecta. Y como es sociedad perfecta, gente que en cualquier otra sociedad estaría en la cárcel, el manicomio, el ostracismo o el desempleo anda tan feliz de la vida como si nada.

  2. Dos cosas muy distintas: este ñor es arzobispo desde 2011; fíjense en la fecha. Se llama Edgar Robinson; Edgar aparece como Edgardo ya en «Eloísa está debajo de un almendro», de don Enrique Jardiel Poncela. Ni en su forma inglesa ni españolizado le veo mucho futuro. Robinson es un mero disparate: en inglés no es «nombre» sino «apellido»; significa «hijo de Robin»; la forma Robin (al igual que Rob, Bobby y otras) es un mero diminutivo de Robert, es decir, de Roberto; a Rober Kennedy le llamaban siempre Bob, otro diminutivo cariñoso. Ponerle Robinson a un hijo es como ponerle Martínez, Rodríguez o Álvarez, en lugar de Martín, Rodrigo o Álvaro. Observo con preocupación el poco cuidado que algunos progenitores muestran al escoger el nombre de sus hijos; si este ñor se llamara Edgardo Roberto, aunque sonara «extraño», sonaría mucho mejor que su antropónimo en inglés. Además, un nombre, con apellidos españoles, en otro idioma suena horrendo: Jacqueline Congosto Arévalo (acabo de inventarlo) es de película de terror onomástico.

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