Otro cardenal contagiado

|

El cardenal Ouédraogo, arzobispo de Ouagadougou. Se las traen para un hispano,  y seguramente para todo el mundo salvo tal vez para los de Burkina Faso, los nombrecitos del cardenal y su archidiócesis.

Lo creó cardenal Francisco en 2014  y tiene 75 años.

<

https://infovaticana.com/2020/03/31/cardenal-ouedraogo-segundo-purpurado-con-coronavirus/

 

Comentarios
4 comentarios en “Otro cardenal contagiado
  1. Estamos tontos o queeeeee? Tanto nos, afecta el P….bicho que hablamos de cómo se escribe y se pronuncia el apellido de un africano??? Es un Cardenal contagiado, Canali nos da una buena lección de Caridad etc. U los demás, sobre idiomas y apellidos raros e impronunciable. Yo os digo las iniciales españolas de los Masones y comunistas que nos malgobiernan en España: HDLGP. Halaaaa, contentos? Pues eso, a descifrarlo!!!

  2. Encontrar la Bondad

    Por fr. Raymond La Grange, OP

    01 de Abril de 2020

    Luego que hubo creado el mundo, Dios vio que era bueno. Todo lo creado, por lo tanto, participa de la Bondad de Dios.
    Por esta razón no se puede oponer la bondad creada a la Bondad divina, como si tuviéramos que elegir en clave disyuntiva.
    El amor a los bienes creados debe estar animado por el amor a Dios. La vida virtuosa consiste principalmente en apreciar adecuadamente la bondad que adorna al mundo y no en negarnos sin más al uso de los bienes terrenos como medios útiles y placenteros. Estamos condenados al encontar el bien, no a evitarlo.

    Existe, por supuesto, la posibilidad de que los bienes creados nos distraigan de Dios. San Buenaventura compara esta posibilidad con una mujer que ama su anillo de bodas hasta el punto, que se olvida de su esposo.
    La mujer no debe despreciar el anillo. Debe permitir que eso la conduzca a amar más a su esposo. Del mismo modo, no podemos amar al mundo más que a Dios, pero tampoco podemos amar a Dios e ignorar todo el bien que ha creado. Por ese motivo el amor al prójimo forma parte del amor a Dios.

    Todo esto es más fácil decirlo que ponerlo en práctica. Se puede caer en el error de pensar en la virtud como si fuese la búsqueda del bien querido por Dios, sobre la base de negarnos el bien, que es de suyo apetecible, y que en principio no nos aparta de Dios.
    La verdad es muy diferente. La virtud no consiste en reprimir ni extinguir el deseo, sino admitirlo, para poder discernir y a partir de aquí, querer lo que realmente es bueno.
    El hombre generoso quiere su dinero adecuadamente y puede ser para él motivo de gozo. El avaro cree que ama más el dinero, pero lo ama erróneamente y nunca logra nada realmente bueno y que le satisfaga. Cualquier alegría que encuentre, será fugaz e ilusoria. Sólo la virtud consigue el bien y cumplimenta nuestras aspiraciones más profundas.

    Parte del problema de la virtud estriba en que es muy difícil de entender si no se posee. El avaro piensa que el hombre generoso sólo ayuda a los pobres a ser más pobres.
    Cuando dice que la caridad generosa es un insulto, intenta justificar su egoismo y falta de compromiso solidario. Su lema es: Todo para los pobres, pero, que se abstengan de llamar a la puerta de mi casa.
    El hombre mezquino desprecia el autosacrificio de los demás. El libertino no puede apreciar la castidad, pues sus prejuicios le llevan a pensar en algún desarreglo en la psicología de los monjes. La virtud es incomprensible para el vicio.
    Quien carece, debido a un comportamiento licencioso, de alguna virtud, puede que ni siquiera se le ocurra pensar que esta virtud entraña de suyo algo bueno.

    Esto significa que el crecimiento en la virtud incluye un cambio en la voluntad y en el intelecto. No sólo debemos actuar de manera diferente, sino que también debemos llegar a apreciar lo que es realmente bueno en el mundo. Estos dos aspectos se refuerzan mutuamente.
    La vida moral cristiana no es tanto un plus de esfuerzo, sino un mayor y gradual acercamiento a Dios: Reditus in Deum.
    Igualmente cuando queremos exhortar a otros a la virtud, tenemos que ayudarlos a ver lo bueno que hay en el mundo y no quedarnos sólo en la reprensión para que observen ciertos reglamentos y preceptos.
    La búsqueda de la virtud, núcleo de la vida cristiana, no consiste tan sólo en llevar a cabo lo que se supone que debemos hacer. Se trata de llegar a apreciar lo que es realmente bueno.

    De ahí que nos edifiquemos cuando vemos la virtud, y ello nos mueve a leer y escribir relatos de vidas ejemplares, de personas virtuosas.
    Éste es el caso, en medio de la pandemia que nos azota. A pesar del caos que nos rodea, ciertas respuestas me han edificado en gran medida.
    Muchos se han dedicado más a la oración ante la falta de sacramentos. Otras personas y empresas han encontrado formas de servir de una manera más comprometida, al bien común en esta triste situación.
    Ciertamente, han ocurrido y ocurren muchas desgracias, pero, a pesar de todo, la virtud siempre es proclive a mostrar la gloria de Dios.
    Se trata de un bien en el que podemos deleitarnos. La visión de datos de esta índole estimula nuestra imaginación moral y nos conduce al crecimiento en la virtud.

    También podemos encontrar estos bienes en la oración, en la meditación de la Sagrada Escritura y en todo lo bueno que Dios ha hecho en nuestra vida.
    La vida cristiana no es tanto un intento de mejora, sino el esfuerzo para ser cada día más receptivos respecto a la Bondad de Dios.
    Él siempre y en todo momento está operativo en el mundo para ser Epifanía de trascendencia a través de la Bondad esparcida en Sus criaturas. Es posible encontrarlo, porque está allí.

  3. Se las traerá el apellido, pero es absolutamente común, si no el que más, en Burkina Faso, de soltera Alto Volta. De hecho en este momento hay allí, un país con quince diócesis de rito latino, cuatro obispos Ouédraogos. Y uno más en Mali. Es como si en España hubiera unos veinte obispos Martínez. Y si Ouedraogo se las trae, imagínese a un extranjero intentando pronunciar con soltura Goiricelaya, Gavicagogeascoa o Ciuraneta. O a nosotros intentando pronunciar correctamente el nombre y apellidos de los cardenales de Addis Abeba, Bangkok, Tonga, Vientiane, Toamasina u Jakarta. En fin que todo es relativo.

  4. No se crea: es por la transcripción francesa.Se pronuncia «Uagadugu», que es bastante más fácil de la barbaridad que escriben en francés (los franceses son especialistas en poner letras que no sirven para nada; del latín «campus» viene el francés «champ», pero las dos últimas letras están de adorno; la cursilería del carácter francés se contagió a su idioma, cuya ortografía es un monumento a la ñoñería).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *