
Por un lado los interviene y por otro reconoce su excelente labor en Gaza o en Papúa.
Si esos son los frutos, reconocidos por el propio Francisco, el árbol no puede ser malo.
Y es no poco chocante su persecución de lo bueno y su tolerancia o más bien su simpatía por lo peor.
Specola lo señala:
«El Papa Francisco, a bordo de un avión de la Fuerza Aérea Australiana que despegó de Port Moresby, aterrizó en el aeropuerto de Vanimo, en el norte de Papúa Nueva Guinea, donde hoy se reunió con los fieles de la diócesis y en privado con un grupo de misioneros. Está visita viene es fruto del deseo del Papa Francisco de visitar a los misioneros de Verbo Encarnado , fundados por su compatriota el Padre Buela, recientemente fallecido y al que no le unían muchos afectos. El obispo local ha recordado la labor de los misioneros y catequistas a nivel local, así como la anterior visita de Juan Pablo II a Papúa Nueva Guinea en enero de 1995. El Papa Francisco se presento con 8 maletas (de 30 kilogramos cada una) con alimentos, medicinas, juguetes, artículos de primera necesidad y túnicas para los monaguillos. Fue uno de los amigos misioneros, el padre Alejandro Díaz, quien preparó y hizo las maletas. Muy admirable, a pesar de las persecuciones y comisariamientos, la labor de tantos misioneros del Verbo Encarnado, esperemos que Dios lo siga bendiciendo con muchas vocaciones».