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Omella sigue con buenos nombramientos

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Ahora el de Obach como vicario episcopal.

https://germinansgerminabit.blogspot.com/2020/10/joan-obach-sera-el-nuevo-vicario.html

 

3 comentarios en “Omella sigue con buenos nombramientos
  1. Pues bien por Omella por nombrarle. Se ve que el cardenal aragonés, que no es ningún tonto, se ha dado cuenta de que nada puede esperar del nacionalprogresismo clerical que mandaba en tiempos de Sistach en Barcelona y que le hizo la vida imposible a Carles, entre otras cosas porque esta gente nunca le quiso como arzobispo, ellos preferían a Vives, el abad Soler, o incluso Taltavull; y se está buscando apoyos en otros sitios. Qué triste contraste con Osoro, que corre el riesgo de terminar su episcopado en Madrid en medio de algo que es casi peor que el odio: la indiferencia generalizada por parte del clero y la feligresía madrileños.

  2. Ojos Locos

    Fray Vincent María Bernhard OP
    20 de Octubre de 2020

    ¿Alguna vez has visto la mirada loca en los ojos de un atleta? Hay un engranaje en esa mente que queda satisfecho con la mediocridad. No quiere ser bueno, quiere ser el mejor y está dispuesto a superar los extremos para convertirse en eso.

    Es el suyo un look que no conoce límites y sigue esforzándose por ser cada vez mejor. No hay ningún límite para convertirse en el mejor.

    ¿Suena a loco? Bueno, desearía que todos pudiéramos tener este deseo de grandeza cuando se trata de las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad. Verás: Si llevas al extremo otras virtudes, se convierten en vicios.
    Pensemos por ejemplo en la virtud que nos permite superar grandes (e incluso peligrosos) obstáculos: Cuando la fortaleza se convierte en audacia, pasamos de la virtud al vicio.
    El excesivo coraje sería vicio de imprudencia, como si alguien cruzara el Gran Cañón en la cuerda floja, sin arnés de seguridad.

    No obstante, la fe, la esperanza y la caridad, no tienen extremos. Son dones de Dios que nos orientan y conforman con Su vida divina.
    Es incorrecto decir que se cree demasiado en Dios, que se espera en Él más allá de lo razonable o que se le ama en exceso.
    Cuanto más aumentan en nosotros estas virtudes, más nos conformamos a la vida de Dios, y habita con mayor intensidad en nosotros como Quién es íntimamente conocido y amado.

    Las virtudes teologales hacen que nuestro afán de grandeza se desenvuelva a un nivel sobrenatural. Porque al ser transformados por la fe, la esperanza y la caridad, ya no podemos conformarnos con la mediocridad, sino que se impone luchar por la santidad, por una santidad que no conoce los extremos.
    Al entrar en la vida divina mediante las virtudes teologales, no estamos destinados a ser simplemente buenas personas, sino grandes santos.

    San Pablo describió su lucha por la grandeza de la santidad en estos términos atléticos radicales:

    «¿No sabéis que todos los que corren en el estadio, todos corren, pero, sólo uno gana el premio? Corred para ganar. Todo atleta se ejercita y se abstiene de todo. Lo hacen para ganar una corona perecedera, pero nosotros una imperecedera. Por tanto, no corro sin rumbo fijo; No peleo como si estuviera azotando el aire. Disciplino mi cuerpo y lo reduzco a la servidumbre, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo sea un réprobo.» (1 Corintios 9, 24-27)

    Podemos ser valientes y pedir cada día un aumento de los dones de la fe, la esperanza y la caridad. A medida que nos conformamos a la vida divina de Dios mediante estas virtudes, los demás deberán ver que estamos decididos a convertirnos en santos y que Dios está presente en nosotros.
    Él no solo nos hace buenos, sino que nos empuja a través de los extremos ilimitados de la fe, la esperanza y el amor hacia la grandeza de la santidad.

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