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Omella definido por Oriolt

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Y como en él es habitual sin exabruptos o exageraciones. Eso es lo que hay. Y con una perspectiva corta. De tres años más la prórroga.  Ocho como muchísimo y ya con otro Papa previsiblemente. No es nada probable que Francisco, a los 89 años y medio, siga de Pontífice. Bien por decisión de Dios o del mismo Papa. Tal vez los setenta y cinco años de Omella sean el límite de Francisco. Ya con ochenta y cuatro largos. Pero no pasa de una conjetura aunque pienso que no extralimitada.

https://germinansgerminabit.blogspot.com.es/2018/04/que-paso-con-la-encuesta.html

Lo de Omella en Barcelona es un dolce far niente. Malo por el niente y pasable por el dolce. Lo último en sus dos vertientes. La propia del cardenal, al que su tarannà simpático y acogedor le ahorra oposiciones radicales, y la de los que son objeto de él que no se ven, desde el sector que sea, perseguidos con saña. Pero funesto para una diócesis agonizante que precisaría un cambio necesarísimo y no un laissez passer que no arregla nada y hunde más la situación.

Barcelona no necesita un simpático que no hace nada, aunque bien esté lo de simpático, sino un restaurador. Y esto último ni quiere ni sabe.

 

2 comentarios en “Omella definido por Oriolt
  1. Sólo ma atrevo a sugerir lo que este pobre comunicante expuso en este bloc cuando Omella fue promocionado a Barcelona y después cuando anunció lo de la encuesta. Avise entonces que el único sentido de la encuesta era rotular a los ingenuos que contestaran. Lo mismo hizo en Logroño varias veces… allí acabaron tomandole el pelo y pasando olimpicamente excepto el círculo de pelotillas, algunos en busca de promoción. Dentro de poco tiempo Oriolt o cualquier otro comenzarán a hablarnos del desprecio de Omella hacia sacerdotes trabajadores que no le bailan el agua y además sean valientes y sinceros. Quizás en Barcelona, por su tamaño, haya que esperar algo más aunque seguramente ya habrá, aunque callados, casos… tiempo al tiempo.

  2. Barcelona necesita un arzobispo que hable perfectamente catalán (para evitar suspicacias secesionistas), que sea de buena doctrina, que tenga un carácter de hierro (mejor odiado y aborrecido, pero obedecido, que ninguneado) y que empiece a cortar cabezas.Y para ello no se puede nombrar a un señor de setenta años, sino a uno de sesenta.La cuestión es: ¿Se atreverá Roma a buscar un Iceta o un Munilla catalán?Lo dudo.

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