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Menos oraciones y más bombardeos

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Father Tom En la misa In Coena Domini en  mi parroquia se rezó por el salesiano secuestrado en Yemen sobre el que se tienen serios temores por su vida tras el asesinato de las cuatro misioneras de la Caridad a las que acompañaba. Alguien comunicó que corría el rumor de que sería crucificado mañana, Viernes Santo. Ignoro si con base o sin ella. A la salida un amigo con el que me encontré me dijo escuetamente: Menos oraciones y más bombardeos. No puedo, naturalmente, suscribir la frase porque las oraciones son siempre pocas y el salesiano indio las precisa. Y animo a todos a orar por él. Pero creo que revela la hartura sobre el buenismo imperante a la que han llegado no pocos. Sea quien sea el que lo sostenga. La política occidental es en buena parte responsable de la tragedia que hoy estamos viviendo en muchos lugares del mundo. Y no es Obama el único responsable aunque le quepa mucha responsabilidad. Derrocar a Sadam Hussein no fue cosa suya sino de Bush. Y al presidente de los Estados Unidos le siguen como doctrinos los responsables políticos europeos. Los de España también. Los dictadores árabes eran ciertamente impresentables pero mucho mejores, para sus pueblos y para el mundo, que la primavera que nos quisieron presentar. Todavía peor que la del posconcilio. Irak, Egipto, Libia y Túnez están mucho peor de lo que estaban. Y a Siria la ha salvado de momento del caos total Putin. Entiendo a los obispos de allí reclamando la permanencia de Al Assad. Como la mejor garantía para los católicos de aquel país. Se dijo, no sé si con algún fundamento, que los católicos tradicionalistas de fines del siglo XIX rezaban por la conversión de León XIII. Hoy circula un chiste, que por supuesto no comparto, pero que está por ahí. Era una viejecita, siempre piadosísima, que comentaba acongojada a una amiga: Toda mi vida rezando por las intenciones del Papa y por la conversión de Rusia y ahora estoy rezando por las intenciones de Putin y por la conversión del Papa. Es un chiste. No hay que darle mayor trascendencia. Salvo la de que circula. El Papa se ha manifestado muchas veces profundamente conmovido por el martirio de cristianos. Va en el cargo reclamar misericordia. Pero no pocos empiezan a confundirla con un buenismo insensato. No estoy entre ellos. Simplemente constato que eso está ocurriendo. Y lo que pasa en muchos países, ayer en Bélgica, anteayer en Yemen y haría larguísima una lista de atrocidades, no favorece precisamente el buenismo. Y la misericordia, maravillosa por supuesto, no puede ser martirial. Que el Señor nos de fuerza para soportar el martirio si nos llega pero tampoco metamos en casa a los asesinos. Por muy Año de la Misericordia en el que estemos.    

Comentarios
0 comentarios en “Menos oraciones y más bombardeos
  1. es decir, si un hombre mata a alguien con un martillo, entonces la culpa la tienen los fabricantes de martillos, menuda ridiculez de cierto averno! por cierto las bombas que explotaron en bruselas eran de fabricación casera, nada que ver los famosos fabricantes de armas.

  2. Es profundamente injusto culpabilizar a todos los musulmanes de lo que hacen los más radicales. Es bien lógico que sean los fabricantes de armas los más interesados en atizar los radicalismos, que tanto negocio les permiten hacer.
    Y con ello ni se niega los defectos del Islam, ni su visión de la violencia, ni que sean necesarios los fabricantes de armas para hacer bombas o matar a gente.
    Pero esas dos realidades son verdades con las que hay que contar para evitar simplismos y manipulaciones.

  3. aceite de oliva: Vuelva a leerme, por favor. ¿He dicho en algún momento que esté con las unas y contra los otros? Ni lo he dicho ni lo pienso.

  4. Juzgando por nuestra experiencia (recordemos el 11-M, cuya memoria pasamos por alto con todo cuidado), a lo peor ni son moros los autores ni «vienen de desiertos lejanos» (¿recuerdan?).
    Puede que tengan que ver más con los productores de armas, es decir, con los dueños de los complejos industriales y de la Reserva Federal (y no mir a nadie).
    Pero, en todo caso, si así se piensa, hay que decirlo más claramente (vamos, como yo).

  5. Las oraciones y los bombardeos no son contradictorios, Sr. Cigoña.

    Deberíamos recordar más a menudo el refrán castellano: «A Dios rogando y con el mazo dando». Por ese orden (y con un mazo proporcionado, claro).

    Sí, la oración es lo más importante y lo primero. Pero no lo exclusivo. En ocasiones no queda más remedio que pasar a la acción. Claro que siempre es más comodo y seguro hacer lo primero y no hacer lo segundo.

  6. Bergoglio culpa a los fabricantes de armas de los atentados de Bruselas.
    «Detrás de ese gesto (el atentado de Bruselas), hay fabricantes y traficantes de armas»

    ¿Los fabricantes de armas?? El explosivo utilizado es peróxido de acetona: fabricado con acetona, agua oxigenada y acido sulfúrico por los propios islamistas. Es decir, debería haber echado la culpa a los fabricantes de productos de droguería. Uno de los mayores genocidios recientes, como el de Ruanda, se ejecutaron principalmente con simples machetes y resultaron 800.000 tutsis muertos en 5 meses. Bergoglio, con tal de no señalar a sus «hermanos» musulmanes de las masacres que llevan a cabo, sería capaz de culpar de los atentados de Bruselas a Espinete y la gallina Caponata. Usando su lógica tendríamos que señalar a los fabricantes de coches como los responsables de las muertes en la carretera. La cosa es que están matando cristianos a centenares todos los días en todos los lugares del mundo y este hombre va de progre tercermundista con un patético discurso falso que solo causa confusión y extrañeza.
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    Luego, tras su falsa acusación, siguió dinamitando la fe católica: En su alocución, Bergoglio destacó el valor de los gestos que, a su juicio, «hablan más que las palabras» y sirven para reivindicar el valor de la fraternidad y de la convivencia entre religiones. «Todos nosotros juntos, musulmanes, hindúes, católicos, coptos, evangélicos, pero hermanos. Hijos de un mismo Dios y que queremos vivir en paz, integrados», indicó el pontífice a los refugiados. Y agregó: «Vosotros, nosotros, todos juntos, diferentes religiones, diversas culturas, pero hijos del mismo padre. Pobres aquellos que compran las armas para destruir la fraternidad». Francisco señaló que el hecho de lavar los pies a doce personas, emulando a Jesús de Nazaret en la Última Cena, equivale a «un gesto de fraternidad». «Todos decimos: ‘somos diferentes, diversos, tenemos diferentes culturas y religiones pero somos hermanos y queremos vivir en paz’ (…) Cada uno de nosotros tiene una historia encima. Tantas cruces y tantos dolores pero tiene un corazón abierto que quiere la hermandad»

  7. Me parecen muy acertados sus comentarios, pero también la Iglesia ha de revisar a fondo su actitud ante el islam porque simplemente no corresponde a la realidad de lo que es el islam. El diálogo está muy bien con los que son abiertos y están dispuestos a dialogar, pero con el islam tal diálogo es imposible. Además, pese a sus condenas de los atentados islámicos, el Papa Francisco, y con él un gran porcentaje del episcopado no tiene ni idea de lo que es el islam. ¿Cómo es que no se ponen a leer lo que dice el Corán y la Suna (vida y tradiciones de Mahoma) antes de hacer declaraciones como ésta: «El Estado Islámico no es auténtico islam». De hecho, lo que el Papa Francisco tiene escrito en Evangelii Gaudium no es correcto. Lo que el Vaticano II dice del islam es cuando menos discutible. Gracias a muchos papas a lo largo de los siglos, tanto España como Europa no están bajo el dominio del islam. Inocencio III, por ejemplo, declaró cruzada la guerra que terminó con la Batalla de Navas de Tolosa, que es una de las batallas más importantes de la historia de Europa y también tiene que ver con América, porque sin ella no se habría podido enviar a Colón a América. Obviamente los papas tienen que ser prudentes y diplomáticos en lo que dicen acerca del islam, pero lo que no pueden o o deben de hacer es decir falsedades.

  8. Gracias sr. Director por este artículo que da en el clavo. Yo pido por las intenciones de Rusia y por la conversión de Bergoglio, en serio.

  9. La Primera Hora Santa
    24 de marzo 2016
    Fray Jordan Zajac OP

    Hay ocasiones en la vida del creyente, en que el Señor parece un sueño. No es que Él se sienta completamente ausente, como lo hizo con San Juan de la Cruz, la Beata Teresa de Calcuta, y otros que han experimentado la noche oscura de los sentidos y del alma, pero uno lo siente presente y operante. Tú, consciente de que lo necesitas, experimentas un cierto malestar, y el Señor en un momento dado no responde: «Domine, in voluntate Tua, posuisti monti meo virtutem; avertisti faciem Tuam a me et factus sum conturbatus -Señor, Tu favor me había fijado en una fortaleza de montaña,» pero «luego apartaste Tu rostro de mí y sobrevino la confusión-» (Sal 30: 7).
    Durante su última audiencia general, el Papa Benedicto dijo con su autoridad magisterial que en su Pontificado hubo momentos en los que parecía «que el Señor estaba dormido.» Puede que no sea la noche oscura del alma, pero es una medianoche espiritual.

    El Señor también, en cierto sentido, conoce esta misma realidad. Él conoce a los seguidores que no responden:

    «Y vino a Sus discípulos y los encontró dormidos.» Y dijo a Pedro: «No has podido velar conmigo una hora?» (Mt 26:40)

    En su autobiografía, el Venerable Arzobispo Fulton J. Sheen cuenta que en el momento de su ordenación hizo el propósito de hacer una Hora Santa todos los días de su vida de sacerdote, a fin de intentar tener a Cristo cada vez más presente. Un año más tarde por la tarde, en medio de un viaje por la Europa ocupada, Sheen encontró una oportunidad para entrar en la iglesia de San Roque de París, para cumplir propósito ese día. Tan pronto como inició su oración, notó que sus ojos se cerraban y su cabeza se inclinaba.

    Quedó inconsciente.

    Sheen se despertó exactamente a los sesenta minutos y le preguntó al Señor: «¿He hecho una Hora Santa?» Le pareció oír la respuesta de un ángel: «Ésa es la forma en la que los Apóstoles hicieron su primera Hora Santa en el huerto de los olivos, pero es mejor que no la repitas.»

    Sheen salió de allí, sin hacer ningún comentario adicional acerca de este episodio. Tampoco lo hacen los evangelios, que no muestran ninguna respuesta de Pedro, Santiago y Juan, cuando Jesús los encuentra dormidos. Qué podrían haber dicho? Aunque estaban físicamente presentes en Getsemaní, no estaban en rigor presentes a Gethsemaní.
    Tan sólo unas horas antes habían prometido que estaban dispuestos a morir antes que negarle. (Mt 26:35). Ahora, cuando Jesús pide su compañía tan sólo una hora, sus ojos, aquejados por el dolor y el
    cansancio, se cierran.

    La última vez que estos tres apóstoles estuvieron con Jesús y con los ojos cargados de sueño, se despertaron tan sólo para poner los ojos en Cristo transfigurado en gloria (Lc 09:32). Tal vez en Getsemaní cerraron los ojos con fuerza para evocar los recuerdos de esa luminosidad cegadora, para consolarse a sí mismos, sabedores de que la primera hora santa había terminado. Pero cuando finalmente despertaron del sueño, los apóstoles cayeron en la cuenta de que la oscuridad de la Agonía es tan espesa que se deja sentir en lugar de verse. Al igual que en el verso de Gerard Manley Hopkins:

    «Me despierto y siento el golpe de oscuridad, no del día.»

    Esta línea, que encabeza uno de los «terribles sonetos» de Hopkins (un grupo de poemas nacidos de un período de su lucha espiritual), se aplica no sólo a los apóstoles, sino también a la experiencia de la «presencia ausente» en Getsemaní del Señor.

    Me despierto…

    Hay otro sentido del verbo»despertar,» significando secundariamente un estado de vigilia, cuando lo propio sería el reposo. Por lo tanto, evoca la vigilia solitaria de Jesús en Gethsemaní.
    Aunque Él está tirado en el suelo, como los apóstoles, la Suya es una postura de súplica atenta y no de sueño (Mt 26:39).

    … Y sentir el golpe de la oscuridad …

    Jesús se despierta (es decir, se mantiene despierto) para sufrir todo el peso de la peor especie de oscuridad, la del pecado y la muerte. Al usar el verbo «cayeron» puede referirse al tipo de corte del animal sacrificado como ofrenda por el pecado en el Antiguo Testamento (Lev 1: 6). Los apóstoles no estaban presentes a Jesús durante la agonía. Pero sí que estuvieron allí sus pecados. Todos los pecados, los suyos, los tuyos y los míos, estaban siendo desplazados a Jesús, con la más aterradora de las presencias.
    Para quitar los pecados del mundo, los carga sobre sus hombros, (2 Co. 5:21; 1 P 2,24), plenamente consciente y obediente a la verdad, Su sacrificio marca el último signo del amor de Dios para con el hombre.

    El jueves, durante la noche santa, y en cada hora santa, se nos invita a recordar la diferencia crucial entre el desconocimiento y la falta de respuesta, para no confundir los dos conceptos.
    Es la diferencia entre una presencia ausente (piensa: los apóstoles dormitan, atrapados totalmente por la sorpresa) y una presencia silenciosa (piensa en Cristo contenido en la Eucaristía, que no responde, pero que está plenamente presente). Cuando sentimos que Él ha desviado fuera nuestras preocupaciones, nos da la oportunidad de saberle presente en nuestro agotamiento.
    En algún momento, quizás te canses de aferrarte
    a la esperanza de soluciones rápidas, remedios sin dolor, y cualquier otra cosa que no es, en última instancia, la voluntad del Padre para con nosotros. Crezcamos de la mejor manera posible distraídos. Permanezcamos en silencio, pero no dormidos.
    A continuación, encontraremos al Señor, participando en Su misma Presencia que es Su silencio. Y no habrá ninguna duda al respecto: Habremos hecho una Hora Santa.

  10. Entregado por el fuego del Amor
    23 de marzo 2016
    Fray Joseph Martin Hagan OP

    El Evangelio de hoy narra la traición de Jesús de Judas. Por treinta monedas de plata se compromete a entregar a Jesús a los príncipes de los sacerdotes. Esta traición desencadena una dinámica de créditos adicionales. Los príncipes de los sacerdotes lo entregan a Poncio Pilato, quien a su vez lo entrega a los soldados quienes le crucificaron.

    Esta cadena de entregas da forma a gran parte del relato de la pasión, pero no cuenta toda la historia. En un nivel más profundo, es posible decir que aparece la iniciativa del Padre y la de Cristo, el cual se entrega voluntariamente. Judas y el resto juegan su papel en la pasión. Sin embargo, sus papeles, aunque importantes, son en última instancia, de menor cuantía. El protagonismo de la historia pertenece a Dios.

    Cuando Santo Tomás examina cómo el Padre entregó a Cristo a la Pasión, nos brinda tres maneras de entenderlo. Por un lado, se trata de la voluntad eterna del Padre, que decreta la pasión, que deberá traer traer la Redención humana, y, por otra parte, el Padre no interviene para proteger a Cristo de la Pasión. La última forma es quizás la más bella. Santo Tomás escribe que «por la infusión de la caridad, [el Padre] le inspiró la voluntad de sufrir por nosotros» (ST III, q. 47, a. 4). Por lo tanto, la pasión de Cristo no es la consecuencia trágica de la traición de Judas, sino la culminación salvífica del amor del Padre.

    Al considerar la Pasión, a menudo nos centramos en la oscuridad, y no en la luz. Recordamos el pecado de la humanidad o el sufrimiento humano de Cristo, pero podemos olvidar el amor divino que motiva e impulsa toda la dinámica de la Pasión.
    Ciertamente, Cristo entró en la oscuridad de nuestro pecado. La noche sigue a la traición de Judas. Pero Dios no se deja ganar. El Padre encendió en Cristo el fuego de Su amor en grado sumo. «La luz brilla en las oscuridad, y la oscuridad no la vencieron.» (Jn 1, 5).

    Al considerar nuestras vidas, podemos volver a centrarnos sólo en la oscuridad. Sin embargo, todos nuestros pecados, los genocidios adornados mentiras sutiles, nunca podrán pesar más que el amor infinito, omnipotente del Padre. Para usar una imagen de Santa Teresa, incluso nuestros peores pecados, una vez confesados ​​contritamente, no son más que una gota de agua derramada en el horno ardiente del amor de Dios.

    Este amor del Padre se extiende también a nosotros. Jesús dijo a sus discípulos en la última cena: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor «(Juan 15: 9). Las palabras de Cristo pueden ofrecer sosiego, pero también nos dan el valor necesario para el combate. En medio de la oscuridad del mundo, Cristo promete el fuego divino. El mismo amor que fortaleció a Cristo en Su Pasión, ahora nos fortalece para poder llevar nuestra cruz.

    De manera especial, Jesús extiende este amor a nosotros en la Eucaristía. En este sacramento, Jesús continúa entregándise libremente a Sí mismo a nosotros, sin pararse a mirar si lo recibimos como enemigos o simples funcionarios, pues nos considera Sus amigos. Por nuestra comunión con Él, nos ofrece una participación en el amor que lo fortaleció para la Pasión.

    Cada vez que nos enfrentamos a un gran sufrimiento, Dios tiene aún mayor amor para ofrecernos. Ninguna prueba puede durar más de lo que Él tolera. Ningún enemigo nos podrá separar de Su íntima ternura. Y la oscuridad no puede competir con el fuego de Su amor. Cuando vengan las cruces, no ponderemos el sufrimiento que causan, ni busquemos aliviarlo. Pidamos tan sólo, profundizar en el amor y tener más amor.

  11. Entre aquéllos a quienes lavó los pies estaba una africana con su bebé. Pos asociación de ideas me vino a la mente la Bescansa o como se llame. Jiménez Losantos está asombrado de que al bebé ta no se le ha visto más y está preocupado por la suerte de la criatura.

  12. Acabo de ver en diferido la Misa in Coena Domini que el Papa ha oficiado esta tarde para peticionarios de asilo en Italia: africanos de varios países, árabes, pkistaníes, de la India… pertenecientes a varias religiones. Ha lavado los pies desde este sentido plural diciendo que todos tenemos el mismo Dios… y ni una palabra sobre las religiosas de la Madre Teresa, asesinadas en Yemen el 04 de Marzo y su Capellán, el salesiano secuestrado, que según se dice, mañana será crucificado…..Este Sacerdote ha pedido que se recen tres credos por la conversión de sus verdugos y tres Avemarías, por la salvación de su alma.

  13. Todos los refugiados son terroristas? Hasta hoy los ataques en Europa son de musulmanes nacidos en aquí. Se deben coger las armas? El mundo es una guerra de guerrillas y cada vez la cosa va peor. Visto el resultado de estos últimos veinte años con las intervenciones bélicas no sé que decir.

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