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¿Y a mí que me parece una estupidez de mi archidiócesis madrileña?

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Soy el primero que creo que debemos llevarnos bien con todo el mundo. Siempre que ese todo se deje. Sonrío a quien me sonríe, ayudo a levantarse a quien se cae delante de mí, ayudo a cruzar la calle a un ciego y hasta le compraría un bocadillo a quien tiene hambre.

Con las sonrisas soy generoso ya nadie se la niego. Entre otras cosas por ser muy despistado y ser posible que debiera conocer a quien me sonríe y en ese momento no le reconozca. Hace no muchos años, yendo por Serrano en las proximidades de Alcalá, una persona a la que juraría no haber visto en mi vida se abalanzó s brazos abiertos para el abrazo. Yo le abrí los míos y cuando el estrechamiento estaba a punto de producirse  el otro se para me dice: si usted  no es Manolo Gómez. Naturalmente le dije que no lo era y hasta se encampanó un poco: ¿Entonces por qué iba a abrazarme?  Pues porque el que iba a abrazarme era usted. Ah, perdone, me dijo. Puessin el menor problema.

Levantar a un caído me ocurrió pocas veces. Una de esas pocas a una señora de cierta edad, no una anciana, a la que un hueso le salía de la posición normal de una pierna. Naturalmente no la levanté. Como el móvil no le llevo nunca, o casi nunca, le pregunté si ella lo llevaba y desde él llamé al Samur. Que acudió  en minutos. Y ahí se terminó mi obra de caridad. Cruzar la calle a ciegos lo hice más veces. Tampoco tantas porque no hay tantos ciegos o yo no me los encuentro. Siempre me respondieron con una sonrisa aunque ellos no pudieran ver la que con la que yo les respondía. Jamás pregunté al caído o al ciego cuál era su religión. Había que auxiliarles fuera la que fuere. Ya ante los que piden limosna soy más cauto. A alguno que me dijo que tenía hambre le di una dirección en la que le darían de comer todos los días y vi que no le interesaba nada. Su problema era otro.

Vale esta introducción para la noticia de una iniciativa pacifista, hermoso intento la paz, en la que participa mi archidiócesis madrileña. Por parte del vicario episcopal de Pastoral Social e Innovación. No conozco personalmente a Segovia. Algún amigo que le conoce me dijo que era una buenísima persona. Lo será. Pero esa iniciativa de reunir a todos, incluso a la nada en el pacifismo m parece una chorrada. ¿Quiéns son en Madrid las Bahá’i o los Hare Krisna? ¿Qué aporta ese potpourri de la nada o la casi nada? Los musulmanes, que serían los únicos de alguna importancia, deberían primero convencer de pacifismo a otros hermanos de religión de paz. ¿Qué van también los focolares y las sanegidios? ¿Son algo en Madrid? De unos de ellos sólo conozco a un cura gordo y que me cae gordo. De los otros, a nadie.

Soy respetuoso con iniciativas particulares por inanes que sean. Vengan de Segovia, Soria o Vitigudino. Pero embarcar a la archidiócesis en eso no me parece bien. Me alegra mucho comprobar que mi arzobispo no va a ser parte del evento. Que alguno considerará astracanada. Pero el arzobispado queda de algún modo comprometido.  Porque Vitigudino, perdón, Segovia, es parte de eso. Y del arzobispado. Si esas son las innovaciones, apañados vamos.

http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=26745

Hasta me parece desafortunado el sincretista cartel. Porque lo más próximo al ano del pajarillo o pajarraco es la cruz de Cristo. Si quod natura non dat…

 

Comentarios
8 comentarios en “¿Y a mí que me parece una estupidez de mi archidiócesis madrileña?
  1. Pienso que no es bueno mezclarse en esos asuntos, p0orque apestan a nueva era o como se quiera llamar, pero en cualquier caso siempre contra la Iglesia. Y si lo organiza la mezquita de Madríd, mucho menos, pues dicen que está al servicio de Arabia y ya sabemos lo amantes de la paz que son la familia Saud.
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    Ya se sabe que doctores tiene la Iglesia, pero últimamente y a juzgar por las tonterías que se hacen, deben estar missing

  2. «Religiones por la acogida y la paz» es un acto que se celebra en la mezquita central de Madrid, lo cual es explicable teniendo en cuenta que la mayoría de los refugiados son musulmanes. Está bien la acogida y la paz, pero no que nos engañen. Hasta en los países islámicos más moderados se discrimina a los cristianos, y se coarta con dureza la libertad religiosa. La razón de ese comportamiento no es una desviación del islam, sino su verdadera esencia, pues en la revelación coránica no solo se manda no tomar como amigos a los judíos y a los cristianos (5:51), sino imponer la ley islámica por la fuerza, como han hecho desde el principio el mismo Mahoma y sus seguidores donde han tenido ocasión. Los musulmanes procuran no ser rechazados en los lugares donde aún no tienen el poder, mostrándose acogedores y pacíficos, aplicando la taqiyya (fingimiento, disímulo). Más nos vale no dejarnos engañar, porque en muchos barrios de Francia y Bélgica, con mayoría musulmana, ya se impone la «sharia» con total impunidad.
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    No habrá paz duradera si los cristianos no evangelizan a los musulmanes que se acoja. En cuanto a estos, puesto que quien reveló el Corán vino a romper expresa y extrañamente con muchos siglos de tradición judía y cristiana, especialmente con fundamentos como la figura de Abraham, o la filiación divina de Jesús y su sacrificio redentor, deberían reflexionar sobre si están sirviendo realmente al Dios de Abraham, o están siendo engañados por Satanás, el padre de la mentira.

  3. Tengo un familiar que, recientemente, ha acabado en urgencias psiquiátrica tras sufrir un brote psicótico. Estaba metida en una secta gnóstica donde le comieron el coco con el despertar de la conciencia, las energías, rollos alternativos, etc. Los propios psiquiatras le han dicho que sus problemas de salud mental derivaban del sectarismo donde estaba metida y donde ha tocado fondo. Hoy, gracias a Dios, esta fuera de esos rollos y en procesos de «desintoxicación». Al comentarle el caso a un amigo psiquiatra me digo que era algo relativamente frecuente. Algunos de los grupos que forman parte del anunciado evento propugnan cosas similares, esos grupos y sus prácticas no son tan inocuos como parecen, forman parte de eso conglomerado de grupos, movimientos etc, que conforman la llamada Nueva Era y de la que la Santa Sede ha advertido expresamente de sus peligros. Una vergüenza que la Archidiócesis se preste a eso.

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