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La cigüeña de la torre

Luto en Pozuelo. Ha muerto Don José Manuel

La Cigüeña de la Torre
15 abril, 2018

Una auténtica institución en Pozuelo (Pueblo) y aledaños. Ayer se celebró su funeral con su iglesia de la Asunción rebosante de la gente que le quería. Tanto. Con 96 años, o a punto de cumplirlos, se fue una auténtica institución local y eclesial. Hasta hace muy poco todavía presente al servicio de Dios y de esa gente a la que él también tanto quería.

Reproduciré lo que hace 9 años le dedique en el Blog y un artículo que le dedicaron con motivo de su muerte

Mi escrito lo publiqué en el Blog, entonces en Religión Digital, el 20 de junio de 2009 con el título de “Un excelente sacerdote”:

“He demorado hablaros de esto porque me ofrecieron enviarme, caso de conseguirla, una fotografía de Don José Manuel Carranza. Pero como no me llega no quiero retrasarme más.

Don José Manuel celebró el pasado día 15 sesenta y tres años de sacerdocio. Y los celebró feliz entre tantas personas que le queremos. Tiene 86 años y los lleva estupendamente. Tal vez sean ya 87. Yo, que le conozco hace más de veinte años, le he visto pasar una pancreatitis que no se lo llevó de este mundo de milagro. Durante bastante tiempo sólo podía mojar los labios en el cáliz y era otra persona quien lo consumía. Hasta que un día eso desapareció. Hace unos años tuvo un infarto. Y también lo supero como si nada. Y ahí le tenemos espléndido para su edad. Y continúa siendo un puntal en la parroquia. Donde no hay nadie que no le quiera.

Son muchas las cosas positivas que se pueden decir de Don José Manuel. Destacaré varias. En primer lugar su eclesialidad. Siempre se le ha visto como sacerdote entregado a la Iglesia. A todas horas. En él siempre se encontraba al sacerdote. Jamás le he visto una extravagancia o un antitestimonio. En días en que tanto abundaban.

Fue siempre, lo sigue siendo, un cura elegante. Con un clergyman impecable que lleva continuamente. Jamás le he visto sin él. Pero esa elegancia la llevaba con una simpatía personal que le hacía proximísimo. Si alguien se lo tropieza en la calle y le acompaña cien metros son unos metros larguísimos. Le paran, le saludan, le besan, le dicen adiós… Es amigo de todo el mundo. Amigo muy querido.

Pero no es igualmente amigo de todos. Tiene sus preferencias. Bien puedo decir que hace acepción de personas. Es sobre todo amigo de los enfermos. Cuando alguien se lo encuentra por la calle, todos los días, bien podría arrodillarse a su paso porque es casi seguro que en el bolsillo de su chaqueta lleva al Santísimo para algún enfermo. Si se ha entregado a todos, a los enfermos mucho más. Si en Pozuelo hay alguien que se merezca el nombre de apóstol de los enfermos es él.

Es también un orador más que notable. Que se crece ante las masas. Recuerdo alocuciones suyas magníficas como cierre de procesiones, en el día de la patrona…

Los sacerdotes de la parroquia de la Asunción tuvieron la magnífica idea de hacerle presente, en vida, el cariño de sus fieles. Que tantas veces sólo puede reflejarse en un funeral. El lunes, a las ocho de la tarde, la iglesia de la Asunción estaba abarrotada. Más de veinte sacerdotes rodeaban a Don José Manuel en el presbiterio. Fue un acto hermoso y merecido.

No faltaron el mensaje cariñoso del cardenal ni la bendición pontificia. Los aplausos interminables. En verdad que allí se sentía el Ved como se aman.

Gracias Don José Manuel por su vida sacerdotal. Esas manos consagradas el 15 de junio de 1946 y que tanto nos han dado a Jesucristo acaba usted de ver como están llenas de amor agradecido de tantísimos fieles que, siéndolo, encuentran escaso ese nombre. Porque usted les ha hecho mucho más. Les ha dado un apellido. No somos simples fieles. Somo fieles amigos. No amigos fieles, que también. Pero no es lo mismo. Usted lo sabe bien. Porque todo es fruto de su sacerdocio. De su ejemplar sacerdocio.

Pozuelo es una especial bendición de Dios por muchas cosas. Una de ellas es Don José Manuel Carranza. Sacerdote que con 86 años no sueña en jubilarse. Otro abrazo muy fuerte, Don José Manuel”.

El otro lo  recojo de “El Correo de Pozuelo” de anteayer titulado: “Pozuelo llora por otro de los suyos. Ha muerto Don José Manuel Carranza, el cura de la Asunción de Nuestra Señora que nunca pudo ser párroco”:

“Don José Manuel Carranza ha muerto a la edad de 96 años. Salmantino de nacimiento, vino a Pozuelo en 1971 a ayudar al párroco de entonces que estaba delicado de salud y, salvo unos meses, se quedó de coadjutor de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora al no pertenecer a la diócesis de Madrid.

Hombre muy querido en el Pueblo por su gran bondad y humildad, era un gran devoto de Nuestra Señora de la Consolación, ya que era el Hermano Mayor de Honor de la Congregación.

Hasta hace poco tiempo ha estado diciendo misa diaria. Y entre los muchos recuerdos de su labor pastoral estaba, según ‘En Pozuelo’, la organización de la primera Cabalgata de Reyes, al poco de venir aquí, y en la que colaboraron los integrantes de la peña Los Mingas que, aunque no tenía nada que ver con la de ahora, nunca olvidaría.

Descanse en paz y que las campanas de la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora echen al vuelo su dolor por todos los que le quisieron”.

Fue sin duda el verdadero párroco de Pozuelo Pueblo.Todos le teníamos por tal. Lo era en nuestros corazones.

La misa me dicen que fue multitudinaria. Presidida por el vicario zonal y concelebrada por una veintena de sacerdotes. Madrid tiene un arzobispo y cuatro obispos auxiliares. Sin duda todos ocupadísimos en cuestiones muchísimo más importantes que presidir un funeral por uno de sus mejores sacerdotes. Pero qué quieren que les diga. Uno al menos me parecía de obligada presencia. Supongo que como yo lo habrán pensado muchos. Y buena parte de los sacerdotes asistentes. Que habrán pensado que eso es lo que les espera cuando fallezcan.

Adiós, Don José Manuel. Hasta el cielo. Yo confiando en la infinita misericordia de Dios. Tú en el agradecimiento del Señor a quien tan bien serviste y de tu Virgen de la Consolación a la que tanto amaste y cantaste.

Ya estás consolado de tus últimísimos achaques y para toda la eternidad. Que Ella nos consuele a nosotros por tu pérdida. Que se hace más llevadera en el convencimiento de que has pasado a una vida mejor. Infinitamente mejor.

La Cigüeña de la Torre


2 COMMENTS ON THIS POST To “Luto en Pozuelo. Ha muerto Don José Manuel”

  1. canali_ dice:

    Un remedio para el absurdo

    Fray Nicholas Hartman OP
    13 de Abril de 2018
     

    En 1947, Albert Camus publicó La Peste, una novela que narra una plaga que se instaló en Orán, cuando Argelia dependía de Francia.
    Después de que la contrajeran unos pocos ciudadanos, el número semanal de muertos fue en aumento, lo que provocó ordenanzas gubernamentales, y en consecuencia, se selló la ciudad y se pusieron en cuarentena las víctimas, en un intento inútil de evitar la propagación de la plaga.
    La historia transcurre al compás del trabajo del Dr. Bernard Rieux, el médico que primero identifica la plaga e insta los protocolos para tratar la peste.

    La matanza indiscriminada causada por la peste ilustra la visión de la vida y de la muerte de Camus como un absurdo.
    La muerte se cierne sobre cada vida para golpear a todos los que alguna vez recibieron su aliento. La muerte es un ecualizador que equilibra todas las escalas: Ya se trate del justo o del injusto, todos son indiscriminadamente su presa.
    La muerte hace que todo lo referente al hombre sea temporal y, por consiguiente, carente de sentido, en resumen, un absurdo.

    Camus presenta a Rieux como un remedio plausible para el absurdo. Rieux acepta el absurdo de la muerte y lucha contra él descartando cualquier esperanza final: “Dado que el orden del mundo está configurado por la muerte, ¿No sería mejor respecto a Dios, que nos negásemos a creer en Él y luchásemos con todas nuestras fuerzas contra la muerte, sin levantar nuestros ojos al cielo donde Él se sienta en silencio? ”
    Los ciudadanos de Orán proponen otro remedio. No buscan el significado último, sino que optan por los placeres de la vida, incluso olvidando a las víctimas cuando termina la plaga. Camus describe su actitud:

    “Todos salen corriendo a la luz, se drogan con los discursos, comienzan a discutir o a hacer el amor, y en el último resplandor de la puesta del sol, la ciudad, llena de parejas de amantes, se desliza ruidosa como una nave sin timón, hacia la oscuridad palpitante.
    En vano un fervoroso Sacerdote se abre paso entre la multitud, prclamando: “Dios es grande y bueno. Vayamos a Él.”
    No obstante, todos se apresuran hacia algún objetivo trivial, que parece tener un interés más inmediato que Dios.

    Para Camus, uno no debe buscar el significado de la vida y de la muerte, sino aceptar la oscuridad y evitar las ilusiones de la significación creada por uno mismo.
    Sin embargo, si se mira con cuidado, Rieux y los ciudadanos de Orán adoptan una significación creada por ellos mismos: La búsqueda ciega de los placeres de la vida o la lucha perdida de antemano contra la muerte.
    Se trata sin más de fantasmas creados por ellos mismos, que, como el agua que recibe su forma de su recipiente, regresa a la nada cuando las formas se disipan.

    Sin embargo, es posible escapar de los fantasmas de propia fábrica, sin sustituirlos por otras ilusiones, sino mirando a la luz increada. Pero, Camus prohibe ir a la luz, como si la desesperación fuera algo bueno.

    Hace casi dos semanas, hemos celebrado la Resurrección del Señor. Ahora, mientras se marchitan los lirios de la Pascua, las lecturas de la Misa de hoy dirigen nuestra mirada hacia la inutilidad de la vida desgajada de la obra divina de Cristo: la inutilidad de la predicación de los apóstoles y su incapacidad de alimentar a miles de personas sin la ayuda divina.
    Durante la Pascua, debemos pensar especialmente en la inutilidad de la vida, si se abstrae de la luz de la Resurrección de Cristo: “Si los muertos no resucitan, comamos, bebamos y seamos felices, porque mañana moriremos.” (1 Corintios 15:32).
    Los ciudadanos de Orán enfocan la vida de este modo. Pero, nosotros sabemos que la Resurrección ha conquistado la temporalidad de la muerte: “Ubi est mors, victoria tua? Morsus tuus ero, inferne, (Oh muerte, ¿Dónde está tu victoria? Yo seré tu mordisco, oh infierno). (1 Cor. 15,55).

    En el relato de la creación del Génesis, la tierra “estaba desordenada y vacía, y las tinieblas se cernían sobre la faz del abismo.” (Génesis 1, 3).
    Durante la Vigilia Pascual, el celebrante bendice las aguas bautismales sumergiendo el fondo sólido del Cirio Pascual encendido, en el agua.
    Cuando la luz de Cristo se cierne sobre las aguas en la liturgia, casi se puede oír un débil eco de esas palabras que se pronunciaron sobre las aguas en los días de la creación del mundo: ¡Fiat lux! ¡Que haya luz!

  2. Hechos dice:

    QEPD.
    Le traté en una ocasión por la solicitud de una partida de Bautismo, me pareció muy agradable, correcto y cercano, de trato afable.

    Él ya recibió el ciento por uno en la tierra y ahora le toca recibirlo en la Vida Eterna.

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