Los obispos más ancianos de la Iglesia

El decanato lo tiene el norteamericano Gerety, arzobispo emérito de Newark con 103 años. El vicedecanato un belga, con 91 Cinco tienen ya 100 años, entre ellos el español misionero Garaygordóbil y el cardenal Capovilla. Sólo hay uno de 99 años, el español Iguacén aunque antes de dos meses, D. m., pasará a engrosar el número de los centenarios. De 98 años hay tres obispos. Dos de 97 Doce de 96, entre ellos aparecen los primeros representantes del tercer mundo, que parecen llegar, al menos con los datos de hoy, a una edad inferior de los del primer mundo. Cinco de 95 Quince de 94 Catorce de 93 Y 23 de 92. Aunque cuatro de ellos estén muy próximos a incrementar el escalón superior. Con esas edades naturalmente esta estadística variará enseguida. Hay entre ellos dos españoles más. El misionero Tato Losada y el auxiliar de Madrid Iniesta. Ambos de 92 años aunque Iniesta muy próximo a los 93 Creo que no estaría de más que todos los lectores, yo así lo hago, encomendaseis a Dios  a todos estos obispos, no pocos de ellos meritorísimos con la Iglesia, para que les conceda una tranquila ancianidad y cuando les llegue el día les abrace en su misericordia. A muchísimos como siervos buenos y fieles y los que no lo hayan sido, o que no lo hayan sido tanto, que la generosidad infinita de su Sangre lave las deficiencias que hayan podido tener. Y el próximo español que pase a figurar en esta lista será, si Dios quiere, el cardenal Álvarez Martínez, hoy con 90 años. Y ya a más distancia el también cardenal Estepa a punto de cumplirlos el próximo 1 de enero. Creo que Don Francisco está delicado de salud. A Estepa le vi hace seis meses y para su edad estaba muy bien. Sin problemas de cabeza ni de movilidad. Tal vez en esa antesala haya algún otro obispo misionero español pero a esos no les sigo la pista. Es posible que algún lector nos dé noticia de alguno. Lo dicho. Encomendad a todos. Que se note que creemos en la Comunión de los Santos. Que no se nota apenas nada. He tenido con Don Alberto Iniesta notabilísimas discrepancias que en su día hice públicas. Y seguro estoy que pasándome de lengua. Cosa no rara en mí. Hoy me siento muy a gusto encomendándole a Dios. Sin haber variado para nada mi juicio crítico de antaño. Otras son las horas y las actuales son de oración y no de crítica. Aunque si algún día hiciera una exposición de su actividad cuando ejercía no iba a ocultar mi opinión sobre ella. Una cosa son los hechos del pasado, que ahí están y sobre los que se puede opinar, y hasta se debe, y otra muy distinta la oración por él en su ancianidad. Y más, si no hubiera esa más también, cuando me dicen que lleva desde hace tiempo una vida piadosísima. Incluso ejemplar. Que en la capilla del lugar donde reside es habitual verle, en su silla de ruedas, en oración ante el Santísimo.    

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