Los obispos de Orense en el siglo XIX (II, 4): Luis de la Lastra y Cuesta

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Luis de la Lastra y Cuesta: 1852-1855

Tras el breve pontificado de Zarandía llegó otro de alguna más duración pero no mucha pues apenas rebasó los cinco años.

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Luis de la Lastra y Cuesta había nacido en Cubas (Santander) el 1 de diciembre de 1803[1], según varios autores, en el seno de una familia noble[2]. Sin embargo, la Historia contemporánea del clero español correspondiente a 1851 y 1852, Madrid, 1853, y Vicente Cárcel Ortí señalan como fecha de nacimiento el mismo día y mes pero del año 1804[3].

Estudió con los escolapios de Villacarriedo y se graduó en Derecho Civil y Canónico en la Universidad de Valladolid[4].

Ordenado en diciembre de 1828, apenas doctorado en Derecho opositó a la canonjía doctoral de Burgos e inmediatamente a la misma de Toledo donde también la consigue, según Ramos. Goñi, en cambio afirma que en 1929 Lastra y Uriz y Labairu, que en 1850 será nombrado obispo de Lérida, opositan a la doctoralía de Burgos fracasando ambos en su empeño[5]. Creemos que lo mismo le debió ocurrir con la de Toledo pues no se entendería que habiéndola ganado opositara a la de Orihuela. Cárcel y González García son también de esta opinión pues sólo consideran las doctoralías de Orihuela y Valencia[6]. Cárcel sí nos dice en cambio que previo a la canonjía doctoral de Orihuela obtuvo por oposición un curato de Órdenes Militares [7]

En Valencia parece asentarse ganando nombre y prestigio hasta el punto de ser nombrado provisor y vicario general en lo que será confirmado después por el nuevo obispo García Abella, nombrado para Valencia en 1848[8], según Ramos y gobernador eclesiástico o vicario capitular, elegido por el cabildo valenciano cuando en 1837 fallece el gobernador eclesiástico Ferraz, desempeñando de la Lastra ese cometido hasta la llegada en 1848 del arzobispo García Abella por lo que el futuro obispo de Orense cubrió casi la totalidad de aquella prolongadísima sede vacante[9].

“En 1836 redactó el informe sobre los diezmos indicando como es una costumbre que siempre se ha cumplido en estos reinos. En 1841 eleva a la Regencia del Reino un informa contrario al Decreto del 21 de enero del mismo año por el que se pretendía la incorporación al Estado de todos los bienes del clero secular”[10].

“En 1848, al cesar la enseñanza de la Facultad de Teología en las Universidades, el gobernador eclesiástico, sede vacante, Luis de la Lastra, estableció en el Seminario todas las asignaturas[11].

Era pues uno de los eclesiásticos más relevantes de España por lo que no fue de extrañar que para la vacante que había dejado Zarandía en Orense la reina Isabel II le presentara el 3 de noviembre de 1851 siendo preconizado por Pío IX en el consistorio del 18 de marzo de 1852 [12].

Fue consagrado el 20 de junio de 1852 en San Isidro de Madrid por el Nuncio Brunelli asistido por el Patriarca de las Indias, Iglesias Barcones y el obispo de Astorga, Forcelledo Tuero[13].

Tomó posesión de la diócesis el 24 de junio apoderando para ello al deán de la catedral, Joaquín Cordón e hizo su entrada oficial el 21 de julio procedente de Lugo en cuyo palacio episcopal se había hospedado[14].

Llegaba a Orense “un hombre realmente destacado en cualidades y en actividad, lo que explicará su pronta promoción al arzobispado”[15]. No eran habituales en los días isabelinos las vocaciones sacerdotales en el estado noble, en contraposición a años anteriores, fueran o no vocacionales, aunque sin grandes deméritos en las que no lo hubieran sido, la dignidad había sido tónica general, y por ello se comprende que quienes provenían de ese estado fuera ello reconocido en sus carreras. En la de la Lastra fue así y no cabe escandalizarse por ello siendo tan escasa su representación. La Iglesia ya no era salida de segundones pero si alguno llegaba, destacando sobre los demás, no era precisamente desmerecido. De la Lastra fue uno de esos. No ciertamente el único pero sí ahora escasos.

Llegaba con los valores de su clase y “la predicación, el celo en procurar la regularidad y ejemplaridad de costumbres del clero, el desempeño exacto e intenso de sus obligaciones pastorales, fueron una constante en Orense como posteriormente en las otras sedes que ocupó”[16]. A la dignidad episcopal de la Lastra añadía su natural señorío.

El 6 de enero de 1854 el arzobispo de Santiago, García Cuesta y sus sufragáneos publican una pastoral solidarizándose con el obispo de Barcelona Costa y Borrás y condenando El Clamor Público y otra prensa anticatólica[17]. Costa y Borrás era la figura emergente del Episcopado español que en 1850 había pasado de Lérida a Barcelona donde sería el catalizador de los obispos españoles en sus manifestaciones colectivas y la bestia negra de los progresistas. “García Cuesta inauguraba con esta pastoral la praxis de publicar documentos colectivos del episcopado de nuestra provincia eclesiástica”[18]

Cuando los progresustas se hacen con el poder tras la Vicalvarada de 1854, el arzobispo de Santiago vuelve a salir, con sus sufragáneos, entre los que estaba el obispo de Orense, con una excelente exposición (17/IV/1855) en favor de los perseguidos obispos de Barcelona y Osma, Costa y Borrás y Lagüera[19], que es apenas una muestra de lo que iba a ser constante actuación del metropolitano de Santiago para lo que siempre contó con el respaldo de sus obispos sufragáneos entre los que estaba el de Orense.

González García, referencia siempre segura en todo lo que se refiere a aquella diócesis gallega, y sin que luego pormenoricemos las actuaciones con García Cortés, introduce la cuestión del siguiente modo: “Las disposiciones claramente encaminadas a limitar la libertad e influencia de la Iglesia que emanan en estos años de los diversos ministros de Gracia y Justicia (José Alonso, Joaquín Aguirre, Fuente Andrés y Arias Uría) motivaron que una de las preocupaciones de los obispos sea hacerle frente mediante exposiciones, protestas y reclamaciones que ya a título individual o colectivo dirigen a la reina o al gobierno”[20].

Y hace una sucinta pero contundente exposición de las agresiones progresistas a la Iglesia en el bienio al hilo de las protestas episcopales que suscribió de la Lastra: Contra la nueva venta de bienes eclesiásticos, las cláusulas restrictivas a la Bula proclamando la Inmaculada Concepción de la Virgen, la supresión de capellanías y beneficios curados, la prohibición de órdenes, la supresión de conventos entre los que estaba el de las clarisas de Allariz, el destierro de los obispos de Barcelona y Osma[21].

Respecto a la claras de Allariz se preocupó en 1852 de la renovación del monasterio, único de religiosas existente en la diócesis, “dictando normas concretas para ello”[22].

Y anunciado en el Bienio el proyecto desamortizador de Madoz comienzan las protestas episcopales, como ya hemos indicado, entre las que no podían faltar la del siempre activo García Cuesta y así Franchi informaba a Roma el 8 de febrero de 1855 que “El arzobispo de Santiago y el obispo de Salamanca ya han preparado la suya de la que se adjunta copia a V. E. Rvma. Y que será firmada por todos los sufragáneos y después publicada”[23], por lo que damos por hecho que fue firmada también por Luis de la Lastra, entonces sufragáneo de Santiago como obispo de Orense.

Suposición que se convierte en certeza leyendo los títulos en García Cortés: Exposición a a las Cortes de los Obispos de Lugo, Orense, Mondoñedo, Astorga, Oviedo y Zamora contra el proyecto de libertad de cultos y excesos en la libertad de prensa (3/2/1855)[24]y, de la misma fecha: Exposición del Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo de Santiago y sus sufragáneos a S. M. sobre el proyecto de ley sobre desamortización[25].

García Cuesta era irreductible en su oposición al Gobierno de Espartero y el 9 de marzo de 1855 se dirigía a la Reina, como siempre respaldado por sus sufragáneos contra la supresión de capellanías[26]. El 21 de marzo eran los obispos de la provincia eclesiástica compostelana, encabezados por el metropolitano quienes volvían a exponer, esta vez a las Cortes contra el proyecto desamortizador[27].

El 17 de abril de este mismo año los mismos se dirigen a Isabel II contra el decreto de prohibición de órdenes[28]. El 4 de mayo son García Cuesta y de la Lastra quienes exponen a la Reina contra la circular sobre ordenación de pagos[29]. Y el 25 de mayo, el metropolitano y sus sufragáneos exponen de nuevo a Isabel II contra la orden del ministro Aguirre sobre los requisitos que deben reunir los que sean elegidos vicarios capitulares, que a esos extremos llegaba el regalismo esparterista[30].

El 6 de junio, una vez más protestando de los excesos regalistas del Gobierno el compostelano y sus sufragáneos exponen a la Reina Isabel contra las cláusulas restrictivas del pase regio concedido a la Bula Ineffabilis Deus, Carta Apostólica de Pío IX que proclamaba el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen tan bien acogido por la jerarquía, el clero y el pueblo de España[31].

El 10 de agosto los mismos se volvían a dirigir a la Soberana contra el decreto de supresión de conventos de monjas[32].

Cuatro días después es de la Lastra quien también representa individualmente contra este último decreto [33], afectado sin duda vivamente por la suerte de su querido convento de clarisas de Allariz.

Tanta protesta del arzobispo compostelano , respaldado siempre por sus sufragáneos descompuso a un Gobierno tan “liberal” como el que encabezaba Espartero y respaldaba O’Donnell que terminó prohibiendo las reuniones de obispos y los documentos colectivos de los mismos. Lo que daría lugar a una nueva protesta de García Cuesta (20/7/1855) aunque en esta ocasión, a título individual[34]

En 1857 se establecen los Hijas de la Caridad en el Hospital Provincial de Orense dando por seguro que con el beneplácito del obispo [35]. Si bien Hernández Figueiredo rebaja su participación atribuyendo el protagonismo a la Diputación aunque atenúa la no autoría de Lastra: “no siendo imposible que él pudiera haber animado a los ediles políticos aurienses a tomar tal determinación antes de su partida para la capital hispalense”[36]. Hay que corregir el lapsus, no error, de Hernández Figueiredo que conoce sobradamente que el obispo de la Lastra no partió de Orense a la capital hispalense sino a Valladolid.

En este mismo año de 1857, desamortizado el gran monasterio de Celanova en cuya iglesia se conserva el cuerpo de San Torcuato, lo reclama Guadix, a lo que se opone el obispo de Orense (11/2/1857)[37]

Restaura el Seminario de Orense y le da nuevas constituciones. Suponemos que el Seminario debió estar siempre en sus desvelos pastorales pues también vemos que dio nuevos estatutos al seminario de Valladolid[38]. Así lo recoge González García: “Fue también muy notable su preocupación porque el Seminarios Diocesano estuviera a la altura humana, intelectual y espiritual que sus fines demandan ; entre otras disposiciones con fecha 9 de diciembre de 1852 dictó normas sobre el modo de vestir de los alumnos externos y con fecha de 26 de octubre de 1855 normas de disciplina para todos”[39]. Cfr. Reglamento para el Seminario Conciliar de San Fernando de Orense publicado por el Ilmo. Sr. Obispo Dr. D. Luis de la Lastra y Cuesta, y ampliado por el Exmo. E Ilmo. Señor Dr. D. Cesáreo Rodrigo, Obispo de la misma Diócesis, 1880, en la imprenta de Dª Pilar Sideral, Viuda de D. Pedro Lozano, 16 páginas en cuarto. “Hasta la página 11 el Reglamento para alumnos internos y externos del obispo Luis de la Lastra fechado el 26 de octubre de 1853. Desde la página 13; Ampliación al anterior Reglamento del obispo Cesáreo Rodrigo, fechado el 13 de agosto de 1880”[40].

De “sus sermones en la catedral que atraían a una numerosa concurrencia” nos deja también constancia González García [41].

María Isabel del Campo Muñoz le tiene por obispo carlista cosa que nos parece exagerada aunque fuera notoria su protección al luego obispo de Osma, Lagüera y Menezo, de indudable adscripción carlista o mejor integrista. Es evidente que a la muerte de Fernando VII la mayoría del episcopado español simpatizaba ideológicamente con Don Carlos María Isidro. Simpatías que el régimen liberal con su hostilidad a la Iglesia agudizó. Pero la debilidad del Pretendiente, territorial y militarmente, hizo que el carlismo de los obispos fernandinos fuera mucho más en potencia que en acto. Ya en los días de Luis de la Lastra, incluso en los iniciales que son los orensanos, los obispos, salvo alguna rarísima excepción, han sido ya nombrados por Isabel. De su padre deben quedar apenas García Abella, Fort, Andriani, Rivadeneira, Bonel, Alameda, Gómez de las Rivas y Romo. El carlismo era pues mucho más una añoranza que una realidad. Y además de la Lastra no era precisamente heroico como lo iba a demostrar en Sevilla cuando llegó “La Gloriosa”. Aunque ahora estamos en Orense y en un quinquenio que englobó al bienio esparterista. Y en el que se deben juzgar hechos y no presuntas o más reales morriñas. Aunque estemos en Orense.

La amistad con Lagüera, cierta, obispo eterno de Osma (1861-1893) y la protección al mismo en sus años previos al obispado, me parece que no autorizan a calificarle de obispo carlista y menos cuando Isabel II le distinguió con particularísimas muestras de benevolencia: Obispado, arzobispados de Valladolid y Sevilla, cardenalato. Todo eso no se da a un enemigo dinástico. Sabemos que los nombramientos son pontificios pero también que estaba vigentísimo el derecho de presentación y hasta los ruegos en las creaciones cardenalicias. Por ello nos parece que no responde a la realidad ni con sus matices de que su carlismo estaba “más bien a un nivel de simpatía íntima no de proyección pública” [42]. José Leonardo Ruiz Sánchez y Leandro Álvarez Rey le califican de “ferviente partidario de la reina Isabel II”[43]

No se puede negar en cambio la amistad y protección que siempre mostro a Lagüera aunque nos parece mucho más personal que ideológica aunque en las ideas hubiera también coincidencias. Por ello se lo llevó consigo “a sus diferentes puntos de destino hasta recomendarle finalmente pera ocupar la sede de Osma”[44].

“La tutela de Lastra fue tan evidente que se puede calificar de fulgurante la trayectoria de Lagüera desde este momento. Ambos eran oriundos de Santander, exalumnos de un mismo colegio, opositores en el primer momento de su carrera sacerdotal a curatos de Órdenes Militares, universitarios con amplios estudios de Derecho y, como se verá, de ideología carlista”[45].

Lo de la ideología no se ve tan clarísimo como lo ve la autora en cuestión pero lo que sí es absolutamente cierto es que de la Lastra se llevó consigo a Lagüera a Orense donde la hará arcipreste, vicario general, provisor y catedrático del Seminario[46]. También se lo llevará a Valladolid una vez promovido a ese nuevo arzobispado donde seguirá siendo su hombre de confianza pero eso ya cae fuera de la biografía de Luis de la Lastra como obispo de Orense.

Comenzó la visita pastoral, la Santa Visita, como se la llamaba, a muy poco de incorporarse a la diócesis en 1853 y “ a ella se dedicó gran parte del año mientras estuvo al frente del obispado”[47].

“La situación de miseria pública que debido a las malas cosechas agravó ya la pobreza de tantos diocesanos en 1853, motivó una circular de 1 de abril d 1853 instando a los párrocos a cooperar eficazmente en el auxilio de los más necesitados y en los meses siguientes dio diversas providencias y actuó con eficacia para procurar los remedios posibles, como aplicar los fondos del indulto cuadragesimal”. Esta preocupación generosa por los pobres estuvo vivamente presente a lo largo de su pontificado. El hombre de su confianza fue el canónigo doctoral doctor Ramón Rodríguez Estévez, a quien nombró gobernador en sus ausencias, y tuvo como provisor y vicario general gran parte de su pontificado. Y posteriormente fue su provisor y vicario don Pedro María Lagüera. Arcipreste de la catedral”[48].

Es su pontificado una epidemia de cólera asoló la diócesis entre 1855 y 1856 y ello obligó a convertir el cuartel de San Francisco en hospital provincial y el seminario en acuartelamiento de la tropa”[49].

El 3 de agosto de 1857 es nombrado primer arzobispo de Valladolid, Resines dice que de 1856 en lo que parece error [50] y al quedar vacante Sevilla por la muerte del cardenal Tarancón y Morón, arzobispo de aquella archidiócesis, la más importante de España después de la de Toledo, es trasladado a ella el 16 de marzo de 1863, día en el que fue también creado cardenal [51]. Pero son acontecimientos ajenos a su pontificado en Orense que es nuestro propósito en este relato por lo que prescindiremos de referir esa etapa de su vida salvo citar esas tres fechas. Rodriguez Valencia en la página citada incurre en un error notable al decir que a Valladolid llegaba como su primer arzobispo el obispo de Oviedo en lugar del de Orense.

Al tener noticia de la llegada a Madrid de las bulas nombrándole arzobispo de Valladolid, para lo que había sido preconizado en el consistorio de 3 de agosto de 1857, manifiesta al cabildo orensano que el nombramiento le ha llegado “sin yo desearlo, esperarlo ni merecerlo”, que ha decidido dejar Orense el 23 de septiembre, camino de Santiago para despedirse del Apóstol e ir desde allí a Santander a la espera del pase regio de las mencionadas bulas. Dejaba al deán de la catedral como gobernador del obispado hasta la declaración de la vacantía de la sede[52]. Creemos que el gobernador fue Joaquín Cordón, deán desde 1850 y eclesiástico de notable peso en la diócesis[53].

“Fue grande el sentimiento del cabildo y de la diócesis entera por este traslado y las despedidas estuvieron llenas de emotividad”[54].

Fallecerá como cardenal arzobispo de Sevilla el 5 de mayo de 1876[55]. Ruiz Fidalgo se limita a indicar el año: 1876[56]

“En su testamento tuvo un recuerdo para la catedral de su primera diócesis, enviando un precioso cáliz de esmeraldas que le habían obsequiado a él los duques de Montpensier; se conserva en el museo de la catedral basílica”[57].

[1] Ramos, M.: Lastra y Cuesta, Luis de la: Diccionario de Historia Eclesiástica de España, II. CSIC, Madrid, 1972, p. 1270; Guitarte =p. cit., p. 160; González García: Op. cit.,, p. 546

[2] Ramos: Op. cit, p. 1270; Cuenca, José Manuel: La Iglesia española ante la revolución liberal. Rialp, Madrid, 1971, p. 203).

[3] Historia…p. 57; Cárcel Ortí. Vicente: Luis de la Lastra y Cuesta, en Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, http://dbe.rah.es/biografias/39812/luis-de-la-lastra-y-cuesta

[4] Ramos: Op. cit., p. 1270; González García: Op. cit. p. 546

[5] Goñi Gaztambide, José: Historia de los Obispos de Pamplona, X, Pamplona, 1991, p. 17

[6] Cárcel; Op. cit.; González García: Op.cit., p. 546

[7] Cárcel: Op. cit.

 

[8] Ramos: Op. cit., p. 1271

[9] Cárcel Ortí, Vicente: La Iglesia valentina durante la primera mitad del siglo XIX, en Historia de las diócesis españolas, 6: Valencia, Segorbe-Castellón, Orihuela-Alicante. BAC, Madrid, 2006, p. 351

[10] Ramos: Op. cit. p. 1271)

[11] Robres, R.: Valencia, Archidiócesis de, en DHEE, IV, CSIC, Madrid, 1975, p. 2695

[12] González García: Op. cit., pp. 546-547

[13] Guitarte: Op. cit. p. 160

[14] González García: Op. cit., p. 547

[15] González García: Op. cit., p. 547

[16] González García: Op. cit., p. 547

[17] Ezenarro, Ramón de: Biografía del Excmo e Ilmo Sr. D. José Domingo Costa y Borrás, en Obras del Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Doctor D. José Domingo Costa y Borrás, I, Barcelona 1865, pp. 30-31; García Cortés, Carlos: El cardenal García Cuesta (1803-1873).Cabildo, Instituto Teológico y Seminario de Santiago, Santiago, 2006, p. 172; Cebrián Franco, Juan José: Obispos de Iria y Arzobispos de Santiago de Compostela. Instituto Teológico Compostelano, Santiago, 1997, p. 282

[18] García Cortés; El cardenal…p. 172

[19] Ezenarro: Op. cit., pp. 43-44; García Cortés, Carlos: Documentación colectiva del Episcopado gallego en el siglo XIX, en Estudios Mindonienses, 3 (1987), pp. 221, 225; García Cortés: El cardenal…, p. 175

[20] González García: Op. cit., p. 547

[21] González García: Op. cit., pp. 547-548; García Cortés; El cardenal

[22] González García: Op. cit., p. 548.

 

[23] Núñez Muñoz, María F. y Díez de Cerio, F. SJ: El bienio progresista (1854-1856) y la ruptura de relaciones de Roma con España según los documentos vaticanos. Universidad de La Laguna, Madrid, 1993, p. 95; García Cortés: El cardenal…, p. 174

[24] García Cortés: Op. cit., p. 222

[25] García Cortés: Op. cit., pp. 223-224

[26] García Cortés: Op. cit., p. 224; García Cortés: El cardenal…, p.175

[27] García Cortés: Op. cit., pp. 224-225

[28] García Cortés: Op. cit., p. 225; García Cortés: El cardenal…, p. 176

[29] García Cortés: Op. cit., p.226

[30] García Cortés: Op. cit., p. 227

[31] García Cortés: Op. cit., p. 227; García Cortés: El cardenal…, pp. 176-177

[32] García Cortés: Op. cit., pp. 227-228; García Cortés: El cardenal…, pp.177-178

[33] García Cortés: Op. cit., p. 228

[34] García Cortés: El cardenal…,p. 177

[35] Guzmán, J.: DHEE, III, CSIC, Madrid, 1973, p. 1833

[36] Hernández Figueiredo, José Ramón: “Solución del Papa Pío IX a la “cuestión de las Hijas de la Caridad españolas”, célebres por su aportación benéfico-asistencial”, en Compostellanum, LVII, 1-2, 2012, p. 374

[37] Jaramillo Cervilla, Manuel: Maximiano Fernández del Rincón (1835-1907). BAC, Madrid, 1996, p. 323

[38] Martín Hernández, Francisco: Los Seminarios españoles. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1964, pp. 80 y 121

[39] González García: Op.cit., 548-549

[40] González García, Miguel Ángel: Notas sobre impresos y bibliografía relacionada con el Seminario de Ourense (Siglos XIX y XX), en Auriensia, 1 (1998), pp. 180-181

 

[41] González Garcia: Op. cit., p. 548

[42] Campo Muñoz, María Isabel del: Un integrista contra el sistema. Pedro María Lagüera y Menezo (1817-1892). Ediciones de Historia, Madrid, 1997, pp. 21-22

[43] Ruiz Sánchez, José Leonardo y Álvarez Rey, Leandro: Sevilla contemporánea, en Ros, Carlos (Dir.): Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo, Sevilla, 1992, p. 692).

[44] Campo: Op. cit., pp. 30-31

[45] Campo: Op. cit., p. 34

[46] Campo: Op. cit., pp. 34.35

[47] González García: Op. cit., p. 549

[48] González García: Op. cit., p. 549

[49] Rodríguez Lago, José Ramón: La diócesis de Orense desde 1850.3 El cuadro de la vida religiosa, en Historia de las diócesis española, 15. Lugo, Mondoñedo-Ferrol, Orense, BAC, Madrid, 2002, p. 607

 

[50] Resines, Luis: Iglesia de Valladolid en Historia de las diócesis españolas, 19; Palencia, Valladolid, Segovia, BAC, Madrid, 2004, p. 319

[51] Guitarte: Op. cit., p. 160; Cárcel: Op. cit.; IEF: Sevilla, Archidiócesis de, en DHEE, IV, CSIC, Madrid, 1975, p. 2458; Rodríguez Valencia, V.: Valladolid, Archidiócesis de, en DHEE, IV, CSIC, Madrid, 1975, p. 2709; http://dbe.rah.es/biografias/39812/luis-de-la-lastra-y-cuesta

[52] González García: Op. cit., p. 548

[53] Leza Tello, Prudencio y Pérez Formoso, Pilar: Dignidades de la catedral de Ourense, en Diversarum Rerum, 13, 2018, p. 125. Le llaman Gordón en vez de Cordón

[54] González García. Op. cit., p. 548

[55] Guitarte: Op. cit., p. 160; Ruiz Sánchez y Álvarez Rey: Op. cit., p. 694

[56] Ruiz Fidalgo, L.: Obispos españoles en Diccionario de Historia Eclesiástica de España, Suplemento, CSIC, Madrid, 1987, p. 540

[57] González García: Op. cit., p. 548

[WU1]

Luis de la Lastra y Cuesta: 1852-1855

Tras el breve pontificado de Zarandía llegó otro de alguna más duración pero no mucha pues apenas rebasó los cinco años.

Luis de la Lastra y Cuesta había nacido en Cubas (Santander) el 1 de diciembre de 1803[1], según varios autores, en el seno de una familia noble[2]. Sin embargo, la Historia contemporánea del clero español correspondiente a 1851 y 1852, Madrid, 1853, y Vicente Cárcel Ortí señalan como fecha de nacimiento el mismo día y mes pero del año 1804[3].

Estudió con los escolapios de Villacarriedo y se graduó en Derecho Civil y Canónico en la Universidad de Valladolid[4].

Ordenado en diciembre de 1828, apenas doctorado en Derecho opositó a la canonjía doctoral de Burgos e inmediatamente a la misma de Toledo donde también la consigue, según Ramos. Goñi, en cambio afirma que en 1929 Lastra y Uriz y Labairu, que en 1850 será nombrado obispo de Lérida, opositan a la doctoralía de Burgos fracasando ambos en su empeño[5]. Creemos que lo mismo le debió ocurrir con la de Toledo pues no se entendería que habiéndola ganado opositara a la de Orihuela. Cárcel y González García son también de esta opinión pues sólo consideran las doctoralías de Orihuela y Valencia[6]. Cárcel sí nos dice en cambio que previo a la canonjía doctoral de Orihuela obtuvo por oposición un curato de Órdenes Militares [7]

En Valencia parece asentarse ganando nombre y prestigio hasta el punto de ser nombrado provisor y vicario general en lo que será confirmado después por el nuevo obispo García Abella, nombrado para Valencia en 1848[8], según Ramos y gobernador eclesiástico o vicario capitular, elegido por el cabildo valenciano cuando en 1837 fallece el gobernador eclesiástico Ferraz, desempeñando de la Lastra ese cometido hasta la llegada en 1848 del arzobispo García Abella por lo que el futuro obispo de Orense cubrió casi la totalidad de aquella prolongadísima sede vacante[9].

“En 1836 redactó el informe sobre los diezmos indicando como es una costumbre que siempre se ha cumplido en estos reinos. En 1841 eleva a la Regencia del Reino un informa contrario al Decreto del 21 de enero del mismo año por el que se pretendía la incorporación al Estado de todos los bienes del clero secular”[10].

“En 1848, al cesar la enseñanza de la Facultad de Teología en las Universidades, el gobernador eclesiástico, sede vacante, Luis de la Lastra, estableció en el Seminario todas las asignaturas[11].

Era pues uno de los eclesiásticos más relevantes de España por lo que no fue de extrañar que para la vacante que había dejado Zarandía en Orense la reina Isabel II le presentara el 3 de noviembre de 1851 siendo preconizado por Pío IX en el consistorio del 18 de marzo de 1852 [12].

Fue consagrado el 20 de junio de 1852 en San Isidro de Madrid por el Nuncio Brunelli asistido por el Patriarca de las Indias, Iglesias Barcones y el obispo de Astorga, Forcelledo Tuero[13].

Tomó posesión de la diócesis el 24 de junio apoderando para ello al deán de la catedral, Joaquín Cordón e hizo su entrada oficial el 21 de julio procedente de Lugo en cuyo palacio episcopal se había hospedado[14].

Llegaba a Orense “un hombre realmente destacado en cualidades y en actividad, lo que explicará su pronta promoción al arzobispado”[15]. No eran habituales en los días isabelinos las vocaciones sacerdotales en el estado noble, en contraposición a años anteriores, fueran o no vocacionales, aunque sin grandes deméritos en las que no lo hubieran sido, la dignidad había sido tónica general, y por ello se comprende que quienes provenían de ese estado fuera ello reconocido en sus carreras. En la de la Lastra fue así y no cabe escandalizarse por ello siendo tan escasa su representación. La Iglesia ya no era salida de segundones pero si alguno llegaba, destacando sobre los demás, no era precisamente desmerecido. De la Lastra fue uno de esos. No ciertamente el único pero sí ahora escasos.

Llegaba con los valores de su clase y “la predicación, el celo en procurar la regularidad y ejemplaridad de costumbres del clero, el desempeño exacto e intenso de sus obligaciones pastorales, fueron una constante en Orense como posteriormente en las otras sedes que ocupó”[16]. A la dignidad episcopal de la Lastra añadía su natural señorío.

El 6 de enero de 1854 el arzobispo de Santiago, García Cuesta y sus sufragáneos publican una pastoral solidarizándose con el obispo de Barcelona Costa y Borrás y condenando El Clamor Público y otra prensa anticatólica[17]. Costa y Borrás era la figura emergente del Episcopado español que en 1850 había pasado de Lérida a Barcelona donde sería el catalizador de los obispos españoles en sus manifestaciones colectivas y la bestia negra de los progresistas. “García Cuesta inauguraba con esta pastoral la praxis de publicar documentos colectivos del episcopado de nuestra provincia eclesiástica”[18]

Cuando los progresustas se hacen con el poder tras la Vicalvarada de 1854, el arzobispo de Santiago vuelve a salir, con sus sufragáneos, entre los que estaba el obispo de Orense, con una excelente exposición (17/IV/1855) en favor de los perseguidos obispos de Barcelona y Osma, Costa y Borrás y Lagüera[19], que es apenas una muestra de lo que iba a ser constante actuación del metropolitano de Santiago para lo que siempre contó con el respaldo de sus obispos sufragáneos entre los que estaba el de Orense.

González García, referencia siempre segura en todo lo que se refiere a aquella diócesis gallega, y sin que luego pormenoricemos las actuaciones con García Cortés, introduce la cuestión del siguiente modo: “Las disposiciones claramente encaminadas a limitar la libertad e influencia de la Iglesia que emanan en estos años de los diversos ministros de Gracia y Justicia (José Alonso, Joaquín Aguirre, Fuente Andrés y Arias Uría) motivaron que una de las preocupaciones de los obispos sea hacerle frente mediante exposiciones, protestas y reclamaciones que ya a título individual o colectivo dirigen a la reina o al gobierno”[20].

Y hace una sucinta pero contundente exposición de las agresiones progresistas a la Iglesia en el bienio al hilo de las protestas episcopales que suscribió de la Lastra: Contra la nueva venta de bienes eclesiásticos, las cláusulas restrictivas a la Bula proclamando la Inmaculada Concepción de la Virgen, la supresión de capellanías y beneficios curados, la prohibición de órdenes, la supresión de conventos entre los que estaba el de las clarisas de Allariz, el destierro de los obispos de Barcelona y Osma[21].

Respecto a la claras de Allariz se preocupó en 1852 de la renovación del monasterio, único de religiosas existente en la diócesis, “dictando normas concretas para ello”[22].

Y anunciado en el Bienio el proyecto desamortizador de Madoz comienzan las protestas episcopales, como ya hemos indicado, entre las que no podían faltar la del siempre activo García Cuesta y así Franchi informaba a Roma el 8 de febrero de 1855 que “El arzobispo de Santiago y el obispo de Salamanca ya han preparado la suya de la que se adjunta copia a V. E. Rvma. Y que será firmada por todos los sufragáneos y después publicada”[23], por lo que damos por hecho que fue firmada también por Luis de la Lastra, entonces sufragáneo de Santiago como obispo de Orense.

Suposición que se convierte en certeza leyendo los títulos en García Cortés: Exposición a a las Cortes de los Obispos de Lugo, Orense, Mondoñedo, Astorga, Oviedo y Zamora contra el proyecto de libertad de cultos y excesos en la libertad de prensa (3/2/1855)[24]y, de la misma fecha: Exposición del Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo de Santiago y sus sufragáneos a S. M. sobre el proyecto de ley sobre desamortización[25].

García Cuesta era irreductible en su oposición al Gobierno de Espartero y el 9 de marzo de 1855 se dirigía a la Reina, como siempre respaldado por sus sufragáneos contra la supresión de capellanías[26]. El 21 de marzo eran los obispos de la provincia eclesiástica compostelana, encabezados por el metropolitano quienes volvían a exponer, esta vez a las Cortes contra el proyecto desamortizador[27].

El 17 de abril de este mismo año los mismos se dirigen a Isabel II contra el decreto de prohibición de órdenes[28]. El 4 de mayo son García Cuesta y de la Lastra quienes exponen a la Reina contra la circular sobre ordenación de pagos[29]. Y el 25 de mayo, el metropolitano y sus sufragáneos exponen de nuevo a Isabel II contra la orden del ministro Aguirre sobre los requisitos que deben reunir los que sean elegidos vicarios capitulares, que a esos extremos llegaba el regalismo esparterista[30].

El 6 de junio, una vez más protestando de los excesos regalistas del Gobierno el compostelano y sus sufragáneos exponen a la Reina Isabel contra las cláusulas restrictivas del pase regio concedido a la Bula Ineffabilis Deus, Carta Apostólica de Pío IX que proclamaba el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen tan bien acogido por la jerarquía, el clero y el pueblo de España[31].

El 10 de agosto los mismos se volvían a dirigir a la Soberana contra el decreto de supresión de conventos de monjas[32].

Cuatro días después es de la Lastra quien también representa individualmente contra este último decreto [33], afectado sin duda vivamente por la suerte de su querido convento de clarisas de Allariz.

Tanta protesta del arzobispo compostelano , respaldado siempre por sus sufragáneos descompuso a un Gobierno tan “liberal” como el que encabezaba Espartero y respaldaba O’Donnell que terminó prohibiendo las reuniones de obispos y los documentos colectivos de los mismos. Lo que daría lugar a una nueva protesta de García Cuesta (20/7/1855) aunque en esta ocasión, a título individual[34]

En 1857 se establecen los Hijas de la Caridad en el Hospital Provincial de Orense dando por seguro que con el beneplácito del obispo [35]. Si bien Hernández Figueiredo rebaja su participación atribuyendo el protagonismo a la Diputación aunque atenúa la no autoría de Lastra: “no siendo imposible que él pudiera haber animado a los ediles políticos aurienses a tomar tal determinación antes de su partida para la capital hispalense”[36]. Hay que corregir el lapsus, no error, de Hernández Figueiredo que conoce sobradamente que el obispo de la Lastra no partió de Orense a la capital hispalense sino a Valladolid.

En este mismo año de 1857, desamortizado el gran monasterio de Celanova en cuya iglesia se conserva el cuerpo de San Torcuato, lo reclama Guadix, a lo que se opone el obispo de Orense (11/2/1857)[37]

Restaura el Seminario de Orense y le da nuevas constituciones. Suponemos que el Seminario debió estar siempre en sus desvelos pastorales pues también vemos que dio nuevos estatutos al seminario de Valladolid[38]. Así lo recoge González García: “Fue también muy notable su preocupación porque el Seminarios Diocesano estuviera a la altura humana, intelectual y espiritual que sus fines demandan ; entre otras disposiciones con fecha 9 de diciembre de 1852 dictó normas sobre el modo de vestir de los alumnos externos y con fecha de 26 de octubre de 1855 normas de disciplina para todos”[39]. Cfr. Reglamento para el Seminario Conciliar de San Fernando de Orense publicado por el Ilmo. Sr. Obispo Dr. D. Luis de la Lastra y Cuesta, y ampliado por el Exmo. E Ilmo. Señor Dr. D. Cesáreo Rodrigo, Obispo de la misma Diócesis, 1880, en la imprenta de Dª Pilar Sideral, Viuda de D. Pedro Lozano, 16 páginas en cuarto. “Hasta la página 11 el Reglamento para alumnos internos y externos del obispo Luis de la Lastra fechado el 26 de octubre de 1853. Desde la página 13; Ampliación al anterior Reglamento del obispo Cesáreo Rodrigo, fechado el 13 de agosto de 1880”[40].

De “sus sermones en la catedral que atraían a una numerosa concurrencia” nos deja también constancia González García [41].

María Isabel del Campo Muñoz le tiene por obispo carlista cosa que nos parece exagerada aunque fuera notoria su protección al luego obispo de Osma, Lagüera y Menezo, de indudable adscripción carlista o mejor integrista. Es evidente que a la muerte de Fernando VII la mayoría del episcopado español simpatizaba ideológicamente con Don Carlos María Isidro. Simpatías que el régimen liberal con su hostilidad a la Iglesia agudizó. Pero la debilidad del Pretendiente, territorial y militarmente, hizo que el carlismo de los obispos fernandinos fuera mucho más en potencia que en acto. Ya en los días de Luis de la Lastra, incluso en los iniciales que son los orensanos, los obispos, salvo alguna rarísima excepción, han sido ya nombrados por Isabel. De su padre deben quedar apenas García Abella, Fort, Andriani, Rivadeneira, Bonel, Alameda, Gómez de las Rivas y Romo. El carlismo era pues mucho más una añoranza que una realidad. Y además de la Lastra no era precisamente heroico como lo iba a demostrar en Sevilla cuando llegó “La Gloriosa”. Aunque ahora estamos en Orense y en un quinquenio que englobó al bienio esparterista. Y en el que se deben juzgar hechos y no presuntas o más reales morriñas. Aunque estemos en Orense.

La amistad con Lagüera, cierta, obispo eterno de Osma (1861-1893) y la protección al mismo en sus años previos al obispado, me parece que no autorizan a calificarle de obispo carlista y menos cuando Isabel II le distinguió con particularísimas muestras de benevolencia: Obispado, arzobispados de Valladolid y Sevilla, cardenalato. Todo eso no se da a un enemigo dinástico. Sabemos que los nombramientos son pontificios pero también que estaba vigentísimo el derecho de presentación y hasta los ruegos en las creaciones cardenalicias. Por ello nos parece que no responde a la realidad ni con sus matices de que su carlismo estaba “más bien a un nivel de simpatía íntima no de proyección pública” [42]. José Leonardo Ruiz Sánchez y Leandro Álvarez Rey le califican de “ferviente partidario de la reina Isabel II”[43]

No se puede negar en cambio la amistad y protección que siempre mostro a Lagüera aunque nos parece mucho más personal que ideológica aunque en las ideas hubiera también coincidencias. Por ello se lo llevó consigo “a sus diferentes puntos de destino hasta recomendarle finalmente pera ocupar la sede de Osma”[44].

“La tutela de Lastra fue tan evidente que se puede calificar de fulgurante la trayectoria de Lagüera desde este momento. Ambos eran oriundos de Santander, exalumnos de un mismo colegio, opositores en el primer momento de su carrera sacerdotal a curatos de Órdenes Militares, universitarios con amplios estudios de Derecho y, como se verá, de ideología carlista”[45].

Lo de la ideología no se ve tan clarísimo como lo ve la autora en cuestión pero lo que sí es absolutamente cierto es que de la Lastra se llevó consigo a Lagüera a Orense donde la hará arcipreste, vicario general, provisor y catedrático del Seminario[46]. También se lo llevará a Valladolid una vez promovido a ese nuevo arzobispado donde seguirá siendo su hombre de confianza pero eso ya cae fuera de la biografía de Luis de la Lastra como obispo de Orense.

Comenzó la visita pastoral, la Santa Visita, como se la llamaba, a muy poco de incorporarse a la diócesis en 1853 y “ a ella se dedicó gran parte del año mientras estuvo al frente del obispado”[47].

“La situación de miseria pública que debido a las malas cosechas agravó ya la pobreza de tantos diocesanos en 1853, motivó una circular de 1 de abril d 1853 instando a los párrocos a cooperar eficazmente en el auxilio de los más necesitados y en los meses siguientes dio diversas providencias y actuó con eficacia para procurar los remedios posibles, como aplicar los fondos del indulto cuadragesimal”. Esta preocupación generosa por los pobres estuvo vivamente presente a lo largo de su pontificado. El hombre de su confianza fue el canónigo doctoral doctor Ramón Rodríguez Estévez, a quien nombró gobernador en sus ausencias, y tuvo como provisor y vicario general gran parte de su pontificado. Y posteriormente fue su provisor y vicario don Pedro María Lagüera. Arcipreste de la catedral”[48].

Es su pontificado una epidemia de cólera asoló la diócesis entre 1855 y 1856 y ello obligó a convertir el cuartel de San Francisco en hospital provincial y el seminario en acuartelamiento de la tropa”[49].

El 3 de agosto de 1857 es nombrado primer arzobispo de Valladolid, Resines dice que de 1856 en lo que parece error [50] y al quedar vacante Sevilla por la muerte del cardenal Tarancón y Morón, arzobispo de aquella archidiócesis, la más importante de España después de la de Toledo, es trasladado a ella el 16 de marzo de 1863, día en el que fue también creado cardenal [51]. Pero son acontecimientos ajenos a su pontificado en Orense que es nuestro propósito en este relato por lo que prescindiremos de referir esa etapa de su vida salvo citar esas tres fechas. Rodriguez Valencia en la página citada incurre en un error notable al decir que a Valladolid llegaba como su primer arzobispo el obispo de Oviedo en lugar del de Orense.

Al tener noticia de la llegada a Madrid de las bulas nombrándole arzobispo de Valladolid, para lo que había sido preconizado en el consistorio de 3 de agosto de 1857, manifiesta al cabildo orensano que el nombramiento le ha llegado “sin yo desearlo, esperarlo ni merecerlo”, que ha decidido dejar Orense el 23 de septiembre, camino de Santiago para despedirse del Apóstol e ir desde allí a Santander a la espera del pase regio de las mencionadas bulas. Dejaba al deán de la catedral como gobernador del obispado hasta la declaración de la vacantía de la sede[52]. Creemos que el gobernador fue Joaquín Cordón, deán desde 1850 y eclesiástico de notable peso en la diócesis[53].

“Fue grande el sentimiento del cabildo y de la diócesis entera por este traslado y las despedidas estuvieron llenas de emotividad”[54].

Fallecerá como cardenal arzobispo de Sevilla el 5 de mayo de 1876[55]. Ruiz Fidalgo se limita a indicar el año: 1876[56]

“En su testamento tuvo un recuerdo para la catedral de su primera diócesis, enviando un precioso cáliz de esmeraldas que le habían obsequiado a él los duques de Montpensier; se conserva en el museo de la catedral basílica”[57].

[1] Ramos, M.: Lastra y Cuesta, Luis de la: Diccionario de Historia Eclesiástica de España, II. CSIC, Madrid, 1972, p. 1270; Guitarte =p. cit., p. 160; González García: Op. cit.,, p. 546

[2] Ramos: Op. cit, p. 1270; Cuenca, José Manuel: La Iglesia española ante la revolución liberal. Rialp, Madrid, 1971, p. 203).

[3] Historia…p. 57; Cárcel Ortí. Vicente: Luis de la Lastra y Cuesta, en Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, http://dbe.rah.es/biografias/39812/luis-de-la-lastra-y-cuesta

[4] Ramos: Op. cit., p. 1270; González García: Op. cit. p. 546

[5] Goñi Gaztambide, José: Historia de los Obispos de Pamplona, X, Pamplona, 1991, p. 17

[6] Cárcel; Op. cit.; González García: Op.cit., p. 546

[7] Cárcel: Op. cit.

 

[8] Ramos: Op. cit., p. 1271

[9] Cárcel Ortí, Vicente: La Iglesia valentina durante la primera mitad del siglo XIX, en Historia de las diócesis españolas, 6: Valencia, Segorbe-Castellón, Orihuela-Alicante. BAC, Madrid, 2006, p. 351

[10] Ramos: Op. cit. p. 1271)

[11] Robres, R.: Valencia, Archidiócesis de, en DHEE, IV, CSIC, Madrid, 1975, p. 2695

[12] González García: Op. cit., pp. 546-547

[13] Guitarte: Op. cit. p. 160

[14] González García: Op. cit., p. 547

[15] González García: Op. cit., p. 547

[16] González García: Op. cit., p. 547

[17] Ezenarro, Ramón de: Biografía del Excmo e Ilmo Sr. D. José Domingo Costa y Borrás, en Obras del Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Doctor D. José Domingo Costa y Borrás, I, Barcelona 1865, pp. 30-31; García Cortés, Carlos: El cardenal García Cuesta (1803-1873).Cabildo, Instituto Teológico y Seminario de Santiago, Santiago, 2006, p. 172; Cebrián Franco, Juan José: Obispos de Iria y Arzobispos de Santiago de Compostela. Instituto Teológico Compostelano, Santiago, 1997, p. 282

[18] García Cortés; El cardenal…p. 172

[19] Ezenarro: Op. cit., pp. 43-44; García Cortés, Carlos: Documentación colectiva del Episcopado gallego en el siglo XIX, en Estudios Mindonienses, 3 (1987), pp. 221, 225; García Cortés: El cardenal…, p. 175

[20] González García: Op. cit., p. 547

[21] González García: Op. cit., pp. 547-548; García Cortés; El cardenal

[22] González García: Op. cit., p. 548.

 

[23] Núñez Muñoz, María F. y Díez de Cerio, F. SJ: El bienio progresista (1854-1856) y la ruptura de relaciones de Roma con España según los documentos vaticanos. Universidad de La Laguna, Madrid, 1993, p. 95; García Cortés: El cardenal…, p. 174

[24] García Cortés: Op. cit., p. 222

[25] García Cortés: Op. cit., pp. 223-224

[26] García Cortés: Op. cit., p. 224; García Cortés: El cardenal…, p.175

[27] García Cortés: Op. cit., pp. 224-225

[28] García Cortés: Op. cit., p. 225; García Cortés: El cardenal…, p. 176

[29] García Cortés: Op. cit., p.226

[30] García Cortés: Op. cit., p. 227

[31] García Cortés: Op. cit., p. 227; García Cortés: El cardenal…, pp. 176-177

[32] García Cortés: Op. cit., pp. 227-228; García Cortés: El cardenal…, pp.177-178

[33] García Cortés: Op. cit., p. 228

[34] García Cortés: El cardenal…,p. 177

[35] Guzmán, J.: DHEE, III, CSIC, Madrid, 1973, p. 1833

[36] Hernández Figueiredo, José Ramón: “Solución del Papa Pío IX a la “cuestión de las Hijas de la Caridad españolas”, célebres por su aportación benéfico-asistencial”, en Compostellanum, LVII, 1-2, 2012, p. 374

[37] Jaramillo Cervilla, Manuel: Maximiano Fernández del Rincón (1835-1907). BAC, Madrid, 1996, p. 323

[38] Martín Hernández, Francisco: Los Seminarios españoles. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1964, pp. 80 y 121

[39] González García: Op.cit., 548-549

[40] González García, Miguel Ángel: Notas sobre impresos y bibliografía relacionada con el Seminario de Ourense (Siglos XIX y XX), en Auriensia, 1 (1998), pp. 180-181

 

[41] González Garcia: Op. cit., p. 548

[42] Campo Muñoz, María Isabel del: Un integrista contra el sistema. Pedro María Lagüera y Menezo (1817-1892). Ediciones de Historia, Madrid, 1997, pp. 21-22

[43] Ruiz Sánchez, José Leonardo y Álvarez Rey, Leandro: Sevilla contemporánea, en Ros, Carlos (Dir.): Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo, Sevilla, 1992, p. 692).

[44] Campo: Op. cit., pp. 30-31

[45] Campo: Op. cit., p. 34

[46] Campo: Op. cit., pp. 34.35

[47] González García: Op. cit., p. 549

[48] González García: Op. cit., p. 549

[49] Rodríguez Lago, José Ramón: La diócesis de Orense desde 1850.3 El cuadro de la vida religiosa, en Historia de las diócesis española, 15. Lugo, Mondoñedo-Ferrol, Orense, BAC, Madrid, 2002, p. 607

 

[50] Resines, Luis: Iglesia de Valladolid en Historia de las diócesis españolas, 19; Palencia, Valladolid, Segovia, BAC, Madrid, 2004, p. 319

[51] Guitarte: Op. cit., p. 160; Cárcel: Op. cit.; IEF: Sevilla, Archidiócesis de, en DHEE, IV, CSIC, Madrid, 1975, p. 2458; Rodríguez Valencia, V.: Valladolid, Archidiócesis de, en DHEE, IV, CSIC, Madrid, 1975, p. 2709; http://dbe.rah.es/biografias/39812/luis-de-la-lastra-y-cuesta

[52] González García: Op. cit., p. 548

[53] Leza Tello, Prudencio y Pérez Formoso, Pilar: Dignidades de la catedral de Ourense, en Diversarum Rerum, 13, 2018, p. 125. Le llaman Gordón en vez de Cordón

[54] González García. Op. cit., p. 548

[55] Guitarte: Op. cit., p. 160; Ruiz Sánchez y Álvarez Rey: Op. cit., p. 694

[56] Ruiz Fidalgo, L.: Obispos españoles en Diccionario de Historia Eclesiástica de España, Suplemento, CSIC, Madrid, 1987, p. 540

[57] González García: Op. cit., p. 548

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