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Los obispos de Orense en el siglo XIX, II, 2

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Juan Manuel Bedoya Díez

No ponemos fecha a su pontificado porque no fue obispo de Orense aunque ha figurado como tal o al menos como obispo electo. En un error que se ha venido repitiendo y que creemos que gracias sobre todo a Miguel Ángel González García se ha superado ya definitivamente.

Con ánimo de contribuir a la consolidación de la verdad lo traemos a este episcopologio orensano del siglo XIX con la expresa declaración preambular de que no fue obispo de Orense, ni obispo electo ni tan siquiera obispo presentado. Fue objeto de un nombramiento gubernamental sin valor canónico alguno y ajeno incluso a la normativa de presentación. O sea, nada,

Sin embargo fue un personaje notable en la Iglesia de Orense, canónigo, deán, gobernador eclesiástico legítimo de la diócesis en la larga vacante que se produjo a la muerte de Iglesias Lago hasta el nombramiento de Zarandía y que dejó grato recuerdo en la diócesis que incluso le tiene dedicada una calle en la capital. Por ello, aun sin ser obispo, lo incluimos en esta relación. Nos extenderemos más sobre ello cuando lleguemos al año 1847.

Con Bedoya se rompe un largo periodo episcopal (1776-1840), en que dos obispos de notable ideología tradicional y personalidad acusada marcaron sesenta y cuatro años del obispado de Orense. Les sucedería aunque no como obispo sino como simple gobernador eclesiástico una persona de arraigadas convicciones liberales aunque también de sentimientos eclesiales lo que contribuyó sin duda a que ese periodo fuera en aquel obispado menos traumático que en otros.

De momento estamos en el siglo XVIII cuando Juan Manuel Bedoya nace en Serna de Argüeso (Santander) el 25 de junio de 1770 [1].

La voz en la GEG es un puro dislate en la que apenas se salvan la fechas y lugares de nacimiento y muerte. Le hace canónigo de Orense en 1845, cuando llevaba ya treinta años en el cabildo catedralicio “y luego obispo lo que renunció por su avanzada edad”[2]. Gil Novales, que sigue literalmente la Enciclopedia Gallega salvo en hacerle obispo, repite la llegada a Orense en 1845 y la relación bibliográfica de la GEG.

Su trayectoria la seguiremos en buena parte por dos fuentes de desigual valor, Appolis y Barros Guede. El primero más fundamentado aunque su posicionamiento ideológico sea patente, se conoce al personaje y su entorno. La entrada del Diccionario de la Academia de la Historia es sumamente elemental. Y por las importantes aportaciones de Miguel Ángel González García y de José Ramón Hernández Figueiredo en los trabajos que venimos citando.

Muy joven, niño todavía, tenía cinco años, sus padres le envían a Berlanga de Duero donde su tío era dignidad de tesorero en la colegiata de Santa María[3].

Bedoya siempre guardará un buen recuerdo de aquella ciudad levítica y mucho años después le dedicará unas Memorias históricas de Berlanga, con edición incluso del siglo XXI´

A los 13 años sigue los estudios en el seminario de Sigüenza y “a sus 22 años, sin terminar sus estudios, es nombrado canónigo lectoral de la colegiata de Berlanga de Duero en 1792. A los 23 años obtiene la licenciatura y doctorado de teología en la Universidad de Osma. Se ordena de subdiácono en esta ciudad, de diácono en Aranda de Duero y de presbítero en Huete por monseñor Solano Obispo de Cuenca”[4].

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No creo que la influencia de su tío, Juan Manuel Bedoya Palacios, la levítica Berlanga ni el ambiente de las diócesis de Sigüenza y Osma influyeran para nada en el posterior liberalismo de nuestro personaje. Eso lo causó la siguiente etapa de su vida que comienza con el logro de una canonjía en la colegiata de La Granja de San Ildefonso.

“En 1801 gana por oposición la canonjía de penitenciario de la colegiata de San Ildefonso en La Granja. Era, entonces, su abad el arzobispo de Palmira, don Félix Amat, tío de Félix Torres Amat, canónigo y futuro obispo de Astorga, con quienes mantiene una estrecha y constante amistad. Durante los nueve años de estancia en esta ciudad fue feliz”[5]. Ramón Corts lo refleja así en su excelente biografía de Félix Amat: “Pel que fa al govern de la seva abadía, consta que F. Amat nomenà els canonges Agustín Cáceres per a vicari general i provisor i Juan Manuel de Bedoya per a president del capitol, a qui més tard ajudà en les oposicions a penitencier, les quials guanyà”[6]. Appolis resume esa influencia, indudable de tío y sobrino en Bedoya al definirle como “jansenizante del entorno de Amat” [7]

¿En qué consistía ese jansenismo que en Bedoya no era de los más radicales? Su amigo Félix Torres Amat lo describía así: “Se le acusaba de ser enemigo del Papa, del rey, de la Inquisición y de los monjes porque sostenía las doctrinas de Bossuet sobre la autoridad pontificia, la de los publicistas modernos sobre el sistema representativo, porque afirmaba que el tribunal del Santo Oficio era superfluo si no nocivo y pensaba que se debía disminuir el número de las comunidades religiosas y reformar algunos abusos que en ellas se habían introducido” [8]. Corts también hace alusión a que estaba considerado como jansenista[9].

Fue uno de los encargados de revisar la versión bíblica del P. Petisco, junto con Félix Torres Amat y Agustín Cáceres, a lo que dedicaron el invierno de 1807[10].

“Su felicidad se ve alterada en 1810, al suprimir el intruso rey José Bonaparte dicho cabildo colegial (de La Granja) y mandarle destinado a la suprimida Inquisición de Málaga con gran disgusto suyo , de tal manera que se resiste a residir en esta ciudad”[11]. No entramos en lo de su felicidad y es cierto que al suprimirse la colegiata del Real Sitio Bedoya quedó sin canonjía pero lo de ir destinado a una institución suprimida es evidente que no se sostiene.

Appolis nos parece mucho más acertado cuando dice que José Bonaparte le ofreció una canonjía en la catedral de Málaga que Bedoya rehusó [12]. Hernández Figueiredo matiza la canonjía malagueña: “Ante el hecho de ser acusado de afrancesado si tomaba posesión de dicho cargo y ante la necesidad de tomar posesión de aquella prebenda para percibir las rentas que necesitaba para subsistir, decide tomar posesión de la canonjía por procurador pero sin presentarse personalmente ante el Cabildo de Málaga”[13].

Es entonces cuando pasa a residir un tiempo en casa de su hermana, casada en Sanlúcar de Barrameda y no en San Lucas de Barrameda como dice Barros. Oposita brillantemente a la canonjía magistral del Salvador de Sevilla pero no la obtiene [14].

Por estos años y hasta bastante después, por lo menos llega a 1821, consta que sigue en correspondencia con Félix Amat[15].

En 1814 tiene que comparecer ante una comisión depuradora, es de suponer que por afrancesamiento y no por liberalismo pero sale sin cargo alguno[16]. Barros nos dice que al regreso de Fernando VII, “rehabilitada la plantilla de canónigos de la colegiata de San Ildefonso de La Granja, Juan Manuel Bedoya viaja a Madrid con la esperanza de volver de canónigo a dicha colegiata pero por envidia (¿) o por política no pudo ser. Desilusionado, regresa a San Lucas (sic, de nuevo) de Barrameda” [17]

Áppolis no refiere su intento de regresar a La Granja limitándose a decir que al resultar sin cargos en el trámite depuratorio, “tras ocho meses es nombrado canónigo cardenal de Orense” [18].

Por Real Decreto de 29 de marzo de 1815 en nombrado canónigo de Orense [19], llegando a esa ciudad el 4 de diciembre de ese año [20].

El obispo de Orense, cardenal Quevedo y Quintano, de tan arraigadas ideas tradicionales que no le impedían una notabilísima benevolencia con todos, incluso con los liberales que tanto le habían perseguido, le acogió con ese talante suyo que se ganó inmediatamente a Bedoya aunque fue muy breve la convivencia pues el obispo falleció el 28 de marzo de 1818. Poco más de dos años coincidió el canónigo con el obispo pero bastaron para que aquella egregia figura dejara imborrable huella en el recién llegado a Orense que esto nos dice del prelado: “Para él ni los afrancesados eran traidores ni los liberales eran impíos, desde que llegué a Orense tuve la dicha de ser su súbdito y disfrutar de su trato”[21]. Dicho por el liberal Bedoya creo que tiene un valor añadido importante.

Ese buen recibimiento de Quevedo no fue mal pagado por el canónigo que refirió las “Fiestas y obsequios del Cabildo de Orense a su Emmo Prelado”, Madrid, 1817 [22] y pronunció la oración , “hermosa pieza llena de afecto y de gratitud”[23] en uno de los funerales que se celebraron por el obispo cardenal y que fue después impreso: “Oración fúnebre a la buena memoria del Emmo. Sr. D. Pedro de Quevedo y Quintano Presbítero Cardenal de la S.I.R. obispo de Orense, que en las solemnes exequias que celebró su Familia en la Iglesia. Catedral. de esta Ciudad el día 15 de abril de 1818, dixo el Dr. D. Juan Manuel Bedoya , Canónigo Cardenal de la Santa Iglesia de Orense, de la Real Academia de la Historia, Calificador del Consejo de la Suprema y general Inquisición, Catedrático de Prima de Teología del Seminario Conciliar de San Fernando, etc. Con Licencia, en Santiago. En la Imprenta de D. Juan Bautista Moldes. Año de 1818”, 44 pp.” [24] La frase que articuló su sermón funerario es bastante representativa del sentir del orador: “Como niños hemos quedado sin padre”[25]. No deja de llamar la atención que persona tenida por tan liberal, y lo era, aunque sin duda también muy afecto a su obispo Quevedo, ya en aquel momento cardenal de la Santa Romana Iglesia y bestia negra de los liberales, de lo que creemos haber dejado sobrada constancia en esta semblanza de los obispos de Orense en el siglo antepasado, hiciera constar en la cabecera de su Oración fúnebre su condición de calificador de la Inquisición, incluso más bestia negra para los liberales que el obispo Quevedo aun siéndolo este mucho.

Pero todavía hubo más pues a Bedoya se debió la primera biografía que tuvo el cardenal, sumamente respetuosa con el biografiado a pesar de las ideas del biógrafo: Retrato histórico del Emmo., Excmo. e Ilmo. Sr. D. Pedro de Quevedo y Quintano Presbítero Cardenal de la Santa Romana Iglesia, Obispo de Orense (Madrid 1835). Y todavía sería Bedoya quien pronuncie el Sermón en la dedicación del panteón con magnífico sepulcro de mármol trabajado en Roma para el depósito de los restos mortales de Quevedo y Quintano.

De esos años previos a la sublevación de Riego es su nombramiento en 1816 de académico de la Real de la Historia y el opositar a la penitenciaría del cabildo compostelano que no logra[26].

“Al momento de la oposición para la dignidad de la penitenciaría, aparecen dos bandos irreconciliables entre los canónigos, por un lado los “navarros y manchegos” cercanos al arzobispo Miguel Múzquiz Aldunate (1801-1821), reconocido por su nepotismo, (…). Por otro lado los “gallegos”, dispuestos a que el metropolitano no campara a sus anchas rn todo lo que se propusiera. Este segundo bando acudió al señor Bedoya que había sido penitenciario en San Ildefonso, para contrarrestar la candidatura del navarro Fermín Álvarez Eulate. De nada sirvió, porque el arzobispo sacó adelante a su candidato”[27].

“No valió de mucho la pericia y facultades mostradas en dicha exposición (por Bedoya), el saber y la simpatía de la palabra, puesto que finalmente se supo del apaño orquestado por el arzobispo compostelano para lograr su propósito (…)

El pueblo compostelano (…) mostró su contrariedad por la decisión tomada, que provocaría la aparición de pasquines repartidos por las calles de la ciudad, que terminaban con la conminación que sigue: “Bedoya penitenciario o el pueblo incendiario””[28].

El Trienio Liberal, ya con Quevedo fallecido, reavivó los fervores por las nuevas ideas de Bedoya que se significó entre el clero de aquella diócesis de notable adscripción tradicional o reaccionaria.

Y así le vemos pronunciando el Sermón en la catedral de Orense con motivo de instalarse de Diputación Provincial y de inaugurarse la lápida de la Constitución (1822)[29]. No era la Constitución precisamente grata a la gran mayoría del clero de Orense y menos a su actual obispo, Iglesias Lago. También pronunció sermones combatiendo “a los enemigos de las reformas y del sistema representativo”[30]

Sus simpatías liberales le van a ser tenidas en cuenta a la caída del Trienio y de nuevo encontramos discrepancias entre Appolis y Barros. Según el primero, “el 4 de enero de 1824, Bedoya recibe la orden de alejarse cuatro leguas de Madrid, bajo pretexto que la tranquilidad pública y la seguridad de su propia persona lo exigen” [31] y “durante tres años va a errar de un convento en otro”[32].

Barros coincide en la fecha, no en el lugar del que es desterrado y precisa los monasterios y conventos de su destierro: “es desterrado el 4 de enero de 1824 con otros dos amigos suyos a más de cuatro leguas de la ciudad de Ourense, permaneciendo dos meses en el monasterio de San Clodio”. Regresa a Orense y es extrañado al convento de Trandeiras, deshabitado, y luego a San Esteban de Ribas de Sil hasta que puede regresar a Orense el 15 de julio de 1827. El 18 de diciembre le restituyen la canonjía pero va a pasar un tiempo a casa de su hermana que, una vez más, vivía en San Lucas (sic) de Barrameda [33].

Corts se limita a señalar que, con otros “conocidos del arzobispo de Palmira, tuvo que soportar la peligrosa acusación de liberal”[34].

En 1832 escribió “El día memorable” para festejar la amnistía que había concedido la regente María Cristina y a continuación le pide a la esposa de Fernando VII ser nombrado prior de Osma, “que es la primera dignidad de esta catedral” cosa que le es concedida “gracias a su antiguo compañero de estudios, Juan de la Dehesa, secretario de Gracia y Justicia” [35].

En los años posteriores al fallecimiento de Fernando VII fue auxiliar de la Real Junta Eclesiástica y Revuelta, con toda razón le califica de liberal [36] Appolis señala también como en 1834 fue miembro de la Junta de Reformas Eclesiásticas con la que el Gobierno ya declaradamente liberal se proponía desde su regalismo la reforma de la Iglesia[37].

Muerto Fernando apenas se nombran ya obispos en España abriéndose un larguísimo periodo que va desde 1834 a 1846 debido a la ruptura de relaciones con Roma. El último de los nombrados, ordenado el 1 de mayo de 1834 como obispo de Astorga fue el gran amigo de Bedoya desde los días de La Granja de San Ildefonso, Félix Torres Amat [38] Nuestro hombre le dedicará “El buen auspicio” (Madrid, 1834)[39].

Ya en un acto más anticanónico acompaña en 1836 a su amigo González Vallejo cuando en la Semana Santa va a Toledo a tomar posesión de la sede primada como arzobispo intruso nombrado por el Gobierno[40].

Al quedar vacante la dignidad de deán de Orense la solicita y el gobierno, que tenía poquísimos clérigos favorables, se apresura a concedérsela tomando posesión del deanato el 30 de junio de 1836[41]. Regresaba así, con todos los honores, a la diócesis para la que había sido nombrado canónigo en 1815.

Responde plenamente a sus convicciones el “Sermón que en la solemnísima función dispuesta por el Ayuntamiento constitucional de la Ciudad de Orense, y celebrada en su Santa Iglesia Catedral el día 19 de septiembre en acción de gracias por la paz y convenio de Vergara de 31 de agosto de 1839 y fuga del Pretendiente a Francia en 14 de septiembre” predicó Bedoya. Era sin duda el eclesiástico de nota, deán de la catedral, más indicado para ello por sus propias ideas y por el concepto que merecía al ayuntamiento constitucional[42]. Barreiro refiere lo que Bedoya opinaba de quienes habían perdido la guerra: “O ilustrado Bedoya, coengo de Ourense, era ya deán, nun sermón pronunciado en 1839 dicía refiréndose ós carlistas: “Desviándose de tan ilustres ejemplos el llamado Carlos V, destituido del prestigio de las acciones nobles, era consiguiente fuese poco acatado, desairado y abndonado de los suyos, cuando se creía ya en el apogeo del poder”[43].

A la muerte del obispo de Orense Iglesias Lago en 1840, Bedoya es elegido vicario capitular lo que el Gobierno se apresura a aprobar dichoso de que elijan a un declarado partidario del régimen que ciertamente le evitaría destierros e intrusiones[44]. González García no duda en calificar estos años “como la etapa de más alta responsabilidad y cuyo ejercicio está lleno de aciertos”[45].

La notable revista El Católico, inexcusable fuente para aquellos difíciles años de la Iglesia, lo refleja así: “Orense 18 de noviembre,- Ayer se reunió el cabildo eclesiástico de esta santa Iglesia para nombrar gobernadores de este obispado en vacante por muerte del señor D. Dámaso Iglesias y Lago, cuyas solemnes exequias se hicieron anteayer y salieron elegidos los doctores D. Juan Manuel Bedoya, deán, y D. Joaquín Cordón, cardenal. El primero es un anciano respetable por su ciencia y por sus virtudes, individuo de la Junta creada en 1834 para arreglar el clero de España, cuyo proyecto derribado por la revolución, admira a cuantos no ambicionan los bienes de la Iglesia ni están desposeídos del santo temor de Dios”[46].

La ideología de El Católico no era en absoluto dudosa pero en aquellos complicados tiempos nada favorables a la Iglesia cuya causa la revista defendía aguerridamente imponían algunas concesiones necesarias para subsistir en pro de la Iglesia. Una de ellas era sin duda el elogio a Bedoya y, a su rebufo, a la Junta para reforma de la Iglesia. Pero no debió quedar muy satisfecho el redactor de la noticia o la misma revista por cuanto en nota se rebajan los entusiasmos: “Sobre esta Junta ya recordarán nuestros lectores las exposiciones que, fundados en los cánones, hicieron contra ella algunos obispos”[47].

También, nos parece que se debe subrayar, lo que siete años antes de 1847, año de su “episcopado”, se escribía de la edad del deán orensano, que tenía ya “sólo” setenta años. De entonces. “Un anciano respetable”. Aunque fueran también relevantes su ciencia y virtudes.

Bedoya “se ocupa activamente de la diócesis de Orense que administra. En 1842 y 1843 hace reimprimir las constituciones sinodales , aumentadas con apéndices[48]. Traduce en versos castellanos los libros poéticos de la Sagrada Escritura[49]. Publica “El pueblo instruido en sus deberes y usos religiosos o Manual del cristiano para las más comunes y frecuentes ocurrencias de la vida” y el “Manual de ordenandos según el Ritual Romano”. [50]

Miguel Ángel González, gran conocedor de la historia y de ideas nada sospechosas se refiere a él como “otra figura digna de nota por la calidad de sus actuaciones (…) que aun siendo incomprendido en las esferas altas de la nunciatura por su talante liberal, fue de gran importancia para la diócesis por las muchas iniciativas que propugna eficazmente”[51].

De su pensamiento “liberal,” que no era el de la mayor parte de la clerecía de entonces, se beneficiaron algunos de los escasos sacerdotes que compartían sus ideas y que en su diócesis, debían ser muy pocos. Hemos encontrado, sin embargo, que uno de ese enclave gallego de la diócesis de Astorga que se incrusta en la de Orense fue deudor en algún modo del orensano aunque canónicamente no le valiera de nada:

“En Orense, na metade do século, fora un escudo protector o vigairo Bedoya a prol de certo aperturismo, de forma que certos cregos de Astorga como X. García Valderrábano, párroco na Rúa, buscaron axuda contra a presión carlista do cabido astorgano moi enfrentado co bispo liberal Torres Amat[52].

Rodríguez Lago subraya ese liberalismo de nuestro personaje: “La trayectoria de Juan Manuel Bedoya, deán y vicario capitular (1840-1847) registra una excepción indudable en el conjunto de la Iglesia diocesana de Orense, pues se convierte en una referencia clave de protección a los elementos liberales del clero. Desde 1815 en que fue nombrado canónigo de Orense publicará obras en defensa de las ideas del liberalismo, apoyado en la imprenta de Juan María de Pazos, fundada en Orense en 1819”[53]. Creo que a Rodríguez Lago cabe hacerle alguna leve puntualización. Los protegidos liberales del clero en Orense debieron ser escasísimos y además poca protección pudieron recibir de Bedoya. En la “ominosa década” porque más bien era él quien necesitaba protección y ya tras el definitivo triunfo liberal porque no la necesitaban y además un deán poco podía proteger. Más bien los necesitados de protección eran aquellos que no tenían ideas liberales.

Y llegamos al año 1847 que es el de la confusión de su obispado que jamás existió aunque no pocos lo han sostenido en más que notable equivocación. Lo asegura la Enciclopedia Gallega[54]. Appolis navega entre dos aguas al hablar de propuesto y de renuncia[55].

Barreiro supera a todos al decir que fue propuesto no para Orense sino para la archidiócesis compostelana que nuestro hombre, “xa moi vello non quiso aceptar”[56]. Un puro dislate porque Santiago no estaba vacante pues Vélez no fallecerá hasta el 3 de agosto de 1850, casi tres meses después de la muerte de Bedoya. Entre tanto despropósito sobre Bedoya en su episcopado el de Barreiro supera a todos.

Cuenca Toribio, en dos ocasiones, inducido a error por Otero Pedrayo, al que cita expresamente en ambas[57], lo hace también obispo de Orense con alguna otra imprecisión más[58].

Ruiz Fidalgo, en su voz “Obispos españolesdel Diccionario de Historia Eclesiástica de España lo da como obispo de Orense en 1847 y añade que renuncia en 1848 y fallece en 1850. Con lo que lo único verdadero es el año de su muerte[59].

Vives, indudable autoridad en su época, en el Episcopologio de Orense lo incluye como electo en mayo de 1847 y afirma su renuncia en 1848.[60]

Y la Academia de la Historia, en su recientísimo Diccionario Biográfico también le considera obispo electo y renunciante.

Miguel Ángel González, que será quien definitivamente resuelva la cuestión sin que quepa ya en lo sucesivo la menor duda al respecto, apunta, en 2002, la verdadera situación del inexistente episcopado: “Tras los años de estar al frente de la diócesis, como vicario capitular de una larga sede vacante el deán Juan Manuel Bedoya, a quien el Gobierno por Real Decreto de 29 de mayo de 1847 proponía como obispo de Orense, si bien la edad avanzada de Bedoya, 77 años, le hizo declinar la propuesta ministerial, que por otro lado no hubiera prosperado en Roma, dadas las prevenciones contra el benemérito Bedoya por sus simpatías liberales”. [61]

El artículo del actual canónigo archivero de Orense, infatigable difusor de la historia y el patrimonio artístico de la diócesis, que ha publicado en el periódico Faro de Vigo, refleja exactamente la realidad del “episcopado” inexistente de Bedoya.

Nunca fue obispo, ni siquiera electo, de Orense. Fue anunciado, al margen de los cauces establecidos y entonces rotos, aunque muy próximos a restaurarse, por lo que Bedoya no pudo renunciar a nada porque nada había con algún fundamento. Simplemente pidió al Gobierno, tras un tiempo dejándose querer, que desistiese de presentarle como candidato dada su avanzadísima edad.

“Es en este contexto cuando el Gobierno de modo unilateral, por Real Decreto de 29 de mayo de 1847, proponía como obispo de Ourense al deán Bedoya. Es decir una propuesta de ningún valor canónico y por tanto una de las muchas nominaciones que se quedaron en nada como no podía ser menos, y por ello no se puede considerar a Don Juan Manuel entre los obispos de Ourense. La noticia se hizo como si se tratase de un nombramiento y así lo publicaron los periódicos y lo debió entender el pueblo de Ourense, ya que en diversos medios desde ese momento se le trata como obispo electo y el Cabildo tiene con él todas las consideraciones del caso.

Dice Fernández Alonso que fundado en su edad avanzada, 77 años, presentó y le fue aceptada la renuncia el 16 de agosto del mismo año. Es una manera de hablar ya que no puede renunciar quien no ha sido nombrado y sería mejor decir que alegando su edad pidió al Gobierno desistiese de formalizar una incierta e ilegítima presentación. Quizá además de la edad, que realmente era ya mucha y a achaques, Bedoya que no era tonto y sabía Derecho canónico, no quiso inteligentemente favorecer una nominación de tan nulo valor eclesiástico como la que le hacía el Gobierno y que le podría traer hasta la excomunión. Además, de haberse oficialmente presentado su nombre siguiendo el procedimiento establecido cuando las relaciones eran normales, en las instancias diplomáticas todo hubiera quedado en nada ya que encontraría el total rechazo de la Santa Sede, donde por sus simpatías liberales era mal considerado como expresa a las claras el Delegado Apostólico Brunelli que en un despacho de 12 de agosto de 1847 dirigido a la Secretaría de Estado, sin ni siquiera nombrarlo se refiere a Bedoya (lo traduzco del italiano) de este modo: “no hace más que tres días después, es decir, después de un mes de mi partida de Roma, contra el sentido y la letra de este plenipotenciario, fue publicado en los periódicos el nombramiento para la Iglesia vacante de Orense en la persona de un clérigo de edad muy avanzada, mal de la vista y de las piernas y liberal en la teoría y en la práctica”

Y concluye: “Algunos autores incluyen a Bedoya como obispo electo de Orense ¿Se le puede considerar así? Aclaramos esto porque en algunas obras así se afirma, quizá por el hecho de incluirle Fernández Alonso como tal en su Pontificado Gallego,[62] con el número 88 de los obispos; y así figuró también en los episcopologios de las Guías Diocesanas hasta que a indicación mía se retiró de la última” [63].

Tesis que el mismo González García confirma plenamente en el artículo que venimos citando publicado en Diversarum Rerum en 2015[64].

Esperemos que tras el rotundo desmentido del canónigo archivero de la catedral orensana quede definitivamente zanjada esa falsa atribución a Bedoya del título episcopal aunque sea como electo.

Y apuntar sólo una levísima discrepancia con González García. Si el Gobierno se hubiera empeñado por encima de la mucha edad de Bedoya y de su liberalismo, Roma tenía tal interés en arreglar la crítica situación de la Iglesia hispana que hubiera aceptado el nombramiento como nombró a otros liberales como Bonel nada menos que arzobispo de Toledo o a Tarancón obispo de Córdoba y luego arzobispo de Sevilla, por cierto este último amigo de Bedoya.

González García nos dice que “publicó varios libros de Historia, Sagrada Escritura, sermones y poesías[65]. En la GEG y en Gil Novales, ambos repetidamente citados hay una lista de publicaciones de Bedoya, copia una de la otra.

También nos ha dejado González García una relación de sus amigos, prácticamente todos del estado clerical que encabezan dos que llegaron a obispos, Manuel Joaquín Tarancón y Félix Torres Amat y no pocos de ellos capitulares de Orense[66]. Entre ellos, aunque fuera de la relación figura también el que fue ministro de Gracia y Justicia, Florencio Rodríguez Vaamonde, natural de Tuy y diputado por Orense que no fue ajeno al “nombramiento” episcopal de Bedoya[67].

Muere en Orense el 10 de mayo de 1850 [68], siendo enterrado en el coro de la catedral [69]. González García nos deja un cumplido obituario en muy breves palabras del “benemérito deán”, “muerte muy sentida siendo este personaje una de las personalidades eclesiásticas más importantes de toda la historia de la diócesis de Orense”[70]. Elogios que no eran más que reproducción de otros anteriores: “La vacante del Sr. Iglesias tuvo como gobernador eclesiástico a uno de los más señeros personajes de la historia eclesiástica, el deán Bedoya, que destacó en una gama amplia de saberes, tuvo notables iniciativas y un prestigio humano y sacerdotal ampliamente reconocido” [71]. O “la figura de Don Juan Manuel Bedoya es imprescindible en la Historia eclesiástica auriense de la primera mitad del siglo XIX”[72].

En base al inexistente nombramiento episcopal o de la apariencia del mismo fue Bedoya enterrado en la catedral cual si de un obispo se tratara[73].

Me parece de elemental justicia para con Bedoya recoger como cuasi epitafio las palabras que le dedica el actual canónigo archivero de Orense: “Hombre pues de religiosidad y creencias totalmente ortodoxas, que quizá en instancias oficiales por su talante liberal se ponían en duda. No fue nada ambiguo como sí fue el caso de su amigo el obispo de Astorga Félix Torres Amat que murió sin tan claras manifestaciones de adhesión al Magisterio de la Iglesia”[74].

Miguel Ángel González García en uno de los trabajos que venimos citando transcribe los sucesivos testamentos que otorgó Bedoya, en número de cinco, todos fechados en Orense los días 14 de agosto de 1823, 22 de agosto de 1832, 14 de agosto de 1845, 30 de agosto de 1847 y 22 de marzo de 1850[75].

Tanto Orense como Berlanga le recuerdan con su nombre en sendas calles[76].

Como cosa curiosa en la sucinta entrada que la Academia de la Historia le dedica se hace constar algo que es completamente ajeno a su biografía: “Parece que inspiró a Pío Baroja el personaje de Alzaga en su novela El mayorazgo de Labraz”.

 

[1] Gran Enciclopedia Gallega, III, p. 165; Gil Novales, Alberto: Diccionario biográfico del Trienio Liberal. Madrid, 1991, p. 179; González García: La visita pastoral de la Diócesis de Orense del Obispo Dámaso Iglesias Lago (1818-1840), en Memoriae Ecclesiae, XV, 1998, p.392; Crespo López, Mario: Voz Bedoya, Juan Manuel, en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, http://dbe.rah.es/biografias/46286/juan-manuel-bedoya; González García, Miguel Ángel: Sobre Juan Manuel Bedoya, Deán de Ourense, en , Diversarum Rerum, 10 (2015)pp. 65-66 y 92; Hernández Figueiredo, José Ramón: La oposición “conflictiva” del canónigo Juan Manuel Bedoya a la Penitenciaría de la Archidiócesis compostelana, en 1816, en Annuarium Sancti Jacobi, 4 (2015), p. 213

 

[2] GEG, III, p. 135

[3] Barros Guede, José: Juan Manuel Bedoya, un deán liberal e ilustrado: La Opinión, A Coruña, 2 de mayo de 2008; González García: Sobre…p. 66

[4] Barros: Op. cit.

[5] Barros: Op.. cit.; González García: Sobre…, p. 66

[6] Corts i Blay, Ramón: L’arquebisbe Fèlix Amat (1750-1824) i l’última Il.lustració española. Facultat de Teología de Catalunya y Editorial Herder, Baecelona, 1992, p. 186

[7] Appolis, Émile: Les jansenistes espagnols. SOBODI, Bordeaux, 1966, p. 189

[8] Appolis: Op. cit., p. 171

 

[9] Corts: Op. cit., p. 204

[10] Corts: Op. cit., p. 205; Hernández Figueiredo: Op. cit., p. 215

[11] Barros: Op. cit.

[12] Appolis: Op. cit., p. 189

[13] Hernández Figueiredo: Op. cit., p. 216

[14] Barros: Op. cit.; González García: Sobre…, p.67

[15] Corts: Op. cit., pp. 251, 279, 303, 328

[16] Appolis: Op. cit., p. 190

[17] Barros: Op. cit.

[18] Appolis: Op. cit., p. 190

[19] González García, Miguel Ángel: La visita pastoral de la Diócesis de Ourense del Obispo Dámaso Iglesias Lago (1818-1840),en Memoriae Ecclesiae, XV, 1998, p.392: Barros: Op. cit

[20] Barros: Op. cit.

 

[21] Barros: Op. cit.; Hernández Figueiredo: Op. cit., p. 218

[22] GEG, III, p. 165; Gil Novales: Op. cit., p. 79

[23] González García, Miguel Ángel: Bicentenario de la muerte del cardenal Quevedo (1818-2018), en Diversarum Rerum, 13 (2018), p. 17

[24] Herrero Salgado, Félix: Aportación bibliográfica a la Oratoria Sagrada Española. CSIC, Madrid, 1971, p. 562; GEG, III, p. 165; Gil Novales: Op. cit., p. 79; González García, Miguel Ángel: Bicentenario…, p. 23

[25] Barros Guede, José: Juan Manuel Bedoya, un deán liberal e ilustrado, II. La Opinión, A Coruña, 9/5/2008

[26] Barros, Op. cit., II; Hernández Figueiredo: Op. cit., pp. 223-245

 

[27] Hernández Figueiredo: Op. cit., p. 225

[28] Hernández Figueiredo: Op. cit., pp. 225-226

[29] GEG, III, p. 165; Gil Novales: Op. cit. p. 79

[30] Appolis: Op. cit., p. 203

[31] Appolis, Op. cit., 171

[32] Appolis, Op. cit., p. 171

[33] Barros, Op. cit., II

 

[34] Corts: Op. cit., p. 323

[35] Appolis: Op. cit., p. 217

 

[36] Revuelta: Op. cit., p. 190

[37] Appolis: Op. cit., p. 215

[38] Guitarte: Op. cit., p. 150

[39] GEG, III, p. 166

[40] Appolis: Op. cit., p. 217

[41] Appolis: Op. cit., p. 217

[42] GEG, III, p. 166

[43] Barreiro Fernández, X.R.: Historia de Galicia, Vigo, 1981, p. 194

 

[44] Appolis:, Op. cit., p. 217

 

[45] González García: Sobre…, p.92

[46] El Católico, 27/ XI/1840, III, p. 701

[47] El Católico, 27/ XI/1840, III, p. 701

[48] Appolis: Op. cit., p. 223

[49] GEG, III, 166; Appolis: Op. cit., p. 224

[50] Appolis: Op. cit., p. 224; GEG, III, p. 166

 

[51] González García. Miguel Ángel: La diócesis de Orense desde 1850, en Historia de las diócesis españolas, 15, Lugo. Mondoñedo-Ferrol, Orense. BAC, Madrid, 2002, p. 535

 

[52] ” Carballo, Francisco: A Igrexa galega. Edicións A Nosa Terra, Vigo, 1995, p. 149

 

[53] Rodríguez Lago, José Ramón: La diócesis d Orense desde 1850. 3 El cuadro d la vida religiosa, en Historia de las diócesis españolas, 15, Lugo, Mondoñedo-Ferrol, Orense, BAC, Madrid, 2002, p. 607

[54] GEG, III, p. 165

[55] Appolis: Op. cit., p. 223

[56] Barreiro: Op. cit., p. 194

[57] Otero Pedrayo, Ramón: Algunas noticias para una nueva biografía de D. Juan Manuel Bedoya (1770-1850), Cuadernos de Estudios Gallegos, V, Santiago, 1950, p. 429

[58] Cuenca Toribio, José Manuel: El Episcopado español en tiempos de Pío IX , en Estudios de Historia contemporánea, I. CSIC, Madrid, 1976, pp. 281, 299, 321 y Cuenca, José Manuel: Sociología del episcopado español e hispanoamericano (1780-1985). Ediciones Pegaso, Madrid, 1985, pp. 164-165, 196, 227

 

[59] DHEE, Suplemento, CSIC, 1987, p. 527

[60] DHEE, III, p. 1835

 

[61] González García: La diócesis…, p. 542

 

[62] Crónica de los obispos de Orense, Orense, 1897, pg. 585

[63] González García, Miguel Ángel: ¿Fue el deán Juan Manuel Bedoya obispo de Orense? Faro de Vigo, 5/11/2013)

[64] González García: Sobre…, pp. 93-96

[65] González García: La visita…, p. 392; Idem: Notas sobre impresos y bibliografía relacionada con el Seminario de Ourense (Siglos XIX y XX) en Auriensia, ,1, 1998, pp. 185-186

[66] González García: Sobre…, p. 68

[67] González García: Sobre…, p.97

[68] GEG, III, p. 135, Gil Novales: Op. cit., p. 179; González García, Miguel Ángel: La diócesis…, p. 545; Crespo: Op. cit. , Appolis: Op. cit., p. 223

[69] Appolis: Op. cit., p. 223

[70] González García: La diócesis…, p. 545

[71] González García : La visita…, pp. 391-392

[72] González García: Sobre…, p. 61

[73] González García; Sobre…, pp. 102-105

[74] González García: Sobre…, p.71

[75] González García: Sobre…, pp. 71-90

[76] González García; Sobre…, pp. 105-106

 

 

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