PUBLICIDAD

Los mimbres de Omella

|

Oriolt dedica un primer artículo a analizar con su habitual perspicacia y en base a datos incontestables la situación con la que se encuentra Omella a su llegada a Barcelona. Es decir, los mimbres que tiene para hacer un cesto. http://germinansgerminabit.blogspot.com.es/2016/01/los-mimbres-de-omella-i.html Y esos mimbres son malos. De los párrocos en activo 33 superan los 75 años y 12 de ellos los 80. Supongo que no pocos de ellos pésimos. Pero ese no es el problema más grave con el que se va a encontrar Omella porque aunque no hiciera nada se resolvería solo en poco tiempo. Y cuando dentro de seis u ocho años el arzobispo, ya cardenal entonces, deje Barcelona no pocos de esos, diría que la totalidad, más algunos otros, se habrán ido ya. Aunque no sepamos a donde. Unos al otro mundo, otros a su casa o a la residencia sacerdotal. El verdadero problema de Omella, que también se da en otras diócesis españolas, no es el de los ancianos sino el de los jóvenes. En el último lustro se ordenaron 15 sacerdotes y fallecieron 64. Ese es el cáncer de Barcelona aunque ya digo que no exclusivamente suyo. Una diócesis con más de dos millones y medio de habitantes no puede sobrevivir con quince ordenaciones en los últimos cinco años. Una media anual de tres. No se ahora los datos de Madrid pero probablemente ordene cada año los que en Barcelona en cinco. O incluso más. Los fallecimientos barceloneses se van a multiplicar porque su clero, cada año que pasa, está más envejecido. Y eso sólo se salva, o se atenúa, con bastantes más ordenaciones. No voy a marcarle el programa al nuevo arzobispo. Sería absurdo por mi parte además de inútil. Y no me cabe la menor duda de que él es el primero en darse cuenta de la gravedad del problema. Que tiene dos quiebras graves. Una de muy fácil solución pero que ella sola mejoraría algo pero ciertamente poco. Turull como rector del seminario fue un inmenso fracaso. Evidentemente la solución es bien sencilla. La otra, la complicada y que sin embargo sería la única efectiva, tal vez sea imposible o de muy difícil arreglo. Habría que involucrar, en Barcelona y en otras muchas diócesis, a un clero vago y malo en notable parte, en el fomento de las vocaciones sacerdotales que es campo que lleva muchos años sin roturar. Y por lo mismo sin cosecha. ¿Es posible con esos mimbres? Yo lo dudo muchísimo. No pocos jóvenes al ver a sus sacerdotes no sienten el menor deseo de ser como ellos. Más bien el de no parecerse nada a eso. Pues eso o se arregla o el problema en no pocos años va a ser tremendo. Hay diócesis con vocaciones. No tantas como se necesitarían pero existen. Pues a imitarlas. Si el obispo no quiere ser el enterrador de su diócesis. El primer paso necesario es que vayan jóvenes al seminario. Sin él todos los demás sobran. Después, también de primera y urgentísima necesidad que el seminario no malogre a los jóvenes que acuden a él. Hay que matarse por conservarlos. Para ello es imprescindible un buen equipo de formadores comenzando por el rector. Y por último e de suma importancia que el obispo esté constantemente pendiente de sus jóvenes sacerdotes para que en las dificultades, muy serias, con las que se van a encontrar tengan siempre detrás al padre que les cuide, les anime y les sostenga. Me parece de una crueldad inaudita y además de pésimos resultados, mandar a un joven que salió con mil ilusiones apostólicas de su ordenación a la inmensa y fría soledad de unas parroquias muertas, lejanas y capaces de matar cualquier celo evangelizador. Claro que también habrá que atender a eso pero con la presencia permanente, vigilante y amorosa del padre. Ninguna estrategia militar lanza un paracaidista en terreno hostil. Porque se lo merendarán en poco tiempo. Hay misiones verdaderamente difíciles pero el encargado de las mismas tiene que estar preparado y asistido. Pensar que todo cura es Rambo es de una ingenuidad supina. También los seglares tenemos un papel importante en el cuidado de nuestros sacerdotes. Aliviándoles en lo posible su soledad si la están experimentando. El cura no es para verle los domingos media hora en la iglesia, en ocasiones ya desgraciadamente uno o dos domingos al mes, y sin cambiar nunca o casi nunca una palabra con él. Nuestras casas deben ser también la casa del sacerdote. Que en ocasiones coma o cene con nosotros. Y que si una tarde de invierno, en la que es noche a las seis de la tarde pueda ir a charlar un rato a una casa amiga. O ver un partido de fútbol en la televisión. Procurando ciertamente no crear dependencias que tampoco son buenas. No se trata de prohijar un cura sino de que bastantes hagan que su casa y sus corazones estén abiertos al sacerdote. Y que este sepa que tiene sitios a los que ir, con contento de todos, en esas tristes y largas horas muertas que terminan haciéndose insoportables y pueden matar una vocación ilusionada. Y si hay obispos que al atardecer se aburren, que prueben, en vez de estupideces, y ojalá sean sólo estupideces, a llamar a dos o tres curas que a esas horas pueden estar tan aburridos como el obispo, y tal vez haciendo también estupideces, y ojalá sean sólo estupideces, a que vayan a charlar con él y a cenar juntos. Ya verían unos y otro como la diócesis cambiaba a mejor.

Comentarios
0 comentarios en “Los mimbres de Omella
  1. En el tema de la crisis vocacional tiene importancia, más de la que parece, el que hayan desaparecido los acólitos de las misas. No todo monaguillo acaba siendo sacerdote (gracias a Dios) pero prácticamente todos los sacerdotes empezaron a «correr» sacristías y a desarrollar interés por la liturgia siendo acólitos. O no?

  2. Mas bien los fiambres de Omella. Un campo pelado, mustio collado. Los objetivos se cumplieron a la letra. A Cataluña la estan llenando de moromerds, nada puede existir en el vacio espiritual y ese vacío Lo llenara el malvado Islam, cuando venga la independencia, porque yo no veo al Rajao o al reyecito con tamaños para evitarla. Ademas , si monseñor Omella empieza a llenar de vocaciones, le puede suceder lo que a Livieres. El seminario q fundo ya lo estan desguasando.

  3. ¡Ah, pero estos de la foto son párrocos?. Me parecían funcionarios del Ayuntamiento, del departamento de aguas o de la compañía de Aguas de Barcelona en su pirulí. Con esos aspectos uno no sabe cómo han resistido ni como pastores interconfesionales de la inculturación.
    Es muy lógico que pocos varones quieran ser curas-pastores cuando tienen posibilidad de ser funcionarios públicos, enseñantes, doctorantes o sencillamente de oficios manuales que también tenemos un mérito y en los que uno se siente realizado con familia y todo, siendo por ejemplo linterneros aguamaniles y así. ¿Porqué y para qué curas si ya no son sacerdotes con poderes sagrados de Cristo sino presidentes de comunidad al modo rabínico o «evangélico» protestantivo?
    Si todos estamos salvados no tienen razón de ser como sacerdotes-liturgos. En todo caso algo de aficionados sicólogos sin
    licenciatura o mandones de la comunidad para labores de acogida si procede y socorro de necesidades hasta donde se pueda.Para celebrar alabanzas, nos dicen últimamente. También en los campos de fútbol se alaba mucho sin necesidad de curas-pastores. ¿Que los nombran los obispos con misión canónica de ser lo que son? Pues tanto gusto. Pero en sociedades democráticas ¿quién elige a los obispos y a los curas-pastores? Los Apóstoles nombraron diáconos para menesteres de socorro y ayudas varias para evitar los tratos de ventaja que tenían las viudas hebreas. Ellos se dedicaron en exclusiva a la oración que es la Liturgia Sacramental por mucho que pataleen en contra los neohermeneutas. Ya San Juan nos dejó mandatado que a quien no trajera la mismísima Doctrina de Origen de los Apóstoles; que no le diéramos la bienvenida a los que se pusieran al frente de las comunidades cristianas – PRO-AGONTES, que no quiere decir que «se adelantan» más allá de lo mandado por la época y sus epocales como suele traducirse en plan escapista.
    Pues eso: la Liturgia Sacramental, el Sacerdocio, el Sacerdote-Liturgo con los poderes sacrales delegados por Jesucristo con los que se les inviste en el Sacramento del Orden SAGRADO. As floración de sacerdotes. Para pastores-cura ya nos bastamos los padres de familia normalmente y por eso los varones no dan el paso al vacío sacramental sin actuación conversora por el Espíritu Santo al que los reformistas han puesto en fuga o lo han convertido en inspirador arbitrario de sus ocurrencia .

  4. Es casi imposible cumplir la receta que nos da don Francisco José respecto de la visita a curas desocupados. La mayoría de ellos nos mandarían a la porra si quisiéramos acompañarles. Poca o ninguna fe les queda y no les interesa que nadie les acompañe, de lo amargados y paganizados que están. este es el problema de la Iglesia. No hay fe. Espantan a la gente, les alejan de Cristo. Y eso en el 95 por 100 de los casos. Panorama desolador. Pero hay que orar más al Señor para que envíe obreros a su mies. Esto sobre todo y esperar a que el Señor regenere el olmo seco hendido por el rayo y en su mitad podrido, para que con la Gracia de Dios le salgan hojas verdes.

  5. Con curas que no confiesan, no evangelizan, violan bestialmente la liturgia, se muestran contrarios al magisterio, se obsesionan con el uso exclusivo del catalán y viven para la mera propaganda secesionista, la primera medida sería cerrar el seminario y enviar a los seminaristas, pagándoles los gastos, a Toledo o a Madrid.En caso contrario, no creo que se logre nada.Además, sospecho que a Omella le preocupan sólo dos cosas: su imagen (caerles bien a todos) y su capelo cardenalicio; para seis o siete años que estará en Barcelona, pensará que no le vale la pena hacer esfuerzos.Eso sí: la mayoría de los curas desnortados (más de medio centenar) habrán muerto cuando él renuncie.El problema es que la archidiócesis, si no toma medidas, también habrá muerto (me pregunto si eso le preocupa o Omella o no y me inclino por lo segundo).

  6. Un razonamiento que exponía, hace algún año el blogger, sobre la imposibilidad de que Don. Braulio llegara al cardenalato, parece ser que para las mismas circunstancias, no es aplicable para Osoro ni para Omella.
    Escribe sobre Osoro , cardenalato al canto. Escribe sobre Omella, «ya cardenal entonces». No lo entiendo.
    Aunque tengo dos dias mas que él, mi memoria A Dios gracias, está en plenitud de facultades, y como es el único, blogger al que sigo, pues tengo muchos coincidencias con él, recuerdo la mayor parte de sus escritos.

  7. La crisis vocaciones que vive Europa tiene, desde mi punto de vista, dos motivos que son sus patas cojas: 1- La FE. Hay una crisis de fe en la propia sociedad e incluso dentro de la misma Iglesia y de los mismos fieles. Si uno no tiene la fe, no puede transmitirla (y hablo de Fe en mayúsculas). Como decía Joseph Ratzinger cuando era Prefecto: ‘la Iglesia primitiva se encontraba en una situación de cristianos que convertían a los paganos. Hoy nos encontramos en una Iglesia de paganos que dicen ser cristianos’.
    2- La FAMILIA. Las vocaciones han salido históricamente de las familias cristianas. ¿Donde están hoy esas familias? En Misa se ven muy pocas, y las que hay no suelen ser muy numerosas (uno, dos o tres hijos). Las que tienen grandes familias suelen ser las que pertenecen a realidades eclesiales y nuevos movimientos. Por tanto, sin una vivencia de la sexualidad en el matrimonio como lo desarrolla la Humanae Vitae y Familiaris Consortio y ha confirmado el último Sínodo donde aparezcan matrimonios abiertos a la vida, y donde se transmita la fe, pocas vocaciones a la vida consagrada saldrán.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *