Los hermanos coadjutores desaparecen de la Compañía de Jesús

Quienes nos hemos educado con ellos sabemos la importancia que tenían en los ya lejanos años de mi juventud. Y la memoria del santo Hermano Gárate me excusa de más precisiones. Había dos tipos de hermanos coadjutores en mi colegio. Los más ilustrados y los menos. Con los primeros tuvimos muchísimo contacto en nuestros primeros años colegiales. La primaria y el ingreso estaba en sus manos. A los otros apenas los tratábamos. e incluso con miedo. Estaban encargados de la vaquerìa, en el colegio había vacas, y de otros menesteres más o menos rústicos. No recuerdo a un hermano portero aunque tal vez lo hubiera. Todos los años mis compañeros de promoción, ya tan lejana, se reúnen en dos ocasiones. Una en Navidad y otra en verano. A la primera, por razones de residencia, no puedo asistir. La segunda es un encuentro gozoso de todavía bastantes. Más de veinte y menos de treinta. Y todos aceptablemente bien con nuestros 75 años salvo nuestro benjamín, Alberto Facorro, que siempre tiene un año menos. Creo que también Lalo del Río pero ese sólo comparece en ocasiones muy señaladas. Desde aquí, si me leyeras, queridísimo Lalo de tantas amistades juveniles, un enorme abrazo. Todos tenemos un inolvidable recuerdo de aquellos hermanos de primaria y de ingreso: Cubillo, Merino, Lomba. Ellos fueron quienes nos desasnaron intelectualmente. Valdrían lo que valieran, pienso que no poco para lo que tenían encomendado. Y a lo que se dedicaban con entrega absoluta. Pero hubo otro hermano, Hijosa, a quien dedicaban a menesteres intelectualmente superiores. Nos daba historia y geografía en cursos más elevados, ¿Segundo, tercero, cuarto de bachillerato? Hijosa sigue siendo un referente para todos nosotros. Sabía, exigía, era benevolente cuando se precisaba, enseñaba, nos hacía aprender la asignatura.. y en mi pobre opinión era además santo. De ideas integristas pero de una bonhomía personal como nadie, no creo que ninguno de mis compañeros tenga de Hijosa el menor reparo. Más bien sólo admiración agradecida. Me lo encontré en los ultimísimos años de su vida. Con su sotana raída que ya no llevaba nadie en el colegio. Me dijeron que apenas hacía ya otra cosa que asistir a todas las misas que se celebraban en la comunidad. Y que todavía eran bastantes. Apunté, cautamente, alguna leve crítica a la deriva institucional.  Me respondió inmediatamente. Yo ya soy muy viejo, sólo puedo rezar por mi amada Compañía y por vosotros. Y eso es lo que hago. Todos los días y todo el día. Me pareció, una vez más, admirable. Tuvimos a los cultos: Poggio, Albarrán, Moral… Y a los mediocres. Más que los cultos. Incluso a los impresentables: Sanchís, aunque ascendiera incomprensiblemente a altos puestos en la Compañía. Borrego, que hacía honor a su apellido. Con Partearroyo, que no era un cualquiera, yo tuve una excelente relación pero no así otros compañeros: Torrado, Cobián, Bringas, todos queridísimos amigos y el primero ya no en este mundo. De alguno recordamos todos los cinco dedos del Padre Prefecto varios días en la cara de nuestro compañero. Creo que queda sólo uno de los jesuitas con los que convivimos. Kubalita, el P. Otero. Le tuvimos de maestrillo y ahora en nuestras comidas anuales. Estoy seguro de que con gran contento nuestro y de él. Para su edad, que debe estar por los noventa, año arriba o abajo, está estupendo. Pero una vez más me he perdido en los prólogos. Tal vez porque de lo que abunda en el corazón habla la boca. Hay quien piensa que de mi mala experiencia escolar deriva mi poco afecto a la Compañía de Jesús. Inexactísimo. Tengo enorme admiración, incluso veneración, por la Compañía histórica, que fue, además, la que yo conocí. Y en la que fui feliz en mis años adolescentes. No ha habido el menor maltrato a mi persona en mis años escolares. Hasta me hicieron Príncipe del Colegio en Preuniversitario, dignidad anual que recaía en un único alumno. Y de la formación intelectual que me dieron sólo puedo decir que me valió el premio extraordinario de Bachillerato que otorgaba la Universidad Compostelana. Agravios personales es evidente que ninguno. Sólo agradecimientos. Y lo mismo cabe decir de la conformación de mi personalidad. Aunque algunos puedan pensar que les he salido rana. Mi propósito al iniciar esta entrada no era otro que el de dar cuenta del fallecimiento de otro hermano coadjutor de la Compañía de Jesús y de lo que me parece la próxima extinción de esa categoría de jesuitas en la que tantos se ganaron el cielo e incluso alguno los altares. Eso se muere. Lo que no quiere decir la muerte de la Compañía que puede sobrevivir sin hermanos coadjutores. Aunque en España esa supervivencia no la tengan clara. No voy a contar los fallecimientos de jesuitas españoles habidos este año. Hay cuenta de ellos pero algunos están contados dos o tres veces. http://infosj.es/component/jdownloads/finish/150-diciembre/1328-2015-46-fallecimiento-v-rio?Itemid=0 No tengo tiempo de hacer el recuento total. Si algún lector quiere hacerlo, eliminando duplicidades, bienvenido sea. Y si distingue entre padres y hermanos, mejor. Al estudiante fallecido pienso que habría que contarle entre los padres pues para eso iba. Creo. Todos esos fallecimientos que serán seguramente más de cincuenta en este año que todavía no  ha concluido no se compensan ni remotamente con la media docena de ordenaciones que ha habido. Y otros tantos, más o menos, serán los novicios que han entrado en la Compañía. De los cuales es seguro que no todos perseverarán en la misma. Y ese negativísimo balance se agravará con los años pues en una Compañía envejecida cada año habrá más defunciones. Negrísimo pues el futuro en España y supongo que será igual o peor en la mayoría de las naciones europeas. Leo, en la necrológica de ese hermano fallecido que sólo le superaba en edad un padre Treceño. Me suena algo haber coincidido en el colegio con un padre de ese apellido pero del que no recuerdo nada. No me dio clases, no fue rector, prefecto padre espiritual o inspector. Si se tratara del mismo sobrevivirían dos de los que coincidieron con nosotros en Bellavista. Aunque éste parece que ya con 102 años.    

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