¿Los han matado?

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¿A muchos de nuestros mayores?

Si ha sido así supongo que los tribunales van a quedar colapsados.

http://www.infocatolica.com/blog/cura.php/2005070836-solo-morfina

 

Comentarios
12 comentarios en “¿Los han matado?
  1. Supongo que Pedro y Pablo tendrán que responder políticamente -y muy probablemente en los tribunales penales- de la matanza de 30.000 personas y del colapso económico y social que han producido. Y Pablo especialmente de la brutal carnicería perpetrada en las residencias de ancianos, de las cuales él expresamente se hizo responsable.

  2. Con alguno el virus ha actuado más rápido que la justicia. Así son los designios de la Divina Providencia. Laus Deo. Deo gratias.

  3. Si lo que sucede en China nos queda por lo general muy lejano, por razones obvias en estos momentos puede suscitar una mayor atención. No solo los asuntos políticos y sanitarios sino también los eclesiales.

    A este respecto, llama la atención algo interesante sucedido ayer en la diócesis de Nanyang. Algo en principio muy habitual: la muerte de un obispo, Mons. Bao-Yu (a los 98 años, después de ser una de las personas más ancianas en superar -se dijo- el coronavirus) y su sucesión por el coadjutor, Mons. Jin Lugang.

    Pero la historia es más retorcida. Mons. Bao fue en principio obispo coadjutor clandestino en comunión con Roma hasta que en 2010 se le aceptó la renucia por edad. Pero en 2011 cambió de bando y las autoridades chinas lo instalaron como obispo diocesano de Nanyang, desplazando a Jin, que, también fiel a Roma, había pasado de coadjutor a diocesano en 2010. Pero en 2019 hubo otro cambio de bando, y Jin fue instalado por la autoridad china como coadjutor oficial de Bao, al que ayer sucedió.

    Parece complicado pero parece adivinarse que los frutos del todavía secreto acuerdo Roma-China van cayendo en el cesto «patriótico». No parece precisamente un éxito para Roma.

    1. Parece un galimatías propio de una película de chinos (de las de antes), pero al parecer los obispos se están pasando a la iglesia patriótica y eso, a pesar de los acuerdos secretos, es una herejía y esos obispos son herejes.

      No seré yo quién los condene, porque nadie puede pedir a nadie que sea mártir, pero como raro, suena raro.

      Por lo demás, nada nuevo, se sigue persiguiendo a los cristianos en general y a los católicos en particular.

      Tal vez sería bueno hacer lo que se hizo en Japón cuando la persecución arreció. Cuando dos siglos después llegó un misionero, se encontró que había muchos japoneses católicos de corazón y su trabajo consistió en confirmarlos en la fe. El comunismo chino no va a tardar dos siglos en caer, de modo que los fieles hibernados podrán salir no habrá que esperar, como en Japón, dos siglos.

  4. Una vieja oración para los nuevos tiempos

    Fray Bartolomé Calvano OP
    08 de Mayo de 2020

    Muchos santos han vivido tiempos tumultuosos, muy parecidos a los nuestros. No busqué más allá del siglo XIV. Parece tener un parecido sorprendente con nuestro estado actual de cosas.
    De hecho, haciendo una lectura rápida de los escritos de una Santa, uno podría pensar que se trata de una contemporánea nuestra.

    Santa Catalina de Siena nació a mediados del siglo XIV cuando la muerte negra se expandía por toda Europa. Italia estaba lejos de estar unida en ese tiempo, ya que todas las repúblicas estaban envueltas en guerras casi incesantes (de menor o mayor escala) entre sí.
    Incluso el Papa fulminaba el entredicho contra determinadas ciudades, lo que impedía que la gente pudiese acceder a los sacramentos a causa de sus líderes, considerados rebeldes.
    A veces se pedía a Santa Catalina que actuara como intermediaria en estos conflictos, motivando que en una ocasión se desplazase a Aviñón para convencer al Papa Gregorio XI que era aconsejable levantar el entredicho que pesaba sobre la República de Florencia.

    A pesar de estas muchas tribulaciones, la Iglesia Católica y sus miembros perseveraron durante este período de agitación e incertidumbre.
    ¿Y cómo lo hicieron? Podemos contemplar a Santa Catalina como modelo. Su respuesta a todos los problemas del mundo fue implorar al Señor que actuara a través de sus siervos cristianos, tanto laicos como ordenados in sacris.
    La Seráfica Doctora oró por su renovada fidelidad a la vocación que Dios les había dado. Cada vez que rezaba así, nunca fallaba al incluirse a sí misma, porque necesitaba la misma ayuda que estaba pidiendo para los demás.

    La humilde confianza en Dios, mostrada por Santa Catalina puede servirnos de ejemplo durante estos tiempos inciertos.
    A continuación se muestra un extracto de una oración que compuso y rezó el Domingo de Pasión en 1379, un un año antes de su muerte a la edad de treinta y tres años:

    Oh Dios, Mi amor,
    Tengo que pedirte una cosa:
    Cuando el mundo estaba enfermo,
    Enviaste a Tu Hijo unigénito
    como Médico,
    Y sé que lo hiciste por amor.

    Pero ahora veo al mundo completamente muerto …
    Tan muerto que mi alma se desmaya al verlo.

    ¿Qué modo puede haber ahora,
    Para que reviva este cuerpo yerto?
    Tú, oh Dios, no puedes sufrir,
    Y no vendrás otra vez
    A redimir al mundo, sino a juzgarlo.

    Entonces, cómo deberá,
    Este muerto volver a la vida?
    No creo, oh Bondad infinita,
    Que no tengas el remedio.
    De hecho, lo proclamo:
    Tu amor no mengua,
    Y Tu poder sufre quebranto,
    Ni disminuye Tu sabiduría.
    Tú quieres, Tú puedes,
    Y sabes cómo enviar el remedio que se necesita.

    Te ruego, que te complazcas en Tu bondad,
    Para mostrarme el remedio,
    Deja que mi alma despierte,
    Para recogerlo con valentía.

    Respuesta: [Aquí Santa Catalina hace una pausa para escuchar la respuesta del Señor.]

    Cierto: Mi Hijo no va a venir otra vez
    Sino en Su majestad para juzgar.

    Pero veo que llamas a Mis siervos otros Cristos. ,
    Por medio de ellos,
    Quieres aliviar al mundo de la muerte
    Y restaurarlo a la vida.
    ¿Cómo?
    Quieres que estos sirvientes Míos,
    Caminen valientemente por el camino de la Palabra,
    con entrega y ardiente deseo,
    trabajando por Mi honor
    Y la salvación de las almas,
    Y para esto: Dolor paciente y duradero,
    Tormentos, desgracia, infortunios…
    De cualquier fuente que puedan venir.

    Por estos sufrimientos finitos,
    Unidos a Su deseo infinito,
    Encontrarán solaz.
    Escucharé sus plegarias,
    Y concederé sus deseos.

    Pero si sólo sufriesen físicamente,
    Sin este deseo, no seria suficiente
    Ya sea para sí mismos o para otros,
    la Pasión de la Palabra,
    sin el poder de la Deidad,
    No habría satisfecho,
    Para la salvación del linaje humano.

    ¡Oh, Señor, el mejor Dador de remedios!
    Danos entonces estos Cristos ,
    Que vivan en observancia continua,
    Lágrimas y oraciones,
    Por la salvación del mundo.

    Los has llamado Tus Cristos,
    Porque están conformados con Tu Hijo Unigénito.
    ¡Ah, eterno Padre!
    Concédenos no ser necios, ciegos, o fríos,
    con una visión tan oscura,
    que ni siquiera veamos los recovecos,
    De nuestra alma.
    Danos el regalo de conocer Tu voluntad.

    He pecado, Señor.
    ¡Ten piedad de mi!
    Te doy gracias.
    Te doy gracias.
    Porque has conducido mi alma,
    Al lugar del refrigerio.
    Mediante el conocimiento que me has dado,
    Para llegar a saber cómo puedo llegar,
    A la exaltación de Tu caridad
    Mientras estoy aún en mi cuerpo mortal,
    Veo el remedio que has dispuesto
    Para librar al mundo de la muerte.

    «Oración 19.» Oraciones de Catalina de Siena.

    1. Y que nadie olvide que quien se arrogó personalmente todas las atribuciones políticas y ejecutivas sobre las residencias de ancianos de España, fue el Jorobado de San Antón.

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