Infovaticana
La cigüeña de la torre

Los escolapios agonizan pero del tronco carcomido ha nacido una rama verde.

La Cigüeña de la Torre
15 Julio, 2015

Ya no soy el único, o casi, en señalar la agonía de muchísimas órdenes y congregaciones religiosas. Durante bastantes años lo que era pura evidencia se intentó ocultar pero ya es imposible. La decadencia es tan tremenda que no pocos son ya un asilo de ancianos y los demás lo serán en cinco o diez años como mucho. En España, y cabe decir los mismo de casi la totalidad de Europa y América, por cada uno que se ordena en estos institutos, o hace sus votos si son femeninos, se mueren como poco diez y son no pocos en los que en un año sólo hay defunciones. Sus colegios, antes el vivero vocacional, son modelo de enseñanza laica y en demasiados no se ve ya un religioso o una religiosa. No hay actos de piedad, dirección espiritual y si es aceptable la enseñanza de las matemáticas o de la lengua la de la religión suele ser penosa. Hasta el punto de que si cerraran bastantes de ellos la Iglesia no perdería nada. Y si la CONFER se atreviera a publicar algún día la relación de pueblos y ciudades de los que han desaparecido los religiosos o no pocos de ellos, creo que lo que queda no se atrevería a salir a la calle de vergüenza. Hoy Germinans refiere el caso de los Escolapios que es uno más análogo a cien más. Se van, desaparecen. Y lo peor es que no lo siente nadie. Da la impresión de que ni ellos. http://germinansgerminabit.blogspot.com.es/2015/07/los-escolapios-de-verdad-existen-y.html Pero no ocurre igual con todos los religiosos. Hay algunos que crecen, tienen vocaciones, hacen Iglesia… Varios son escisiones de institutos terminales: Santa María del Sagrado Corazón, Compañía de María de Talavera, Iesu Communio, los nuevos Escolapios de los que nos habla el artículo, Franciscanos de la Inmaculada, Redentoristas… Otros, nuevas fundaciones. Y todos ellos, curiosamente, como los religiosos de siempre. Sin camuflaje alguno. La media de edad de los primeros supera los setenta años, la de los que ahora aparecen no llega a los cuarenta. Y todo ello sin que la inercia eclesial les apoye lo más mínimo si es que no les persigue a sangre y fuego como a los Franciscanos y Franciscanas de la Inmaculada. Para completar el cuadro del suicidio de la vida religiosa también hay que tener en cuenta que Roma ha puesto al frente de la misma a lo más inepto que encontró. Es difícil encontrar en los dicasterios romanos quien supere en inutilidad, necedad y es posible que hasta en maldad aunque también pudiera ser que fueran en lo último inimputables al ser su cortedad tanta, a Braz de Avís y Rodríguez Carballo. Pues eso es lo que hay por mucho que se esfuercen en ocultarlo. Los escolapios agonizan pero los hay que queriéndose fieles al carisma calasancio tienen jóvenes y nuevas vocaciones. Aunque hayan tenido que abandonar lo que queda de la congregación. Me consta, fehacientemente, que en algunas de las órdenes tradicionales, que tantas páginas de gloria eclesial escribieron en el pasado, algunos de los escasos religiosos jóvenes son conscientes de la ciega y acelerada marcha al abismo de sus institutos y tienen claro, aunque por desgracia todavía disimulado propósito, de volver a los hizo grandes y santos. A varios de ellos los han echado pero el fermento de la restauración continúa. Qué el Señor y sus santos fundadores, les protejan y acompañen. Porque lo actual, en muchos religiosos y religiosas, sólo lleva a una muerte ya a cortísimo plazo. Es pura evidencia.

La Cigüeña de la Torre