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Lecturas XLV: Miret

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Enrique Miret Magdalena: Luces y sombras de una larga vida. Planeta, Barcelona, 2000, 480 pgs.

Las nuevas generaciones no tienen ni idea de quien fue Enrique Miret. No se pierden nada por ello. La mía se lo encontraba hasta en la sopa. Hace unos días en un puesto de liquidación callejero vi sus Memorias al precio de 3,65 euros. Naturalmente las adquirí. Y las leí con interés porque cubrían buena parte de mi vida y yo sabía muy bien quien fue Miret Magdalena.

Leí unos cuantos artículos suyos en Triunfo que fueron los que le dieron familla y nombrecillo. Todo en diminutivo pues no había para más. De una petulancia extrema. En todos multiplicaba citas de autores extranjeros, en su gran mayoría absolutamente desconocidos por los lectores, que le hacían aparecer, o él se lo creía, como doctísimo conocedor de lo que en el mundo se llevaba. Pues sus memorias son un revival de aquella vanagloria llevada al paroxismo. Seguía presentándose como el gran conocedor de… la nada.

Miret nació en 1914 y murió ya entrado el siglo XXI. Hijo de una acomodada familia, con buenos colegios y relaciones, hasta 1936 no fue nadie ni su vida tenía el menor interés. En 1936 tampoco pero el 18 de julio le pilló en vísperas de salir de España para ingresar como novicio jesuita en el extranjero donde la Compañía, disuelta en España, tenía su noviciado. Fue imposible y con riesgo cierto de su vida se refugió en un piso protegido con bandera diplomática. Años de chinches, peligro de su vida y sobre todo, hambre. Nada que no se conozca por mil relatos semejantes. Y esa nadería ocupa más de la mitad de sus Memorias. Absolutamente prescindibles.

Pero en esa situación, verdaderamente espantosa, el joven Miret tenía muy claro que los dos bandos contendientes eran malísimos y sobre todo el franquista. Seguro que nadie se lo cree. Como era normal en su situación estaría deseando el triunfo de uno de ellos, que era el suyo, que dejaria de tener su vida en grave riesgo de asesinato. Y que además aseguraba la pervivencia de la religión católica. Pero convenía para su posterior evolución sentar unas premisas que no puede creérselas nadie. Él ya era entonces un más que medio rojo que veía en Franco la personificación de todos los males. También eran malos los incendiarios de iglesias, los asesinos de obispos, curas y monjas pero algo menos.

Liberado Madrid, un joven tan contrario a los vencedores va a proteger edificios, participa en alguna manifestación ultranacional, abducido por una locura colectiva a la que no se pudo resistir y participa en las reuniones de Cultura Española, heredera de Acción Española, que no sería franquista, cierto, pero que de roja no tenía el menor atisbo. Todo muy propio de un joven de derechas que intentaba canalizar su vida una vez renunciado su propósito de hacerse jesuita. Conozco muy bien, aunque no por edad, aquel ambiente de Gurtubay, 5, no Columela, donde tantísimas veces estuve, a Eugenio Vegas, que no fue letrado de las Cortes sino del Consejo de Estado, tampoco Ansaldo llegó a general, y un rojo disimulado no cabía en él. Jamás oí a Vegas pronunciar su nombre como contertulio de su reuniones.

Vinieron luego los años que pudieron ser gloriosos para él de la contestación eclesial. Pero ni destacó ni los cuenta. Pasa por ellos superficialísimamente. La crisis de Acción Católica, en la que él fue parte, precisaría más espacio porque apenas tiene ninguno, el posconcilio, el taranconismo… Llegaron los suyos y los suyos parece que no le conocieron. Un alto cargo, ya después, en Protección de Menores con el Socialismo, tampoco terminó bien.

Podrá haber quien no entienda el desaprovechamiento de tan gran valor. Pero es que de sus memorias resulta bien escaso. Hasta tuvo que cerrar la empresa de su padre. Nada le ha salido bien. Hasta se murió antes de que sus ideas eclesiales pudieran tener hoy algún reconocimiento. Su vida ha sido un estrepitoso fracaso. Como el de su admirado Torrubiano. Del que seguramente el 99,99% de mis lectores dirá ¿Torruqué?

Era listísimo. No llegó a ingeniero de caminos porque se bloqueaba en los exámenes pero hasta sus catedráticos se valían de sus trabajos para lograr reconocimientos. ¿Alguien se lo puede creer? Incluso se nos presenta como un buen mozo al que le llovían las mozas. Pues yo conocí a una señora que tenía una duda metódica de la que se murió sin resolver. No era capaz de decidirse por si el hombre más feo de España, entre los que ella conocía, era Aranguren o Miret. Cada vez que se encontraba con uno sostenía que era ese pero cuando veía al otro cambiaba de opinión.

Memorias absolutamente prescindibles de alguien que hoy ya no es nadie. ¿No tienen ningún valor? Yo le daría uno. Su caracterización de muchas de las personas que se tropezó en su vida. Y con cierta independencia. A algunos de sus adversarios ideológicos no les pone mal y a algunos de sus en teoría sus amigos no les pone bien. Pero no por eso merece la pena el libro. Una vez más, como decía mi añorado ¿Qué Pasa?, aunque yo no fuera el autor, Miroteo mirotea.

Tengo a la espera de daros cuenta de ellos, con lectura ya muy avanzada, del clásico de Vaussard sobre la Historia de Italia (1870-1946) y el de Manuel Revuelta sobre enigmas de la Iglesia española contemporánea. Ambos óptimos, Si no se cruzan otros serán los próximos.

 

Comentarios
6 comentarios en “Lecturas XLV: Miret
  1. ¡Soberbio, Sr. Cigoña! Hoy le ha quedado bordado. Y aunque a alguno le pueda parecer que carga las tintas, yo le aseguro que incluso es Vd. benevolente con el personajillo…

  2. En verdad era un pobre hombre absolutamente errado y con muchas ínfulas.

    Naturalmente el ganado sociata de la época con el dominio de la tve le dio cancha para que pusiera a parir el auténtico Cristianismo en programas de variedadescpn entrevistas.

    Pero él se arrogaba un derecho que no tenía: Hablar en nombre de la Iglesia y hablar como teólogo.

    Pues la Iglesia nunca le reconoció como portavoz.

    Y como ya ha apuntado otro comentarista era químico, no había cursado teología en su vida.

    Un pobre hombre.

    Tanta gloria llevare como paz dejare.

  3. En mi colegio de dominicos fue a dar una «charleta» a los padres de alumnos,allá por 1972 aprox. El resumen de todo,según me contaron mis padres, es que la solución consiste en que en casa fuesen todos en pelotas(perdón,pero así melo relataron),y consiguientemente se solucionarían todos los problemas del mundo.
    Mis padres quedaron espantados,se quejaron al Director Espiritual y éste les dijo que había sido imposición del provincial,que no tuvieran cuidado y que nunca volvería a ocurrir,cosa que así fue.

  4. Don Paco Pepe, Enrique Miret Magdalena es símbolo de un catolicismo español contrario a todo catolicismo español. En determinados medios se las daba de teólogo y en otros de químico. Lo conocí cuando él escribía en Cuadernos para el Diálogo, uno de los asiduos. Nunca entendí muy bien por qué tenían vara alta en el seno de ls querencias episcopales si en teología disparataba más que hablaba. Se espejaba, sin especial fortuna, en Madrid, en Aranguren (del que me parece que fue ayudante algún año), y, en Barcelona, donde se le veía a menudo, el director de El ciervo. Como usted sabe, El Ciervo, de Lorenzo Gomis, tomaba el nombre, de Les Editions du Cerf, de los dominicos franceses. Para Miret, como para Aranguren y Gomis, el catolicismo francés era referente. Pero no el de Les grands amitiés de Raïsa Maritain, o círculo de Sertillanges, sino el de cierto grupo de dominicos parisienses que mnostraban una incomprensible aversión a la situación política espàñola.

    Como era de suponer, el grupo de Cuadernos acabó siendo una bomba de relojería contra la Iglesia, que no enmendó ni aprendió la lección. No me extrañó que ese grupo se pasara con armas y bagajes a El País, donde, por supuesto, Miret siguió con sus soflamas anticristianas.

    Fueron muchos los cristianos para el socialismo que hicieron todo lo posible para celar el mensaje evangélico. Tuve cierto profesor cordobés, del círculo de Aranguren, aquí en Barcelona, que se mostraba contrario al aborto. Hasta que el PSOE le concedió una cátedra en Granada y lo hizo senador, tornándose activo prtoabortista.
    Muchos siguieron sin escarmentar. El caso Patino y el propio Tarancón resultaron, desde mi punto de vista, determinantes del hundimiento de los valores cristianos en la sociedad.

  5. ¡Hombre,el Miroteo Magdaleo del impresionante profetismo de Qué Pasa? , la Revista impagable que fundó el imponderable Jabalí del Dominus vobiscum al término del discurso, en el Congreso republicano, de Lamamié de Cairac a favor de los jesuitas y contra su expulsión que se llevó a cabo.
    Si mal no recuerdo empezó Miret sus escrituras columnarias en Sábado Gráfico y después se pasó o lo contrataron en Triunfo. Se decía químico en cuanto a profesional. Un dilettante más que otra cosa, impregnado de protestantismo del que ahora se lleva mucho hasta el punto que hay prelado que asegura que en la actualidad hay que ser interconfesional ¡para ser católico!.
    Miroteo Magdaleo hizo su papel de ariete contracatólico durante los años de los clérigos levantiscos, inspirado más en los periódicos franceses la Croix y Le Monde, más que en la Doctrina de la FE. Heterodoxo cabal. Y sin embargo propugnador de reformas que ahora ‘mismo están en la bolsa del bingo de las reformas. ¡Muy curiosa lectura sería la del Qué Pasa? Bingo todo el tiempo.

  6. Es cierto; lo recuerdo en los ochenta y los noventa cuando acudia a cualquier programa de cualquier cadena que se lo pedia y siempre se autoproclamaba como la voz oficial de la Iglesia Católica a la cual ponia siempre a los pies del caballo, claro está, con lo que conseguia que buena parte de los televidentes, ignorantes la mayoria de otras tesis, aceptasen como buenas las sandeces salidas de la boca de este sujeto. Que Dios lo tenga donde se merezca.

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