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Lecturas XCVII: Un gran historiador jesuita

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Manuel Revuelta González

Manuel Revuelta González: Enigmas históricos de la Iglesia Española contemporánea. Comillas, Madrid, 2017, 319 pgs.

La Compañía de Jesús ha dedicado siempre una gran atención a la historia. Desde sus mismos comienzos con el P. Rivadeneira. En España y en el extranjero. Bueno sería que en estos días confusos más de uno se leyera la gran biografía de Lutero escrita por un famoso jesuita que no era español. Y también otra escrita por un español. Nos ahorraríamos no pocas estupideces.

Esa saga historiadora en la universal Compañía ha llegado hasta nuestros días con nombres muy ilustres. Por sólo citar a algunos de los más recientes, y me dejo a otros, García Villada, Batllori, Lorca, Aldea, García Villoslada, Sanz de Diego… Entre ellos, con los más destacados, está Manuel Revuelta.

Yo tengo con él una deuda impagable porque su libro La Exclaustración, ha sido una de esas lecturas que han condicionado mi trayectoria. Y no me siento nada descontento de ella. Tengo, sin embargo, un grave reproche que hacerle y que me costará trabajo perdonarle incluso en estos días en los que se perdona todo. Su obra La Compañía de Jesús en la España contemporánea, es tan extraordinaria, tan completa, tan fundamental, que es una desgracia que sólo comprenda, en dos tomos de más de mil páginas cada uno, el periodo entre 1868 y 1906. No voy a decir que hasta hoy pero al menos hasta su expulsión por la República. Hubiera sido una contribución definitiva a unos años jesuíticos más que notables. Ya me parece inobjetable la de los treinta y ocho años historiados, verdadero monumento histórico, pero también es comprensible que los lectores admirados quisiéramos continuación.

El libro que ahora comento, y cuya lectura recomiendo vivamente, es en parte recolecta de trabajos ya publicados, alguno ampliado, y todos ellos de gran interés para conocer la historia eclesial de España en la Edad contemporánea en la que Revuelta es un auténtico maestro. Todos sumamente interesantes. Con una objeción al título porque no se trata de enigma alguno. Cuestiones todas más o menos conocidas a las que Revuelta aporta sus inmensos saberes para dejarlas más esclarecidas. Supongo que ha sido un recurso de la editorial para atraer lectores.

Comienza el libro con un capítulo sobre el sentido religioso de la Guerra de la Independencia, pgs, 19-75, que es un tema muy tratado en diversas ocasiones sobre el que Revuelta aporta sus muchos saberes. Creo que es inobjetable, como sustento de su tesis, esta afirmación: “La guerra de la Independencia no fue una guerra de religión, al menos en sus comienzos, pero la religión fue uno de sus componentes decisivos” (pg. 37). Hubo ciertamente clérigos en los dos bandos contendientes y es muy positiva la nómina de los afrancesados pero la proporción es ridícula. En unos era masiva y en otros contadas, aunque algunas importantes, excepciones. Y Revuelta no oculta lo que significaba estar bajo la opresión enemiga. Me parece uno de los capítulos más relevantes del libro.

El segundo (pgs.77-118), se refiere a las dos supresiones de la Inquisición en aquellos años. La napoleónica y la liberal. La primera fue un hecho político al que no cabía objetar nada. La otra fue mucho más controvertida. Yo estudié algo sobre ello en mi libro sobre las Cortes de Cádiz. El relato de Revuelta es descriptivo y más bien aséptico. Desde toda su más que notable ciencia.

El capítulo tercero versa sobre un tema en el que Revuelta es maestro indiscutible. No hay quien sepa más que él sobre eso. El restablecimiento de la Compañía en España entre 1815-1820 (pgs. 119-154). En historia nada hay definitivo y todo es ampliable pero el incluido es un texto acabado de un maestro.

La recensión, reelaborada, que dedica a la memoria de un clérigo ultraliberal y parece que hebraísta notorio, según dicen, yo de eso no tengo la menor idea, como fue García Blanco (pgs. 155-163) es posiblemente el trabajo más prescindible del libro. Un sacerdote radicalmente anticlerical.

La desamortización de los bienes culturales de la Iglesia en el sexenio democrático (1868-1874) (pgs. 165-186) es otra muestra cumplida de los saberes del autor y aportación notable al tema.

El siguiente capítulo sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España (pgs.187-207) es adentrarse de nuevo en una cuestión en la que Revuelta lo sabe todo. Y nadie más que él. En eso sólo cabe leer y aprender. Ya el último epígrafe (pgs.205-207) es seguramente irenista. Hoy prácticamente ha desaparecido la devoción.

El capítulo que dedica al P. Rubio (pgs. 209-226) no es evidentemente una biografía, da cuenta de las publicadas (pg. 209) y más bien intenta una cata en la psicología o la idiosincrasia del santo jesuita. Que nunca se manifestó políticamente por escrito aunque la escritura no fuera de lo que se valiese en su apostolado. La Compañía de Jesús era eminentemente integrista y eso lo sabe Revuelta mejor que nadie. El P. General, Luis Martín, para congraciar a la Compañía con León XIII, muy distante, dedicó su generalato a la aproximación y a alejar a los jesuitas del integrismo. Con gran resultado. El P. Rubio es muy posterior a aquello cuando ya las polémicas integristas habían casi desaparecido pero, y en eso me voy a permitir discrepar algo de Revuelta o de su tesis oficial, que estoy seguro de que no de su pensamiento, el santo P. Rubio era un integrista cuando ya esa polémica había acabado. Un integrista en las amistades de las que da cuenta Revuelta y sobre todo en su ministerio. En el que no veo el menor atisbo, no voy a decir progresista sino mínimamente liberal. No deja de ser curioso por otra parte que los dos santos más populares de la Compañía en el siglo XX, el P. Rubio y el Hermano Gárate estuvieran en las periferias jesuíticas. Uno era un simple hermano coadjutor y el otro un coadjutor espiritual que nunca llegó a padre profeso que eran los patanegra de la Compañía.

Los dos penúltimos capítulos son tres amplias recensiones de tres obras importantes de nuestra historiografía eclesial contemporánea (pgs. 227-256). Dos de Cárcel Ortí y una de Cuenca Toribio. Elogiosas, los textos se lo merecen, y con un leve apunte crítico al pesimismo de Cuenca al juzgar la cultura católica del siglo XIX. Personalmente creo que son tres obras muy importantes aunque uno se incline por la labor de Cuenca, amplísima en los dos, pero Cárcel me parece más un ratón de biblioteca, que aporta interesantísimos textos, mientras que Cuenca valora más que el documento lo que hay tras él.

Casi concluye el libro con un análisis de las órdenes religiosas en el siglo XX (pgs. 257-273) tema que Revuelta domina si cabe más que los estrictamente políticos en los que también es autoridad relevante. Él de eso sabe todo. Por ello no me resisto a señalar un dato que no deja de tener importancia. Dice Revuelta (pg. 263), que los jesuitas españoles antes de la disolución de 1932 eran 3.000. Exactamente 2.987. Y seguramente en los primeros años franquistas más de tres mil. Pues hoy quedan menos de mil y en su mayoría ancianos. Alguien debería explicarnos lo ocurrido. Revuelta apunta causas (pgs, 270-271) pero no deja de señalar “frutos excelentes” (pg. 269) que personalmente creo no pasa de una concesión digamos que obligada y que ni él mismo se cree.

El libro concluye con una muy extensa lista de publicaciones de Revuelta (pgs.275-302) que acreditan el trabajo de este extraordinario historiador jesuita.

Recomiendo a los amantes de la historia sin la menor duda la lectura del libro aunque en algunas ocasiones haya que salvar ciertos excesos de comprensión muy propios del siglo XXI que para nada desmerecen un excelente trabajo.

 

 

Comentarios
1 comentarios en “Lecturas XCVII: Un gran historiador jesuita
  1. Me parece, mero parecer subjetivo, que el P. Revuelta en su oficio de historiador no deja de ser hombre de su tiempo. Como es natural, pero más que en otros tiempos.
    Nada extraño que sus por ahora publicaciones serias se queden donde han quedado porque no podría ser laudatorio y por el contrario tendría que poner negro sobre blanco las contradicciones e incluso la ruptura en el catolicismo doctrinal dado que no es un sectario por más que sus obediencias y su entorno estén impregnados de sectarismo religioso interconfesional respecto a la Religión Católica. Y para colmo en la vecindad de historiadores arrupitas de la Masonería y hasta condecorados por la misma.
    Es un buen hombre este P.Revuelta que no tiene otra salida voluntaria u obligada que dejarse estar y dejar ir porque la «revuelta» ecuménica interconfesional-interreligiosa ya no tiene marcha atrás. Solo cabe la fidelidad heroica católica o contemporizar y engrosar aunque de mala gana la interreligiosidad que impregna el arrupismo desacralizado y desolador.
    Tanto sufrimiento y sacrificio jesuítico para venir a parar a arrupismo ecuménico interreligioso solo puede ser apreciado y acogido por el Señor; en la actualidad profana habría sido pretensión inútil de obcecados católicos a macha martillo antiluteranos . Y eso no cabe en el lenguaje políticamente correcto del consenso que significa claudicación católica y en caso de los jesuitas dejar de ser Orden Sacerdotal Católica.

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