Michael D. O’Brien: El Padre Elías en Jerusalén: LibrosLibres, Madrid, 2015, 254 pgs. Confesaré de entrada que soy muy poco apocalíptico. Reconozco por supuesto el carácter canónico del texto de San Juan aunque nunca lo había entendido. y creo que nunca, pese a varios intentos, jamás había logrado concluir. Como con el Quijote. La interpretación de Castellani, a la que no doy ninguna canonicidad, me pareció gloriosa. Tras su lectura, que recomiendo, me pareció entender algo de un texto que he dejado de considerar como una añadidura incomprensible que cierra la palabra de Dios sino como algo profético, poético y esperanzador. Sin que ello suponga que dé por buena la exégesis de Castellani. Ni por mala. Me permitió adentrarme en un mundo de dificilísima interpretación. Al menos entendí no poco. Ya que lo que entendiera responda o no a la mente de Juan ya es otra cuestión que no puedo afirmar. Es posible que tampoco Castellani. Y concluyo el prólogo que, para lo que son los míos. me salió bastante breve. Pero que parece indicar que no me ha convertido en profeta apocalíptico, intérprete seguro de los signos de los tiempos ni nada parecido. Aunque algunas coincidencias pueda haber con los tiempos joánicos. Desde esa posición, escéptica pero no negadora de posibilidades, Él sólo sabe el día y la hora, me adentré en la lectura de esta continuación del P. Elías sin espíritu determinado en el inicio y tampoco al final de la lectura. Estamos ante una obra de ficción y eso es lo que es. Nada más. En el atardecer de la vida, cuando me examinarán del amor, me he encontrado con diversos textos apocalípticos ajenos a todos mis años anteriores. No voy a decir que cayeron sobre mi persona como lluvia mansa o torrencial. Simplemente cayeron. Y no me han condicionado en nada de lo en que ya estuviera embarcado. Me entretuvieron. Para bien. que es algo para agradecer a las lecturas. Ya os he dicho lo que me supuso el texto de Castellani. Una cierta comprensión que no doy como palabra de Dios pero sí agradecida. Tenía una deuda con mi viejo y añorado maestro, Eugenio Vegas, que no había tenido lugar de cumplimiento. Él hablaba con gran elogio de El amo del mundo, ahora El Señor del mundo, del converso Benson. Pero entre tantas lecturas que me facilitó, de su inmensa biblioteca de Gurtubay 5, lugar al que tanto debo, nunca llegó la del famoso converso inglés. Cuando me le encontré en una edición muy reciente cumplí la deuda que en la recomendación tenía. Excelente novela de la que, si la memoria no me falla, os he dado cuenta en el Blog. También de su continuación que me pareció de notable interés aunque inferior a la primera. Después cayó en mis manos la novela autobiográfica, puñetera para con los puñeteros y también apocalíptica de Castellani, genial y distinta de su Apocalipsis. Y antes, la de este autor canadiense cuyo Padre Elías me entusiasmó. Tal vez mucho Apocalipsis para quien no está obsesionado por los últimos días. Que llegarán cuando Dios quiera. Aunque esté convencido que llegarán. Tal vez mi provecta edad me haga inmune a inmediateces. Ahora me ha llegado, acabo de concluirla, la continuación del P. Elías, que fue un éxito editorial en muchos lugares del mundo. Pues, muy entretenida. Y hasta de posible aprovechamiento espiritual para algunos. Os recomiendo su lectura aunque no sea más que para entretenimiento pero tienen más que eso. La página, o dos, que dedica a la visionaria que se cree en comunicación directa con Dios y al margen de la Iglesia me parece de antología, actualísima y ojalá haga recapacitar a algunos de mesianismos personales que no llevan a ningún buen puerto. Os recomiendo de corazón su lectura, muy entretenida. y también me parece, como la de Juan Manuel de Prada, que os elogiaba hace unos días, sumamente recomendable para que en estas fechas os la regaléis o la regaléis. Y ésta también se puede regalar a una monja de clausura. Pienso, que tras esta última entrega, el filón del Padre Elías tal vez esté agotado. Pero el protagonista sigue vivo y el Anticristo también.
Ayuda a Infovaticana a seguir informando