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Lecturas LXXXV (XIX): Las Memorias del cardenal Sebastián

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Lecturas LXXXV (XVIII): Las Memorias del cardenal Sebastián Estamos llegando al fin de su pontificado navarro. Con gran alegría por mi parte. No por la conclusión de su mandato episcopal sino porque esto se está haciendo larguísimo. Ahora una actuación muy digna de loa: “Cuando la ley nos lo permitió tomé la precaución de inscribir en el registro de la propiedad los templos, casas y ermitas, que desde siempre venían utilizando las parroquias como bienes propios. Cada Parroquia es una persona jurídica y tiene todo el derecho a registrar como suyos los bienes de cuya propiedad disfruta desde tiempo inmemorial. Este registro no es un acto de apropiación de lo ajeno, como algunos han dichos, sino la confirmación de una propiedad testificada por el uso y en muchas ocasiones por documentos escritos. Hasta que en Tafalla, unos cuantos vecinos, abertzales, poco amigos de la Iglesia, impugnaron estas inscripciones como si fueran apropiaciones clandestinas e injustas de bienes civiles. Nos denunciaron en varias ocasiones. En mis tiempos perdieron todos los pleitos” (pgs. 399-400). No se puede resumir mejor ni en menos líneas una realidad contra la que lamentablemente se ha querido atentar también en algunos otros puntos de España. Contra todo derecho y contra toda justicia. Ya más discutible fue su cesión del monumento a los Caídos de Pamplona. “En la cripta del edificio están los sepulcros del General Mola y de Sanjurjo. Para mí aquel edificio era más político que religioso” (pg. 400). En la catedral de Toledo están sepultados varios reyes medievales, en la de Granada los Reyes Católicos, en la de Santiago alguno asturiano-leonés, en Santa Bárbara de Madrid, Fernando VI y O’Donnel, en El Escorial la monarquía española desde Carlos V, en el Valle de los Caídos, Franco y José Antonio Primo de Rivera, en Poblet varios reyes de Aragón… ¿Vamos a entregarlas por esas sepulturas? Y además entregó todo salvo la cripta donde están esas sepulturas. Las consecuencias de la para mí equivocada entrega las acabamos de ver en la exposición sacrílega que ha tenido lugar en lo entregado (pg, 400). Y otro fracaso de Sebastián. Nombrado presidente de la Fundación Pablo VI (2005), de la que era patrono desde hacía seis años, tomó una serie de decisiones, todas brillantísimas, según él, pero que todas terminaron muy mal. La sustitución del director, Ángel Berna, fue una de ellas. Pero, ¿quién sabe hoy, apenas diez años después, de la existencia de Berna? (pgs. 401-402). Luego una abierta crítica a Ángel Herrera, que a mí me trae sin cuidado. Pero expresada por él: “Sus obras tenían un defecto que les impedía prosperar, las organizaba siempre en función de su propia persona, reservándose poderes absolutos en todos los campos. De esta forma, mientras él las gobernaba las obras funcionaban a su gusto, pero cuando él faltó, primero por la enfermedad y definitivamente con su muerte, sus obras se enquistaron y se enredaron en dificultades internas por falta de una verdadera autoridad” (pg. 402). Pues algunas duraron, el Ya, o todavía duran, la ACdP. ¿Qué dura de las de Sebastián? N la Pablo VI, aunque con su gestión saneamos la economía, equilibramos los presupuestos y ajustamos el personala la nueva situación” y “todo se hizo ejemparmente”, “no ha tenido una vida próspera”. Y hoy, tras dejar la presidencia Sebastián en 2010, “tengo la impresión de que en estos últimos años lleva una vida un poco lánguida” (pg. 403). Si es que donde ponía la mano Sebastián que volviera a crecer la hierba era casi milagroso.   Los sanfermines no le gustaban (pgs. 403-406). No es de extrañas porque siempre fue elitista y la chusma no era lo suyo. Sus problemas de salud, normales en una Memorias, no tienen el menor interés. No era mejor ni peor con vesícula o sin ella. El superlativo elogio a Osés, “un obispo ejemplar” (pg. 408) me parece exagerado. “No tuvo buena fama en los ambientes políticos ni en las altas esferas eclesiásticas” (pg. 408). Tuvo muy buena relación con el Rey Juan Carlos (pgs. 408-409) y con su hijo fueron mucho menos entusiastas (pg. 409). Como si al Rey Felipe le trajeran bastante sin cuidado el arzobispo de Pamplona y la Iglesia (pg. 409). Y seguramente era así. Le llegaron los 75 años, presentó su renuncia y casi tres años después le fue aceptada (pg. 409). Con una anécdota curiosa que viene a demostrar una vez más lo que entonces todos sabíamos: la influencia del cardenal Rouco en los nombramientos episcopales. “Un año antes de cumplir los 75 años, le dije al cardenal Rouco: “Tenéis que ir pensando en mi sucesor, yo cumpliré los 75 años el año próximo”. Su respuesta fue curiosa: “No habrá problema. Podrá sucederte muy bien el Obispo de Osma Soria”. Y fue así exactamente” (pgs. 409-410). ¿Es malintencionada la revelación de la anécdota? Que cada cual piense lo que quiera. El que había sido su segundo en la Ponti era ahora la gran figura de la Iglesia española mientras que él, que llegó a pensar que la Iglesia era suya, se iba por edad. Y en quien pensaban para sustituirle era en el oscuro obispo de Osma-Soria. Duro le tuvo que ser. Menciona a continuación su impresión de los Papas que conoció. Con Pablo VI apenas tuvo un encuentro y unas palabras amables del Pontífice al entonces rector de la Pontifica que creo que traduce mal (pg. 410). De Juan Pablo II una mención elogiosa pero con carga de profundidad dentro de la misma: “Tuve que encajar el cambio de rumbo que él imprimió a la Iglesia en España” (pg. 411). Cambio que le supuso dejar de esta en el candelero para pasar a una mediocritas que no cabe calificar de aurea, A Benedicto XVI le dedica unas palabras amables, como de colega a colega teológico. Mucha presunción me parece por su parte pues su aporte a la Teología dista mucho de ser importante. A nadie se le ocurrirá citar a Sebastián entre los grandes teólogos del siglo XX. Por último el que queda mejor es Francisco, Papa al que apenas conoció pues acaba de llegar a los tres últimos años de su vida y cuando Sebastián era un arzobispo emérito y bastante olvidado. Se siente “especialmente vinculado a él y a su ministerio desde que me creó cardenal” (pg. 412). Se entiende el agradecimiento. Quiero cerrar estas páginas sobre su pontificado en Navarra con un gesto de Sebastián verdaderamente glorioso. Tras unas pancartas blasfemas convocó “una procesión de desagravio con el Cristo más representativo de la Semana Santa y recorrí descalzo la distancia que hay desde el Arzobispado a la Catedral” (pg. 406). Ese día el arzobispo de Pamplona fue verdaderamente grande. En días de tantas profanaciones y sacrilegios no hemos vuelto a ver en ningún obispo otro gesto igual. Liquidamos con esta entrega los años de ejercicio episcopal de Sebastián. Que creemos que no fueron brillantes. Quedarán ya sólo los de emérito. En León fueron muy breves, no llegó a los cuatro años, y el obispo tenía otras preocupaciones que le ocupaban y le gustaban mucho más que la diócesis. En Granada no existió porque su arzobispo ni necesitaba ni quería un coadjutor. En Málaga no llegó a los dos años y ahí sí que se pudo entregar más al ministerio episcopal pero de un modo interino por definición pues no era obispo de Málaga sino administrador apostólico de la diócesis. Fue pues sólo en Pamplona donde ejerció de obispo claramente. Con un balance muy discretito aunque se encontró con una diócesis muy complicada por el nacionalismo y el progresismo que había consentido e incluso animado su antecesor Cirarda. Aunque el problema había comenzado a existir bastante antes. Todo comenzó en los últimos años de Delgado Gómez, con la colaboración del nuncio Dadaglio que contribuyó notablemente a amargar los finales de su pontificado, siguió con Tabera (1968-1971), se acentuó con Méndez Asensio (1971-1978) por su falta de carácter y llegó a su cenit con Cirarda (1978-1993). Y con la pésima colaboración de Larrauri los años que fue obispo auxiliar (1970-1979). Lo mejor que hizo Sebastián fue desenganchar a la Iglesia navarra del abertzalismo, mucho, y del progresismo, menos. Pero con una política nada heroica. Dejarles hacer, sin contar con los más radicales, con muy contadas intervenciones restrictivas respecto a estos, hasta que se fueran muriendo o retirando. No les apoyaba, vivían bastante al margen de la pastoral diocesana y eso dio algún resultado respecto al clero. Que a su marcha estaba algo mejor que cuando llegó. Pero su gran fracaso, otro más, ha sido que la religiosidad de aquella región, antes catolicísima, siguió hundiéndose hasta extremos verdaderamente increíbles. Mejor que Tabera, Méndez Asensio y sobre todo Cirarda lo fue. Pero nada entusiasmante.

Comentarios
0 comentarios en “Lecturas LXXXV (XIX): Las Memorias del cardenal Sebastián
  1. Me llama la atención el comentario que utiliza varias veces la voz «carca». ¿Que es eso de carca en la iglesia y sus dignatarios?. Juanestella.

  2. «La sustitución del director, Ángel Berna, fue una de ellas. Pero, ¿quién sabe hoy, apenas diez años después, de la existencia de Berna?»

    Pues esta físicamente muy deteriorado. Sigue siendo canonigo emerito de Zaragoza. Una gran figura que la Iglesia desaprovecho.

  3. Querido Paco Pepe, he venido leyendo con verdadero interés el análisis que has hecho de la autobiografía de Monseñor Sebastian. Que te agradezco enormemente porque no puedo adquirir el libro al estar fuera de España y me he podido dar un pequeño baño gracias a tus posts. Obviamente compraré el libro en cuanto tenga oportunidad.

    Estoy muy en desacuerdo con las apreciaciones que haces respecto a la etapa en la que conocí y trabajé con D. Fernando en Pamplona, también con las que haces a nivel personal en lo relativo a su carácter. Conocí personalmente y estrechamente a Sebastian durante varios años, y te puedo decir que tras la fachada de duro bilbilitano hay un corazón apostólico, valiente y en plena comunión con la Iglesia. Una gran cabeza (humildemente lo digo, porque quien soy yo para juzgar eso) y un constante hacer carne y alma su lema «veritas in caritate». Pude estar cerca de él en los primeros años de Zapatero, en los que le tocó ser enlace, y recientemente he podido conversar con De la Vega (la contraparte), viendo las dos versiones de lo que ahí pasó, mi admiración por su figura en el momento histórico crece. La Providencia tiene sus caminos y se usa de la historia de los que buscan el bien.

    No sólo tuve la oportunidad de trabajar con él, sino que también pude conocer y moverme entre familias y sacerdotes de la archidiócesis… ¿pata negra se puede decir? no sé pero creo que se entiende. Puedo decirte que mi opinión de la persona y del obispo es compartida por la enorme mayoría de ellos, por no decir todos porque obviamente tú tienes tus fuentes también pata negra que no coinciden con las mias.

    Don Fernando es un obispo comprometido con la evangelización y el pastoreo de su grey, preocupado por su salud espiritual, física y moral…en muchas de las iniciativas que llevó a cabo (medios de comunicación social, encuentros de juventud…), a veces en absoluta soledad o en un entorno completamente hostil, te puedes imaginar determinados pueblos del Baztán, por poner un ejemplo. Conozco también muy de cerca a varios seminaristas, hoy sacerdotes ordenados por él, créeme de lo que encontró y lo que dejó es un universo distinto.

    Otra discrepancia, la misa de pascua en la catedral de 2005 fue una misa «Kika» celebrada por Sebastián, con toda su liturgia, me extrañó tanto compromiso con ellos, ya que sabrás que es una liturgia peculiar. Lo mismo con el resto de movimientos presentes en la archidiócesis. No percibí en su momento ninguna asincronía entre ninguno de ellos.

    Nada más (o mucho más pero este no es mi blog), mil gracias de verdad por el esfuerzo sintético y analítico y espero no haberme metido donde no me llaman.

  4. Conozco a Mr. Sebastián a través del blog y poco más. A través de esto he sacado la impresión de que en su labor fundamental como obispo de Pamplona su labor fue buena, aunque objetivamente con algunas sombras. A mi juicio ello tiene más mérito teniendo en cuenta que su actuación anterior presenta un saldo verdaderamente penoso.
    Lo que me da cierta pena es que, a la edad que ha llegado, da la sensación de continuar dominado por la soberbia, lo que me parece realmente peligroso.
    ¡ Que Dios nuestro Señor tenga Misericordia de todos nosotros!

  5. Hay que rendir un homenaje a este gran hombre, destructor desde dentro de la iglesias carca, hecho además con finura y fingimiento.
    Ahora es mucho más fácil defender las posiciones de Sebastián, porque tenemos un papa progresista y en España gente que pasa de todo y sólo mira el modo de llenarse los bolsillos, pero a Sebastián le toco bregar en tiempos muy duros, con papados hipercarcas.
    El otro día, comentando estas entradas del blog en mi círculo de espiritualdad de Podemos llegábamos a la conclusión de que Sebastián, a su modo intelectual y finolis, ha sido un gran precursor de nuestra tarea, que él ha tenido que llevar a cabo en circunstancias muy difíciles. Pero a esta gente es a la que hay que estar agradecidos de verdad, porque fueron los que desactivaron la iglesia carca, arrasaron con las vocaciones y acabaron con muchas supersticiones de los católicos.
    Por todo ello, ¡gracias, Sebastián!

  6. No habla de la administración apostólica de Calahorra y La Calzada-Logroño en 2004-2005, cuando enfermo y sin capacidad de gobierno, Ramón Búa presentó su renuncia. No dice nada de que varios sacerdotes riojanos fueron a hablar con él, como metropolitano, porque la camarilla curial de Logroño tenía incomunicado al obispo Búa y nadie que no fueran ellos lo podía visitar. En ese asunto hay mucha tela que cortar….

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