LECTURAS CXXXVIII: Historias compostelanas

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Blanco Rey, Manuel: La fragmentación del Cabildo Compostelano en dos bloques: Camarilla contra camarilla. Tórculo Comunicación Gráfica, s. l., 2028, 191, pgs.

El autor, un sacerdote de la diócesis de Santiago ha escrito un libro en deslavazado estilo y hasta concepción que, sin embargo resulta interesante.

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Se refiere a los últimos años del que fue gran arzobispo compostelano, el cardenal Martín de Herrera, y a los que inmediatamente le sucedieron. Aquella gran figura de la Iglesia hispana llegó a los últimos tiempos de su pontificado prácticamente incapacitado para regir la archidiócesis y el gobierno de la misma recayó en las personas que le rodeaban y se habían hecho con su voluntad. Y que además procuraron continuar su influencia en los pontificados que sucedieron al cardenal. Que por otra parte tuvieron en su contra la brevedad de los mismos y la enfermedad de algunos de ellos.

Desde 1915, en que se inició la precipitada decadencia de Martín de Herrera (1889-1922) hasta la llegada de Quiroga Palacios (1949-1971) el gobierno de la sede apostólica fue precario. Lago González (1924-1925), que tantas esperanzas había suscitado, falleció enseguida. Julián de Diego (1925.1937), lo mismo. Martínez Núñez (1927-1933) estuvo enfermo todo su pontificado. Muniz Pablos (1935-1948) también padeció una larga enfermedad. Y Ballester (1948-1949) ni llegó a tomar posesión.

De los últimos años del cardenal Martín de Herrera y del grupo que se benefició de la pérdida de facultades del cardenal, que muy bien puede llamarse camarilla y que perduró en sus arbitrariedades hasta los años de Fray Zacarías trata fundamentalmente este libro aunque se prolongue en un último capítulo con un extraño suceso protagonizado por quien sería el rector por antonomasia, y eterno, del seminario compostelano, Capón Fernández, de dignísima memoria.

Así como creemos que hubo una clara “camarilla” nos parece mucho más dudosa la existencia de la “contracamarilla” que más que grupo consolidado eran los perjudicados por los primeros.

Blanco transcribe numerosos documentos que valorizan el libro y deja constancia de conductas de capitulares muy poco presentables algunas de ellas. Cosa a la que no ha sido ajeno el cabildo santiagués en alguna otra ocasión más reciente. Aunque también debe tenerse en cuenta de que cuando hay graves enfrentamientos no se puede creer sin más lo que los unos dicen de los otros y estos de aquellos. Puede responder a la realidad o exagerarla y hasta inventarla.

El libro es ciertamente interesante pese a su estilo pedestre o por lo menos muy poco cuidado y recomiendo que debe ser leído con cautela a reserva de más confirmaciones acerca de algunas conductas sacerdotales. Aunque esos testimonios puedan estar documentados.

Comentarios
4 comentarios en “LECTURAS CXXXVIII: Historias compostelanas
  1. Preguntan por dónde se puede adquirir el libro. Supongo que pueda comunicarse con la empresa que lo ha editado. Como aparece en el inicio del artículo, es Tórculo Comunicación Gráfica, s. l.. Y buscando en Google, aparece: Dirección: Praza de Mazarelos, 14, 15703 Santiago de Compostela, A Coruña. Incluso un teléfono: 981 58 54 55. Y su web: http://www.torculo.com/

  2. Con sorpresa, y agradecimiento para mí, me han informado de un comentario suyo sobre mi libro: La fragmentación del cabildo compostelano en dos bloques: Camarilla y Contracamarilla, que, aunque está hecho a su estilo y antojo, es de agradecer, y se lo agradezco. No obstante, permítame hacer las siguientes matizaciones:
    1.- No leyó usted la obra según la mente del autor, sino bajo su particular interpretación.
    2.- Admite la existencia de la Camarilla. Pero duda de la «Contracamarilla que más que grupo consolidado eran los perjudicados por los primeros». La Contracamarilla es un hecho que, aunque usted lo dude, es cierta y su fin no era otro que defender a las víctimas de la camarilla que usted, lamentablemente, silencia. El Señor Capón Fernández, verdadero hombre de Dios, no se movía por razones de prestigio personal, de venganza o rencor, o de recopilar méritos para su posible ascenso en la carrera eclesiástica. No se prolonga mi libro con la figura de mi recordado señor rector, sino que forma parte integrante de la Contracamarilla desde su entrada en el cabildo catedralicio, siendo íntimo amigo de una de las víctimas del bando contrario, Alonso Polo.
    3.- Me dice usted: «que también debe tenerse en cuenta de que cuando hay graves enfrentamientos no se puede creer sin más lo que los unos dicen de los otros y estos de aquellos. Puede responder a la realidad o exagerarla o hasta inventarla». Esta frase, entrecomillada, me indica que no se leyó usted íntegramente el libro. Yo no inventé nada; escribo historia. Presento documentos de primera mano, hasta ahora inéditos; la historia se basa en el documento que, el lector, puede comprobar; la interpretación de la misma es muy subjetiva, como se manifiesta entre el autor del libro y «su comentarista».
    4.- En cuanto a la recomendación a sus lectores de que mi libro debe ser leído «con cautela», tengo la certeza de que no tendrá éxito por razones o motivos que me reservo, y no estoy dispuesto a aclarárselos. Aquí yerra muy gravemente. Los tiempos inquisitoriales han pasado. Para publicarlo no necesito de licencia de nadie y, menos de alguien, que motu proprio, cita mi persona y obra sin que yo se lo solicitase. Pero no está mal que lo hiciese. Repito! Gracias ¡
    5.- En cuanto a que yo «he escrito un libro en deslavazado estilo y hasta concepción» estoy dispuesto a reconocerle lo de deslavazado, pero hace falta mucho atrevimiento para llegar hasta la concepción, en la que usted no tuvo ni arte, ni parte; de todos modos, prefiero utilizar un estilo deslavazado y pedestre, antes que uno acerado, corrosivo y demoledor. No le exijo, ni pido que me responda; pero como señal de cortesía le he escrito desde la libertad que me da el hecho de no haberle pedido nada. Reciba un cordial saludo.

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