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LECTURAS CXXIX: ETA y la Iglesia

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Pedro Ontoso: Con la Biblia y la Parabellum. Ediciones Península, Barcelona, 2019, 2ª ed., 474 pp.

Es un libro importante que pone de relieve una gravísima situación política y terrorista que padeció España largos años, originada en las Vascongadas pero con manifestaciones muy graves también fuera de allí, y que dejó muchísimas víctimas, asesinados, heridos y familiares de ellos, sumidas en el dolor por tan injustas agresiones. Y, ante esa situación verdaderamente espantosa, una Iglesia, la vasca y la española, que dio, sobre todo la primera pero también la segunda, un penoso espectáculo de cobardía y silencio en el mejor de los casos. Porque también los hubo de colaboración, complicidad y simpatía con los asesinos en parte importante de la Iglesia vasca.

Todo ello queda bastante bien reflejado en este extenso libro escrito desde apreciable imparcialidad. No defiende posiciones hoy ya superadas en las mismas Vascongadas aunque uno no comparta todas sus posiciones.

ETA, la banda asesina, tuvo simpatías en parte de la Iglesia vasca y en su sociedad. Cosa que define a la una y a la otra en la parte alícuota correspondiente. Y muy mal.

En aquella Iglesia hubo un referente, muy importante por su dignidad y repugnante en mi opinión, que fue el obispo de San Sebastián, Setién. Queda bastante bien reflejado, pienso, aunque por defecto, en el texto. Fue todavía mucho peor de lo que de allí resulta. Que no es poco. Y además tuvo secuestrada a la Conferencia Episcopal Española que dio muestra de un corporativismo vergonzoso. Dar por bueno a Setién es impresentable en aquella CEE.

Luego viene Uriarte, auxiliar de Bilbao, obispo de Zamora y sucesor de Setién, en San Sebastián. Es el personaje por antonomasia del libro. Según Ontoso estuvo en todo y creo que es verdad. Como auxiliar, titular y emérito. Y hasta como obispo de Zamora. Tengo de él pésima opinión aunque reconozco que puede dar el pego frente a alguien tan repugnante como su antecesor en San Sebastián. Uriarte disimula. Y engaña.

Aquella situación horrible, en la que los muertos se multiplicaban ante el silencio de la Iglesia que parecía simpatizar más con los verdugos que con las víctimas, empezó a hacer agua en el mismo País Vasco y en la Iglesia del resto de España en la que la sombra maléfica de Setién comenzó a difuminarse. Ontoso se lo atribuye a Rouco, creo que con total razón, pero pienso que Estepa, arzobispo castrense, también estuvo significativamente detrás. Y Setién, aquel palo seco ajeno a todo afecto a las víctimas, su corazón estaba con los asesinos aunque lamentara el asesinato, desapareció. Del infinito al cero. La misma Roma se dio cuenta de la contraproducencia de la víbora y la despachó anticipadamente pasándole a emérito antes de la edad, mintiendo una enfermedad inexistente. Que la mentira no debe ser pecado cuando conviene a los altos intereses de la Iglesia.

Años después vino la liquidación vaticana de aquella línea seguida en el País Vasco y que tuvo que saber a rejalgar a los eméritos. El ya pasado Setién y el inaugurado Uriarte. Cuyo nacionalismo aberzale no había resuelto nada y arruinó religiosamente a la región más católica de España. Hoy, junto con Cataluña, y por parecidos motivos, las más secularizadas de España.

Iceta, Munilla, luego Elizalde en Vitoria. Aillet en Bayona feron una bofetada vaticana a Setién y Uriarte. Y a ETA de paso. Que ya languidecía ante el acoso policial y judicial de España y Francia.

Las negociaciones para el fin de la violencia son seguramente demasiado premiosas y extensas en el libro. Importantes sin duda pero excesivas en mi opinión. Con muchas intrusiones sobrantes. La de los egidianos, con Zuppi a la cabeza, incluso ya como arzobispo de Bolonia, verdaderamente intrusas.

Interesante el testimonio de los arrepentidos, con Txelis a la cabeza. Y la de los curas que siempre estuvieron contra la violencia. Bien pocos. Echo de menos a algún perseguido por Setién. Que los hubo. A todas sus miserias, tantas, hay que añadir la de vengativo.

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Tres nombres que se deben mencionar: Pagola, Unzueta y Segura. El primero murió con Setién y bien muerto está. Posteriores éxitos literarios y censuras de sus tesis son ajenos a este propósito. Unzueta, figura importante en la diócesis desde Uriarte hasta Iceta, ya agotó su ciclo que sin duda fue importante y el libro lo refleja. No es santo de mi devoción. Y queda Joseba Segura personaje relevante en el libro, de la confianza de Uriarte y al parecer en su línea, hoy obispo auxiliar de Iceta en Bilbao.

¿Preocupante? Sí. Cierto que todo el mundo puede cambiar y también a mejor. Y si sucediera a Iceta en Bilbao, que no es descartable por promoción del actual obispo a más altos destinos, el entorno ya no tiene a ETA que condicionó muy notablemente a la Iglesia vasca. Pues esperemos a lo que ocurra y a lo que haga Segura si llega.

Silencio, lamentable, de nombres de Iglesia que sostuvieron vergonzosamente a ETA. Es necesario conocerlos para la historia. Ontoso calla, él sabrá por qué, la identificación de no pocas de esas personas.

Estamos ante un libro importante para el conocimiento de una etapa trágica e importante de nuestra patria y de nuestra Iglesia que es bueno conocer. El libro vale la pena pese a las lagunas que señalo.

 

 

15 comentarios en “LECTURAS CXXIX: ETA y la Iglesia
  1. Aun recuerdo al infame Pagola diciendo por televisión que ETA no era una banda de delincuentes porque no tenía ánimo de lucro…

    Este horrible individuo se atrevió luego a escribir una especie de Vida de Jesús, libro que fue condenado por arriano, y que sin embargo es admirado por muchos clérigos progres o ineptos. Uno de los sacerdotes de Schonstatt en Madrid cita constantemente este libro de Pagola en sus sermones que publica en Internet. Patético

    1. En lo de que los miembros de ETA no actuaban movidos por el lucro tenía razón. Les movía el odio a los que se oponían a su ideología, mezcla de marxismo revolucionario y ultranacionalismo esencialista. A mí los libros de Pagola ni fu ni fa, eso es lo malo, que lo que te deja indiferente no te arrastra. Munilla por ejemplo sí que arrastra.

  2. Las diocesis que rodean a Euskadi, sobre todo las de Castilla y Leon, quedaron arrasadas demograficamente con el exodo rural de los años 60 y 70, dejandolas semidespobladas. Euskadi, al contrario, se industrializo rapidamente y gano tanta poblacion que casi la duplica a partir de 1960. En cuanto a lo de Setien y demas miserables solo le digo una cosa: espero que esas hienas asesinas se esten pudriendo en el infierno junto a su padre Satanas. Ni siquiera el infiero es suficiente castigo para todo el mal que hicieron.

    1. Las provincias de la Comunidad Autónoma Vasca tienen menos población que las de Castilla y León y un número de vocaciones similar. Setién condenó cada atentado de ETA, aunque se equivocara en el modelo de Iglesia que propugnaba. La mayoría de las diócesis castellanas del Norte han tenido obispos que propugnaban un modelo de Iglesia similar, de ahí la crisis que las azota. Los datos son los que son, por encima de los prejuicios de cada uno.

  3. Uriarte en Zamora dejó un gran recuerdo. Nadie habla mal de él por allí. Con uriarte aumentaron las vocaciones al sacerdocio más que en ninguna diócesis del entorno. Yo conocí a su secretario que era(porque ya falleció) una excelente persona y un gran sacerdote de vocaciones tardías y hablaba de Uriarte con enorme admiración, casi veneración.
    Yo no sé qué hizo en San Sebastián pero en Zamora lo hizo muy bien y dejó profunda huella.

  4. A esa memez me refería en otra parte: que príncipes de la Iglesia abracen las causas criminales de vascos y hoy catalanes, es un fenómeno que prácticamente no necesita estudio: es producto de la memez propia de quienes viven en Babia (ínsula Barataria) y/o se encaman con el poder local bajo la mixtificación de la raza, la trampa de la lengua y demás variables que utilizan como espantajos para medrar, léase, robar, manipular y aparentar tener la influencia de otros tiempos. Todos esos son gentuza que ha malbaratado su vida y su futuro por un plato de lentejas. Que Satanás, a quien han servido y sirven, los acoja en su seno.

  5. No solo de «colaboración, complicidad y simpatía con los asesinos», como dice, sino también de pertenencia a la banda terrorista. El capuchino Fernando Aurburua perteneció a uno de los comandos de ETA y fue condenado por asesinato a principios de la década de los 80. La provincia capuchina de Navarra, Cantabria y Aragón, cuyo provincial era entonces Rufino María Grández, no lo expulsó de la orden. Tampoco los provinciales que le sucedieron: Eleuterio Ruiz y Miguel María Andueza. El terrorista cumplió su condena, finalmente abandonó la orden (por iniciativa propia) y nunca se arrepintió del asesinato cometido. Por cierto, cuando algún fraile ‘ratito’ o algún postulante en formación preguntaba por el caso se daba la callada por respuesta o directamente se mentía diciendo que había sido condenado «por colaboración con banda armada». No es cierto, la sentencia fue bien clara y consideró probado que Aurburua remató en el suelo a su víctima.

  6. Y no olvidar el escándalo de los benedictinos de Lazkao, condenados por colaboración con banda armada y cuyo Prior es el acompañante del Visitador de la provincia hispánica en las visitas canónicas, el masón luciferino de Montserrat. Menuda y maldita raza de hienas!

  7. Las regiones vascas, sobre todo Guipuzcoa, y Navarra, sustituyeron en los años 60 la fe catolica y la tradicion carlista por el separacismo racista y supremacista. Y la unica logica detras de ello esta en el cambio radical efectuado por la Iglesia que, mas que en ninguna otra parte de España, era dominante en la vida social de Euskadi. Guipuzcoa figuraba en el primer lugar en la relacion sacerdotes fieles en los años 60 (1.200 sacerdotes para una poblacion de menos de medio millon) Y el resultado es evidente. Hoy en dia Euskadi es la region donde menos se declaran catolicos (58% en 2018), menos de 30 seminaristas para una region prospera de mas de 2 millones de habitantes con una tradicion religiosa incomparable. La ETA hecha partido, ahora llamado Bildu, domina abiertamente las regiones euskera parlantes que antes tenian la fe catolica como principal simbolo de identidad, y no el idioma. Pero claro, si en los años 60 sustituyen todo eso por unos pastores satanistas como Setien, Añoveros y Uriarte, de lo mejorcito de Vaticano II, pues esto es lo que sale. Literalmente: los prelados vascos y la mayoria de sus sacerdotes por decadas han apoyado el que una banda terrorista asesine a sangre fria a centenares de inocentes, mujeres y niños. Euskadi y Navarra, las regiones que en lo que a fe se refiere mas aportaron a España, ya hace mucho que renegaron de su identidad sustituyendola por una ideologia sin Dios, contra el propio hombre y contra su propia historia. Si algun vasco lee esto, que sepan que los llevo en mi corazon.

    1. «Me gusta Mecano», no simplifiques las cosas. Las diócesis de las provincias castellanas limítrofes con el País Vasco están igual de arrasadas de vocaciones y allí no estuvieron algunos de los obispos que nombras. Es más, cuando Uriarte estuvo en Zamora, creció el número de seminaristas. Decir que los prelados vascos y la mayoría de los sacerdotes han apoyado a ETA es sencillamente falso, un mantra repetido machaconamente por ciertos opinadores de medios de comunicación que no se sustenta en datos reales. El número de religiosos condenados por pertenencia a ETA es ínfimo, lo que no quita para que sea un escándalo que haya que condenar, igual que la pederastia.

      En cuanto a Setién, el que tuviese un carácter frío y distante no le convierte en partidario de ETA. Un partidario de de ETA nunca se hubiera expresado así:

      https://elpais.com/diario/1995/01/25/espana/790988410_850215.html
      Setién, que calificó de «lógica absurda e irracional» la de los asesinos de Gregorio Ordóñez, hizo «una grave llamada a ETA a fin de que preste a este pueblo, por cuya libertad dice luchar, el mayor y mejor servicio que le puede hacer, que es el de dejar las armas y abrir así las vías adecuadas para lograr la paz por el camino del mutuo entendimiento».

      «Es la ciudad entera de San Sebastián, y yo mismo quienes sacudidos por un sentimiento generalizado de desconcierto y, en cierta medida, de frustración, condenamos este asesinato».
      «Estos asesinatos parecen querer llevarnos al abismo de la muerte y de la oscuridad del sinsentido, por la violación de los derechos más elementales de la persona humana, por su inicua instrumentalización en aras de unos dogmatismos inconfesados y por el bloqueo de nuestras mejores aspiraciones para la construcción de nuestro pueblo».

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