LECTURAS CXLIII: Para días de fe líquida

|

Ver las imágenes de origen

Charles P. Connor: Defensores de la fe. Homo Legens, Madrid, 2019, 261 pgs.

Un pequeño gran libro. Recomendabilísimo para tiempos como los presentes de fe flaca y descaecida. Su autor es un sacerdote norteamericano que ha logrado presentarnos un pequeño gran libro que sin duda beneficiará doblemente al lector tanto religiosa como culturalmente.

<

No es un libro para especialistas, a los que no dirá nada que no sepan pero que nos parece muy indicado para lectores de cultura media que tendrán un encuentro somero pero ilustrativo con importantes figuras de la Iglesia, santos en su mayoría, que bien merecen como título el del libro: defensores de la fe. Fe que sin duda quedará fortalecida en el lector al conocerla en la vida de tantos católicos ejemplares.

Los primeros mártires cristianos abren una lista de testigos de la fe que llega hasta el siglo XX.

San Atanasio, San Agustín, San Buenaventura, San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, San Ignacio de Loyola, San Carlos Borromeo, Santo Tomás Moro, San Juan Fisher, San Edmundo Campion, San Philip Howard, los mártires ingleses del siglo XVI, Hilaire Belloc, el cardenal Mindszenty…

Encuentros gratificantes que te confirman en la fe y acrecientan en el amor para el lector católico y que aumentarán la cultura del que no lo sea. Aunque es a los primeros a quienes no dudo en recomendar el libro. Que además se lee con gran facilidad. Anímense y me lo agradecerán.

 

Comentarios
3 comentarios en “LECTURAS CXLIII: Para días de fe líquida
  1. Leandro: Para traer los datos del Annuario necesito antes tener el Annuario y de momento estoy encerrado en casa y sin posibilidad de conseguirlo.

  2. Santo Tomás Moro, San Juan Fisher, San Edmundo Campion, San Philip Howard, los mártires ingleses del siglo XVI, Hilaire Belloc… Todos ellos gloria de Inglaterra, la isla de los santos. Mejor dicho, gloria del catolicismo pues un santo no es solo gloria de su respectiva patria. TAn mío es un Sto. Domingo de Guzmán como un S. Pío de Pietrelcina. Y para un católico español, tan suyo es un S. Edmundo Campión como un S. Juan María Vianney.

    Hillaire Belloc… su figura me evoca muchas cosas. Amigo de mi abuelo, afirmó en cierta ocasión con la consiguiente erupción cutánea en los rojos, que «Franco nos ha salvado a todos». El Caudillo- que como pasa con los santos, no es patrimonio exclusivo de los españoles sino de todos los anticomunistas europeos- salvó Europa de la marea roja que amenazaba con anegarla por los años 30. Si el marxismo llega a triunfar en España, pronto habría caído Portugal, y con una Francia dominada por el FRente Popular de León Blum (judío y masón), pronto también estaría bajo la órbita soviética. Imaginen Vds. el panorama: por el este la Unión Sovíetica, por el oeste: España, Francia y Portugal. En ese caso, Alemania tenía perdida la guerra, y un sudario rojo habría cubierto Europa.

    Pero dejemos las elucubraciones. A lo que quiero ir es a lo siguiente: según los analistas, puede haber una crisis económica muy grave. Una situación parecida a la de 1939, cuando fue derrotado el marxismo. Por aquella época había grandes estadistas, como el Caudillo. En el caso español, cogió una nación arruinada y gracias a su valía, contando con grandes colaboradores, la transformó en una gran potencia económica. Pero hoy día, ¡en qué manos está mi querida España! Como me dijo -¡y antes de la crisis actual del virus chino!: «Con los PIcapiedra -se refería al presidente y al rojo Iglesias; bueno,rojo de salón, y ricachón de ambición, como todos los tiranos rojos-, le entran ganas a uno de coger una patera e irse a Marruecos». Tal cual.

    Que proteja a España Dios, el Dios verdadero, Uno y Trino -no la Pachamana, ni la Gaia, ni el Gran Arquitecto del universo ni la madre que los parió- ese Dios tan amado por la España eterna -la nación que había amado demasiado, en palabras de Nietzsche-, la España del 589 y de 1939, la de Covadonga y las Navas, la de Lepanto y la de Mülhberg, la de Bailén y la del Alcázar, la de los TErcios y la del Requeté, la que civilizó América y la que enseñó en Trento, la de Sto. Domingo de Guzmán y la de S. Ignacio, la de Felipe II y la del Caudillo, etc.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *